Perspectivas para un teatro popular

PERSPECTIVAS PARA UN TEATRO POPULAR
Esther Seligson
El teatro, por su misma esencia, es un acontecimiento popular, es decir, que está hecho por el pueblo y se dirige al pueblo; o sea, que se trata de un acto colectivo que engloba al individuo dentro de un grupo, y al grupo dentro de una comunidad de grupos que vienen a conformar una nación El teatro es espejo de la realidad en que se encuentra inscrito el hombre, y tal ha sido su función desde los tiempos más remotos: espejo religioso cuando los grupos representaban ceremonialmente sus orígenes míticos y el origen del universo; espejo nacionalista cuando se quiso hacer consciente a un pueblo de sus propios valores en relación a los de otros pueblos; espejo histórico al narrar escenas y episodios de experiencias pasadas comunes a la colectividad o a la nación; espejo social cuando ha enfrentado al individuo con sus propios conflictos y con los problemas de los demás hombres y de las sociedades en que viven; y, espejo de “fantasía”, cuando se ha vertido la imaginación en el escenario para recrear los sueños del hombre, sus búsquedas interiores, sus aspiraciones, temores y esperanzas
Mientras más atrás en la historia nos vayamos, más claramente se presentará el sentido espontáneo y popular de las representaciones teatrales: danzas que repiten la creación del mundo y de la sociedad humana; dramatizaciones de hechos históricos o de actos ceremoniales de la vida cotidiana que se remedan o recrean mágicamente —desfiles, fiestas, cacerías, bodas, coronaciones, etc— para beneficio y beneplácito de los miembros de la comunidad que recurren al espectáculo para entender mejor la imagen que de sí mismos se hacen dentro de la colectividad: imagen cómica, satírica, farsesca, trágica; imagen que el hombre viste, decora, disfraza, ilumina, proyecta, ofreciéndola a la mirada de todos en un diálogo de participación y de comunicación El teatro clásico, el medieval, la Comedia del Arte y, hoy en día, el happening, el Living Theater, el Bread and Puppet, y todas aquellas manifestaciones callejeras, fueron y son espectáculos populares
Instrumento de transformación social, el teatro se apartó de su función popular al entrar en los edificios especializados que una nueva sociedad —la burguesía— construyó para su esparcimiento y diversión sin importarle mucho la experiencia colectiva y sus constantes cambios, y centrando, por el contrario, la acción dramática en el particularismo y la individualidad Las máscaras que empezó a revestir la manifestación teatral se diversificaron en tantas como clases sociales empezaron a diferenciarse, y el aspecto “popular” vino a convertirse en sinónimo de “plebe”, de “bajo fondo”, identificándose con el circo, la carpa, el futbol y toda manifestación que implique masas e incultura
En nuestros días, el teatro intenta retornar a sus primitivas fuentes ceremoniales, para recuperar el contacto con un público más amplio, un público que no asiste a las salas de espectáculos y que, dadas las condiciones de los medios de comunicación contemporáneos, prefiere quedarse a ver la televisión o meterse en un cine Pareciera que, a pesar de las múltiples corrientes teatrales que vienen manifestándose desde principios de siglo —realista, surrealista, existencial, de la crueldad, absurdo—, el teatro ya no interesara, ya no se siente involucrado en los procesos de cambio que las sociedades viven, mediatizado como está por la propaganda y los discursos políticos enajenadores del lenguaje Sin embargo, los hombres necesitan del teatro, porque su acción, dice Artaud, “como la de la peste, es beneficiosa, impulsa a los hombres a que se vean tal como son, hacer caer la máscara, descubre la mentira, la debilidad, la bajeza, la hipocresía del mundo; sacude la inercia asfixiante de la materia que invade hasta los testimonios más claros de los sentidos; revela a las comunidades su oscuro poder, su fuerza oculta”
Y el teatro que un país como México necesita es, precisamente, un teatro popular, es decir un teatro que tome en cuenta los diversos modos de expresión privativos de los sectores de la sociedad menos favorecidos económicamente, y de aquellos, marginados, herederos de valores tradicionales que forman el sustrato de la cultura mexicana: los grupos indígenas
Siendo el teatro un medio de educación, de comunicación y de sensibilización y concientización, y dadas las condiciones de pluralidad de grupos que conforman el perfil cultural de nuestro país, promover la expresión teatral a todos los niveles, urbanos y rurales, vendría a consolidar la imagen de una identidad nacional, enriqueciéndola a través de la confrontación y del intercambio Las perspectivas para la creación de un Teatro Popular en México no podían ser más óptimas en este momento en que se hace tan necesario despertar un espíritu de solidaridad para la participación de todos los ciudadanos en el proceso de desarrollo sociopolítico del país, desarrollo que no puede realizarse cabalmente con individuos recelosos de su identidad y de sus propios valores tradicionales Importa, pues, que el teatro regrese al pueblo y sea hecho por el pueblo, a su imagen y semejanza, espejo de su sensibilidad e imaginación

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