Invoca Hacienda “realismo mágico” ante desaceleración del PIB

Luis Videgaray, titular de la SHCP. Foto: Octavio Gómez Luis Videgaray, titular de la SHCP. Foto: Octavio Gómez

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El gobierno federal asume con un auténtico “realismo mágico” el pobre desempeño de la economía nacional.

La actividad económica, según la Secretaría de Hacienda, lleva buen rumbo y buen ritmo: sigue creciendo, se crean cada vez más empleos, el crédito sigue expandiéndose, la inflación está en mínimos históricos, el mercado interno –los servicios y el comercio– es ahora el gran motor de la economía.

Está “tan bien” la economía… que la propia dependencia anunció hoy que bajó su pronóstico de crecimiento económico para este año a un rango de entre 2% y 2.6%, desde el rango previo de entre 2.2% y 3.2%. En promedios, pasó de una estimación de crecimiento económico para 2016 de 2.7% a otra de 2.3%.

En la mañana, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer que el Producto Interno Bruto (PIB) creció durante el segundo trimestre del año un 2.5% real, en cifras originales; un dato superior en una décima porcentual al 2.4% estimado preliminarmente el 29 de julio pasado, y mayor en dos décimas de punto al 2.3% del segundo trimestre del año pasado.

Es, también, “el mejor comportamiento para un segundo trimestre desde 2012”, dijo ufano el subsecretario de Hacienda, Fernando Aportela, en conferencia de prensa, al mediodía.

Pero si se consideran efectos estacionales y de calendario –la Semana Santa no siempre cae en el mismo mes; hay días de asueto en momentos no coincidentes, entre otros factores, además de que este año es bisiesto y febrero tuvo un día laboral más–, resulta que la economía creció, en cifras desestacionalizadas, sólo 1.5% a tasa real anual y cayó un -0.2% respecto del primer trimestre de este mismo año, un resbalón menos fuerte que el -0.3% estimado por el Inegi en su información preliminar.

Conclusión: la economía sigue desacelerándose, apenas sostenida por un mercado interno que también va decayendo, pero metida en un tobogán por el sector externo que antes era su gran impulsor y ahora es lo que la tiene debilitada.

En los 14 trimestres que lleva esta administración, el crecimiento promedio, en cifras desestacionalizadas, es de apenas un muy mediocre 2.1%.

Sirva la comparación, también con cifras del Inegi: en igual lapso, los primeros 14 trimestres de la administración de Ernesto Zedillo (1995-2000), la economía creció en promedio trimestral un 3%, el doble que en el mismo periodo de Peña Nieto.

Y eso que el inicio del gobierno de Zedillo fue tan desastroso, por la crisis económica que desató la gigantesca devaluación del peso en diciembre de 1994 –el famoso “error de diciembre”– y que hizo derrumbarse a la economía casi 5% en 1995, el desplome más grave en la historia reciente de la economía nacional, más fuerte inclusive que la crisis financiera internacional de 2008-2009.

En ese lapso, hubo trimestres en que la economía registró brutales caídas de hasta 7.5% o mensuales de más de 9%. Pero aun así, el gobierno de entonces, con Guillermo Ortiz al frente de la Secretaría de Hacienda, pudo levantar la economía, luego de los fatídicos años de 1995 y 1996, hasta terminar con crecimientos trimestrales superiores a 7%.

Con Peña Nieto, el mejor trimestre fue el primero de 2013, apenas iniciado el gobierno, con 3.14% de crecimiento económico real anual. Y el peor trimestre, fue justo el segundo de ese año, cuando el PIB apenas avanzó 0.71% anual.

Y de ahí en adelante, puros altibajos, con una economía que no puede tomar, por sí sola, un comportamiento definido.

Parecía que a mediados de 2015 se iba a enderezar la economía, pese a los factores externos tan volátiles, como el precio del petróleo, el tipo de cambio, la baja del comercio mundial, la incertidumbre financiera internacional y, sobre todo, una economía estadunidense que constantemente deja a la mexicana “colgada de la brocha”.

De un crecimiento de 2.4% en el segundo trimestre de 2015 brincó a un 2.61% en el tercer trimestre del mismo año. Pero luego resbaló a 2.4% en el cuarto trimestre: Se quiso levantar un poquito en el primer trimestre de este año, 2.48%, pero tropezó fuerte en el segundo trimestre de 2016: el 1.5% real anual, con cifras desestacionalizadas, que hoy informó el Inegi.

Mediocre desempeño económico de un gobierno que no enfrentó crisis como las que padecieron Ernesto Zedillo y Felipe Calderón, ni una recesión estadunidense como cuando inició Vicente Fox.

Pero la Secretaría de Hacienda se vale del discurso –otra vez, de puro “realismo mágico”– para decir que estamos bien. Y emplea las comparaciones fáciles de siempre.

Aportela en su conferencia de prensa:

Si no fuera por Estados Unidos, estaríamos mejor, pues “en el segundo trimestre de 2016 registró un crecimiento de 1.2% trimestral anualizado. Este crecimiento fue menor al que esperaban los analistas que era de 2.5%”. Y hacia adelante, no se ven bien las cosas:

“Hay que recordar que la producción industrial (de Estados Unidos) es la que está más relacionada con las exportaciones mexicanas hacia ese país, y la expectativa de producción industrial para Estados Unidos durante todo 2016 es de menos 0.9%, es una expectativa negativa”.

Pero aun así, el subsecretario Aportela es optimista, y dice que la economía mexicana está mejor que muchas otras:

“Vale la pena también comparar el crecimiento de la economía mexicana con lo que está sucediendo en otras economías de la región en América Latina. “Nuestro crecimiento en el segundo trimestre de acuerdo a datos del Inegi fue de 2.5% (1.5% con cifras desestacionalizadas), (mientras) el crecimiento esperado en Brasil y en Argentina para este segundo trimestre, es para Brasil -3.8%, y para Argentina – 2.5%.

“Incluso el promedio de crecimiento de América Latina sin considerar a México para el segundo trimestre de este año es negativo, es -2.4% en términos reales.

“Vale la pena señalar, por ejemplo, que en el caso de Brasil ya acumuló ocho trimestres en contracción; eso, sin duda contextualiza el crecimiento que estamos observando en la economía mexicana, dado lo que ocurre en otras latitudes de América”.

Pobres países.

Pero donde si no se midió Fernando Aportela, el segundo de a bordo y hombre de confianza del secretario Luis Videgaray –que se la ha pasado placeándose por el país en las últimas semanas, con vistas al año 2018– fue en sus referencias al petróleo, que antes nos tenía en el cielo y ahora en el infierno.

Dijo: “La producción industrial tuvo un incremento de 1% en el segundo trimestre”, pero si la producción petrolera (que es parte de las actividades secundarias, la industria, pues) no hubiera caído -2.54% (equivalente a 54 millones de barriles diarios menos), la producción industrial hubiera crecido 2.3% (y no 1%) en el segundo trimestre.

Inclusive, fantaseó, “si hacemos el cálculo del PIB sin actividades petroleras, es decir, si del Producto Interno Bruto sólo consideramos actividades no petroleras, el crecimiento observado durante el segundo trimestre de este año es de 3%, y vale la pena destacar que el promedio de crecimiento del PIB no petrolero de México durante los últimos 8 trimestres es de 3%; es decir, la economía sin petróleo está creciendo a una tasa promedio del 3%.

El problema del subsecretario Aportela es que el petróleo sí existe, y el “hubiera” no.

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