Paola Espinosa… la decana quiere la gloria en solitario

Paola Espinosa y Alejandra Orozco en Río. Foto: AP / Wong Maye-E Paola Espinosa y Alejandra Orozco en Río. Foto: AP / Wong Maye-E

Paola Espinosa es la clavadista mexicana más reconocida y exitosa. Con más de media vida en esa disciplina, aún anhela una medalla olímpica individual. Este miércoles, en Río, tendrá la oportunidad. Es difícil y lo sabe: tiene 30 años, pasó por una lesión que la obligó a “empezar de cero” y la angustia la acecha. En contraparte, se percibe “plena”, en su recuperación incorporó incluso a un entrenador de taekwondo, una psicóloga se integró a su equipo y se siente como en sus primeros Olímpicos: “Con hambre, con ilusiones”.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Paola Espinosa tiene la mirada fija en un objetivo: ganar una medalla individual en Río 2016. No es que esté en deuda consigo misma, dice, pero es el único premio que le hace falta. Hace cuatro años, en Londres 2012, terminó en sexto lugar. “Creo que dios y el destino no quisieron que ganara”, declaró entonces, al calor de la decepción.

A sus cuartos Juegos Olímpicos, Espinosa llega con 30 años, pero se siente como si tuviera muchos menos. No piensa que es el fin de su carrera ni su última oportunidad. Se describe plena, motivada, mentalizada y físicamente casi al cien por ciento.

“Cada vez me veo y me siento mejor. ¿Por qué no hacer otro ciclo olímpico? No soy tan grande.”

–¿Qué pasará si ganas o si no ganas esa medalla? –se le pregunta.

–Si gano voy a ser muy feliz. Si no, también. ¿Qué más hago? He agotado todo lo que se puede dar por obtenerla. He estado en paz todo este tiempo sin ganarla. Puedo seguir viviendo así.

–Ahora México no tiene representación en la Federación Internacional de Natación (Fina), ¿esto juega en contra del equipo de clavados?

–Yo supondría que no afecta. No lo sé porque no me consta. Bueno, sí me consta. En la Copa del Mundo (febrero pasado en Río de Janeiro) sí pudimos ver un poquito la diferencia por el pleito que hay con la Fina (y el director de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, Conade, Alfredo Castillo). Los jueces sí estuvieron un poquito abajo (al calificarla en los saltos sincronizados desde la plataforma, con Alejandra Orozco).

“Espero que en Juegos Olímpicos respeten nuestro trabajo. Clavados es un deporte de apreciación y ellos (los jueces) pueden apreciar lo que quieran. Lo que nos toca hacer a nosotros son buenos clavados para que no tengan de otra más que ponernos un nueve o 10.”

Para este ciclo olímpico, Paola Espinosa se empeñó en su preparación física. Las lesiones y la recuperación de una cirugía en la rodilla derecha la dejaron tan disminuida que era incapaz de ejecutar los clavados más básicos. Empezó de cero.

Buscó a Pedro Gato, el entrenador de origen cubano que trabajó con la selección nacional de taekwondo durante los ciclos olímpicos de Beijing 2008 y Londres 2012, cuando María Espinoza (oro y bronce) y Guillermo Pérez (oro) subieron al podio.

Con Gato ha tenido una preparación física para ganar fuerza explosiva con ejercicios que estimulan músculos específicos y la ayudan a realizar mejor los clavados.

En lo técnico, con su entrenadora, la china Ma Jin, ahora se concentra exclusivamente en la plataforma. Sólo usa el trampolín de tres metros cuando una técnica de esa modalidad la ayuda a mejorar sus saltos desde los 10 metros. Ya no gasta la energía de su cuerpo en nada que no aporte a su preparación.

“Me costó mucho darme cuenta que toda la fuerza y la técnica que tuve se fueron. Antes podía hacer un simple atrás y sabía que sin importar cómo lo hiciera iba a caer de cabeza. Después, caía de espalda, de panza. Mi cuerpo no me daba para sacar un buen clavado. Pasar por eso me ayudó a sentirme como cuando fui a mis primeros juegos: con hambre, con ilusiones… y regresé. Empecé desde abajo hasta llegar a un buen nivel.”

–¿Pensaste en que hasta ahí habías llegado?

–No. Sé que tengo mucho talento para los clavados. No me rindo. Trabajo y trabajo y aunque vea sólo un poquito de mejoría me da mucho ánimo para seguir adelante.

–¿Se reduce a dios o al destino no ganar una medalla olímpica?

–Mira: entrené ocho horas diarias, no falté a un entrenamiento. No me faltó nada. Si me ponían 10 saltos hacía 15. No hay algo que haya dejado para que no la ganara. Me preguntaba: ¿por qué no pude ganarla si todo el año gané? Si me salió todo bien en cada competencia.

–¿Qué pasó entonces?

–Es que no me gusta poner pretextos, pero después del sincronizado (donde ganó plata con Alejandra Orozco) me dio una gripa muy fuerte que me tumbó cuatro días. No podía ni meterme a la alberca. No tenía fuerza. Me inyectaron antibiótico, un montón de medicina y no podía. Tenía fiebre y me sentía muy mal. Por no comer estaba más débil y todos mis clavados fueron pasados.

“Cuando tiré el segundo clavado, que fue el más pasado, como que no quise pensar que lo hice mal, pero me dolió mucho fallar porque es un clavado que ya no fallaba. Los otros no estuvieron tan mal, pero tampoco estuvieron bien. Nunca pensé: ‘Me siento mal’. Nunca pensé: ‘No puedo’. Dije: ‘Estoy aquí y lo voy a hacer’. Mi cuerpo no estaba fuerte. Esa es la realidad.”

–¿Por qué no lo dijiste en ese momento?

–Decir que me enfermé es poner un pretexto. Me enojé mucho. Sentí frustración, tristeza. Me esforcé tanto. No podía ni llorar. Ya después, cuando vi a mi mamá, lloré. Me considero una persona insensible. No sé si es una virtud, pero se me olvidan rápido las cosas. Y pensé: ya ni modo, entrenaré más.

El dolor en la rodilla derecha, Espinosa lo cargó durante un par de años hasta que, en enero de 2013, tras competir en Juegos Olímpicos, se sometió a cirugía. Acusaba bursitis rotulina, es decir, inflamación de la bursa, que es una estructura en forma de bolsa que está entre los huesos, tendones y músculos. Ella controlaba el dolor a base de terapia con hielo, pero frecuentemente la bursa se reventaba y se derramaba el líquido que contiene. Entonces se le formaba una bola que le estorbaba para entrenar.

“Llevamos el cuerpo al extremo, por eso somos atletas de alto rendimiento. Estamos acostumbrados. Me puedo tirar de 10 metros con dolor porque lo he hecho muchas veces. Y conforme pasan los años empeora, una lesioncita se va haciendo crónica y la vas a tener toda tu vida. No hablamos mucho de eso porque a un deportista le duele decir que una lesión te dejó fuera o meses sin entrenar. Hay lesiones que no salen si no descansas. Tu cuerpo exige que descanses.”

Rumbo a Río 2016, Paola Espinosa hizo un ajuste más. Comenzó a trabajar con una psicóloga que la ayuda a controlar la ansiedad. Se la genera el hecho de que habrán de pasar ocho días entre su primera competencia (celebrada el martes 9, cuando obtuvo sexto lugar en sincronizados) y la segunda (el miércoles 17): quisiera estar cinco horas en la fosa y no las dos que le permiten. Aprendió a dejar de pensar en clavados.

“Es muy difícil aguantar tanto tiempo, llega la ansiedad por saber qué pasará. Ahorita llevo un proceso para saber qué tengo que hacer y no me gane la ansiedad. Debo caminar, leer, distraerme. Antes sólo entrenaba, comía y dormía. Estaba clavada pensando en competir. Estoy aprendiendo a soltar.”

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Estudió Ciencias de la Comunicación y Letras y Literatura Hispánica en la UNAM. Fue reportera de información general en los noticieros Monitor de InfoRed. Desde 2000 ha sido reportera y conductora de deportes en distintos medios radiofónicos y televisivos. Estudió la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos en el CIDE.

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