Se llevaron fuera de Guerrero a una parte de los normalistas de Ayotzinapa: Solalinde

Padres de los normalistas desaparecidos protestan en la PGR. Foto: Hugo Cruz Padres de los normalistas desaparecidos protestan en la PGR. Foto: Hugo Cruz

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El padre Alejandro Solalinde colocó una nueva pieza en el rompecabezas del caso Ayotzinapa, desconocida hasta ahora por los investigadores extranjeros del GIEI y los de casa: que algunos de los 43 normalistas desaparecidos fueron llevados con vida y presuntamente ejecutados en una zona montañosa, semiabandonada que se encuentra en los límites del estado de Guerrero, y donde suele traficarse regularmente con drogas y hay fosas clandestinas por doquier.

El defensor de migrantes afirmó lo anterior después de participar en el II Coloquio sobre Violencia, Narcotráfico y Salud Mental, coordinado por el catedrático de la Facultad de Psicología de la UNAM y coordinador del Centro de Documentación del semanario Proceso, Rogelio Flores.

Solalinde reveló que una fuente cercana a él –un líder indígena que trabajó con el sacerdote por espacio de casi dos meses–, le confió que algunos jóvenes con características similares a los normalistas desaparecidos habrían sido llevados hasta el sitio el mismo día de la desaparición.

“Hay personas que saben de unas fosas, pero no en el estado de Guerrero, ellos aseguran que llevaron a algunos jóvenes que podrían ser, no aseguran que sean ellos, pero coincide con las fechas y con todo, con gente que venía de allá de Guerrero. Ellos tienen una pista de donde fueron llevados algunos, pero no sabemos si están muertos”, dijo.

Cuestionado sobre el sitio donde presuntamente fueron vistos los jóvenes desaparecidos, el prelado comentó que guardaría en secreto el sitio para evitar poner en riesgo a su informante.

“No les puedo decir porque la vida de ellos también depende, yo espero que ellos hagan el anuncio, si ellos me autorizan, hoy mismo hablo con uno de los líderes y si ellos quieren hacer del conocimiento de la prensa, lo hacen pero hay un riesgo y es que si dan esta nueva pista se corre el riesgo de que puedan levantar los cuerpos”, acotó.

No es la primera vez que el padre Alejandro Solalinde coloca nuevas piezas en el rompecabezas del caso Ayotzinapa. Días después de la tragedia, reveló que algunos de ellos habían sido asesinados, según le había confiado otra de sus fuentes. La declaración no cayó bien a los padres en aquel entonces.

Por eso, está plenamente consciente de que esta nueva revelación podría reavivar la sensibilidad de los padres, de ahí las reservas, explicó.

“Creo que ellos están para agradecer cualquier información que se dé y esta persona lo está diciendo con mucha seguridad, yo no puedo darles datos porque tengo que protegerlos a ellos”, concluyó.

Durante su participación en el Coloquio, Solalinde dio a conocer que en la última década al menos 10 mil migrantes centroamericanos habrían desaparecido en su paso por México y subrayó que en dicha “tragedia” existe una enorme complicidad de las diferentes instancias gubernamentales.

El religioso señaló que estas cifras son de las más “conservadoras”, pues el movimiento migrante centroamericano señala que podrían ser unos 70 mil el número de personas desaparecidas de finales de 2006 a la fecha.

En el auditorio principal de la facultad de Psicología de la UNAM, al padre Solalinde, Premio Nacional de Derechos Humanos en 2012, dijo que Los Zetas es la principal organización del crimen organizado que se ha dedicado a la extorsión y desaparición de los migrantes.

En el Coloquio participaron también agrupaciones de familiares de desaparecidos que se han organizado por su cuenta para buscar a sus seres queridos, como Los Otros Desaparecidos, Familiares en Búsqueda María Herrera y FABDAC. Representantes de cada grupo dieron sus testimonios del viacrucis que viven desde que perdieron a sus familiares.

El caso Ayotzinapa también se abordó en una de las mesas de trabajo. La psicóloga Jimena Antillón celebró que la UNAM abra la puerta a este tipo de asuntos de trascendencia nacional.

También habló sobre las consecuencias psicosociales de las víctimas que, en el caso particular de Iguala, suman aproximadamente 700 personas que padecen “un impacto profundo en los niveles personal, familiar y de su hábitat”.

Pese a ello, la especialista reconoció la “fuerza y vitalidad impresionantes para enfrentarlo”, como la movilización y la solidaridad de personas y organizaciones que los han acompañado en su dolor.

Antillón señaló, además, que en su trabajo de atención a las víctimas de desaparición forzada existen otro tipo de afecciones propiciadas en buena medida por la impunidad que impera, ya que “quien debería protegerte no lo hace, por el contrario, te agrede”.

Esta situación, dijo, deja en el desamparo a los familiares. “Es un mecanismo, desde mi punto de vista personal, más político porque obstruye la investigación y la sanción a los responsables”.

La reportera del semanario Proceso Gloria Leticia Díaz, quien se ha ocupado del tema Ayotzinapa y de las víctimas de violencia en el estado de Guerrero, lanzó la pregunta “¿cómo entender Ayotzinapa?”, cuando –dijo– se ha sido testigo de la actuación de los agentes del Estado mexicano en el ataque a estudiantes y ciudadanos por un lado y la negligencia oficial que ha permitido la consumación de estos hechos por el otro lado, así como de la colusión criminal entre las autoridades y el crimen organizado.

Para explicar el punto aportó cifras que ha recogido en la cobertura periodística de la violencia cotidiana en la entidad, pero que, advirtió, “no es ajena a la que históricamente ha dado fama a la entidad, y que se mantiene en la memoria de miles de guerrerenses: que en su árbol genealógico cuenta con abuelos, tíos, madres y padres víctimas de desaparición forzada sistemática, ejecuciones sumarias,  detenciones arbitrarias o torturas, ocurridas durante la llamada “Guerra Sucia” en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, abusos –acotó– atribuidos a militares, miembros de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) y policías estatales”.

En su turno, el también reportero de Proceso, José Gil Olmos, hizo un paralelismo entre la mafia de Al Capone y los narcotraficantes mexicanos. Con sus propias herramientas y métodos, ambas organizaciones lograron un control y una hegemonía a base de la fuerza, de la violencia.

Lo que la sociedad civil no ha logrado, dijo, los narcos sí han podido: organizarse. Ellos, los narcos, agregó, han logrado crear una organización con 23 ramificaciones y con una red de contactos en 42 ó 47 agrupaciones del todo el mundo.

Se valen del terror, del salvajismo y hasta de la religión para afianzar su dominio, como lo han hecho hasta ahora Los Zetas y Los Kaibiles.

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