Efrén Rebolledo (1877-1929)

Efrén Rebolledo (1877-1929)
Actualidad y anacronismo de “Salamandra”
José Emilio Pacheco
Al cumplirse el próximo día 9 el centenario de su nacimiento, Efrén Rebolledo permanece como el autor de “los doce poemas de Caro Victrix (“Carne victoriosa”, 1916), que son los más intensos y hasta ahora (1939) mejores poemas de amor sexual de la poesía mexicana Es entonces cuando el poema de Rebolledo no es ya como una joya, sino una joya”, en palabras de Xavier Villaurrutia
El nuevo interés crítico por el modernismo propició que Luis Mario Schneider reuniera las Obras completas de Rebolledo (1968) y Allen W Phillips estudiara La prosa artística de Efrén Rebolledo (1971 y en Cinco estudios sobre literatura mexicana moderna, 1974) Según Phillips, Rebolledo es, de nuestros escritores, “el más extremadamente modernista, con todos los defectos y virtudes que implique aquella lealtad”
Salamandra (1919) fue la penúltima novela de Rebolledo El historiador literario que se ocupara de ella encontraría una obra que, situada en el último extremo de un vasto desarrollo, resume formas, obsesiones, clichés y los conduce al nivel de la disolución casi paródica El sociólogo podría hallar en Salamandra la primera imagen novelística de la ciudad de México entre la derrota del zapatismo y el villismo y la lucha de sus generales contra Carranza, así como un cuadro del antiguo orden, la sociedad porfiriana, en espera de llegar a un acomodo con los vencedores del “peladaje” y de la “indiada”
LA BELLEZA FUNESTA
Nadie parece haber notado que Salamandra tiene su origen baudelaireano en un poema en prosa, “La cabellera”, que, dedicado a Julio Ruelas, Rebolledo publicó en la Revista Moderna (agosto 1900) e incluyó en la edición 1916 de El desencanto de Dulcinea pero no en la segunda (1919) El tema, pues, preocupó a su autor durante 18 años sin desarrollarse cuando época y atmósfera resultaban propicias: esperó a que tanto el porfiriato como el modernismo hubieran pasado Ante sus lectores de 1919 Salamandra debe haber sido aún más extraña de lo que es ahora: un texto ambiguo, a la vez anacrónico y actual
El asunto narratico de Salamandra es típico de la generación que Cedomil Goic (Historia de la novela hispanoamericana, Valparaíso, 1972) caracteriza como segunda generación naturalista Corresponde a una circunstancia de cambio, a una viva conciencia de la temporalidad y la historicidad En situaciones y motivos, personajes y escenarios encontramos signos de erosión y decadencia Lo viejo y lo nuevo, lo tradicional y lo moderno, se oponen como el hombre hamletiano y la “mujer fatal”, la belleza medusina de indeterminación misteriosa
Elena Rivas viuda de Montalvo tiene 25 años Es hija de un hacendado que huyendo de la revolución se refugió en la capital Elena estudió en California, baila música norteamericana, prefiere el cine al teatro, maneja automóviles, usa trajes sastre y, al mismo tiempo, lee versos en negligé tendida sobre una piel de tigre Belleza funesta, Elena despertó impulsos incestuosos en su hermano, hizo que un noble se volviera morfinómano y se suicidara, y que su marido, un militar revolucionario del que se divorció, se dejase matar por los villistas Elena se ofrece como objeto erótico pero únicamente a las miradas y cuando más a los besos de sus pretendientes Es la figura contraria de la Santa de Gamboa: invierte el condicionamiento social y es ella quien arrastra a los hombres a la destrucción No en vano Santa era proletaria y Elena propietaria
EL ESPECTACULO DEL MARTIRIO
Elena descubre un poema de Eugenio León —poeta dandístico, cronista teatral, director de El Independiente Ilustrado— que dice: “Y una espesa mortaja, una fúnebre ajorca – es tu lóbrego pelo; mas tanto me fascina – que haciendo de sus hebras el dogal de una horca – me daría la muerte con su seda asesina” Elena comenta: “Haré que poniendo en práctica esta idea realice su más bella obra de arte” Invita a Eugenio a su salón de tapices orientales, deja que la acompañe “en las penumbras encubridoras de los cines” y “en vertiginosas excursiones en auto” Lo seduce pero no se le entrega Su perversidad consiste en provocar la pasión sin satisfacerla Vive entre las llamas sin quemarse Es fría, no llora “Asiste voluptuosamente al espectáculo del martirio” Comparte todo el patrimonio iconográfico de la “mujer fatal” Es en suma un vampiro que ve cumplirse el deseo profundo del verdugo: obtener la complicidad de su víctima
Eugenio confiesa que sus orgías sólo son orgías de arte y pasa la noche “leyendo autores perversos” Cuando ya está perfectamente programado, Elena se corta la cabellera y se la envía en un estuche de terciopelo blanco Este intercambio de un objeto mágico establece una complicidad entre remitente y destinatario, agresor y agredido A partir de entonces Elena lo desconoce y se niega a recibirlo El se humilla dedicándole versos en sus columnas y, cuando por alcohólico lo expulsan del semanario, cae del dandismo a la bohemia, de la colonia Roma a la miseria de los barrios que Elena declaraba tan exóticos como la India Hasta que al fin Elena puede leer la ansiada noticia: Eugenio se ahorcó en la barra de su cama con la cabellera negra El vampiro asexuado se limita a comentar: “Qué bella está la mañana Qué suave el perfume de estas rosas”
Mario Praz observa en su estudio clásico La carne, la morte e il Diavolo Nella Letteratura Romantica (más conocido por su versión inglesa: The Romantic Agony) que hacia 1900 el prototipo de la “mujer fatal” se había congelado en un cliché Pero en 1914 se inició otro ciclo cuando Pina Menicheli, ampliamente citada en Salamandra, inició el reinado de la “Diva” que pronto compartió con Francesca Bertini, Lina Cavalieri, Giovanna Terribili Gonzales, Italia Almirante Manzini, Maria Jacobini
Texto que es fundamentalmente una serie de cuadros ornamentados, Salamandra ya apareció como un protoguión cinematográfico para sus primeros críticos: los 9 capítulos se titulan con una frase que aparecerá en el relato como los letreros intercalados del cine mudo
LA TRANSFORMACION DE LA VIOLENCIA
En cada párrafo se expone la tensión de lo viejo y lo nuevo: Elena se compara con las “Diabólicas” de Barbey D’Aurevilly y también con la Menichelli En su casa tocan la vitrola pero aún hay álbumes para inscribir versos en ellos Uno de sus pretendientes liquida su cuadra de caballos pura sangre y adquiere coches de carreras, etc Salamandra tampoco ignora la modernidad antropológica y sicoanalítica: el corte de la cabellera es una castración diferida; Elena le da esa parte muerta y desprendida de su ser para evitar que Eugenio la posea e inversamente ella, mediante el fetiche, acaba poseyéndolo al tiempo que lo mata Eugenio reúne los atributos de la víctima sacrificable: escritor, no pertenece a la comunidad de Elena y sus amigos Como los objetos del canibalismo sagrado, recibe primero buen trato Luego con su muerte se pide la transformación de la violencia y que sea devuelto su vigor a un orden cultural exhausto en trance de perder su vitalidad
Por otra parte, Salamandra muestra todos los mecanismos de la dependencia cuando el influjo francés queda avasallado por el norteamericano Presenta un sector social que sirve de espejo deformante a los cambios de su modelo extranjero y vive completamente separado del país: a pesar de los 9 años de revolución la clase dominante no ha sido destruida como tal y aguarda el momento de aliarse, en su provecho, con el nuevo orden
Al someter a la prueba de la realidad una idea literaria, Salamandra se constituye en representación simbólica del crepúsculo modernista El desarrollo histórico ha liquidado muchas de las bases sociales que sustentaron el movimiento El cortejo se asfixia en las cabelleras de los monstruos que engendró el sueño de su razón Escrita en el fin de una época, Salamandra significa para la literatura mexicana el testamento y despedida de la generación modernista

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