“Lucía di Lammermoor” en León, Guanajuato

LEÓN, Gto. (apro).- Lucía di Lammermoor (1835) es sin duda la más popular ópera de Gaetano Donizetti (1797–1848). Ya encumbrado en el pináculo de la fama con la increíble cantidad de 48 óperas cuando la creó con Salvatore Cammarano, basado en la novela La novia de Lammermoor de Sir Walter Scott, Donizetti llegaría a componer la friolera de 75 en total además de cuartetos de cuerdas, obras orquestales y música religiosa.

Hace nueve años que no se veía esta obra en escenarios mexicanos, pues no es nada fácil su montaje. Se requiere de una gran soprano coloratura que además actúe muy bien, un tenor bel cantista pero con fuerza y con coraje, y un muy buen barítono y actor.

Alonso Escalante, director del Teatro del Bicentenario de León Guanajuato logró conjuntar el elenco adecuado, empezando por María José Moreno, soprano de Granada, España que cantó magníficamente este personaje escabroso.

A partir del segundo acto, Lucía cae en una profunda tristeza por no poder realizar su amor con Edgardo y esa tristeza se tiene que oír en la voz y verse en la actuación.

En el segundo acto, luego de haberse firmado el acta matrimonial, Edgardo irrumpe violentamente espada en mano en el salón del castillo de Lammermoor y se pregunta: “¿Qué me frena en este momento?” (para atravesar a su adversario el hermano de Lucía); se produce entonces el célebre “sexteto” uno de los más famosos ensambles vocales de la historia. Más tarde, Lucía pierde la cordura luego de apuñalar en el lecho nupcial al marido impuesto, y canta la famosa escena de la locura, un verdadero tour de force… se desvanece y literalmente muere de amor.

María José Moreno, cumplió con todas las altas expectativas: actuación emotiva plena de verdad escénica y un canto impecable; nítida voz dotada de hermosos sobre agudos e impecables fiorituras.

El personaje de Edgardo lo cantó el tenor Ramón Vargas, éste ha sido uno de los roles torales en su carrera y lo tiene muy hecho; sin embargo, en algunos pasajes se le notó en apuros técnicamente, no obstante, sacó adelante el papel con gallardía.

El trío protagónico lo completó José Adán Pérez barítono de Mazatlán Sinaloa, con mucha experiencia en los escenarios internacionales (lo recordamos en el Fígaro del Barbero de Sevilla en Bellas Artes). Buen actor, muy creíble su personaje de Enrico Ashton, hermano de Lucia, magnífico cantante bel cantista.

El director concertador fue Srva Dinic, la dirección escénica de Enrique Singer y la escenografía de Philippe Amand (similar a cuadros de pintores renacentistas holandeses, moviéndose de cuando en cuando y creando un agradable efecto mágico con orquesta y coro del Teatro del Bicentenario).

Hay que decir de esta ópera que el famoso solo de soprano “Il dolce suono” está muy presente en el inconsciente colectivo por ser lo que cantó la soprano “alienígena” Inva Mula-Tchako en la película El quinto elemento (1997), de Luc Besson.

Por lo magnífico de su nueva producción, su acertado elenco y los resultados artísticos encomiables, una vez más reiteramos que la mejor ópera de México se hace en el teatro del Bicentenario.

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