Rinocerontes

Rinoceronte, de Francisco Toledo. Rinoceronte, de Francisco Toledo.

El rinoceronte lo he utilizado como modelo para hacer algunas piezas. Durero creó un grabado en madera de un rinoceronte, a partir de éste realicé un collage con recortes de mica y también elaboré un textil. Elegí para esta columna algunos extractos de textos de autores como: Eugène Ionesco, ya que en los años 60, cuando yo vivía en París, se hablaba mucho de él; también seleccioné una parte de una entrevista que Elena Poniatowska le hizo a Ionesco, así como líneas escritas por Eliot Weinberger y Salvador Dalí.

Rinoceronte, de Francisco Toledo.
Rinoceronte, de Francisco Toledo.

El rinoceronte y otros relatos

EugÈne Ionesco

Deysi me informó de que Dudard también había cambiado, igual que un primo de ella que yo no conocí. Y otras muchas personas, tanto amigos como desconocidos, igualmente se habían transformado.

–Son muchos –dijo ella–, casi una cuarta parte de los habitantes de la ciudad.

–De todas formas, aún están en minoría…

–Tal como van las cosas –replicó suspirando–, eso no va a durarnos mucho tiempo.

–¡Ay, es cierto! Además, ¡nos superan tanto en eficacia!…

Los rebaños de rinocerontes recorriendo las calles a toda velocidad se volvieron algo habitual de lo que ya nadie se asombraba. La gente se apartaba a su paso y continuaba luego su paseo, dedicándose a sus negocios habituales como si no ocurriera nada.

–¿Cómo es posible ser rinoceronte? ¡Es algo increíble! –exclamaba yo inútilmente.

Rinoceronte, de Francisco Toledo.
Rinoceronte, de Francisco Toledo.

Diarios

Eugène Ionesco

Alrededor de 1940: Los policías son rinocerontes. Los magistrados son rinocerontes. Eres el único hombre entre los rinocerontes. Los rinocerontes se preguntan cómo es posible que el mundo haya podido ser conducido por los hombres. Tú mismo te preguntas: ¿es verdad que el mundo fue conducido por los hombres?

¿Qué hacer para regresar a Francia? Allí todavía es posible hacerse comprender. Finalmente, se tiene la impresión de que ese mismo deseo es culpable. Es como un pecado el no ser rinoceronte. Pero los rinocerontes luchan entre ellos. Centenares de miles de rinocerontes llegan del Norte, del Este, del Oeste. Todos los ejércitos son ejércitos de rinocerontes. Todos los soldados de las causas justas son rinocerontes. Todas las guerras santas son rinocéricas. La justicia es rinocérica. Las revoluciones son rinocéricas.

Rinoceronte, de Francisco Toledo.
Rinoceronte, de Francisco Toledo.

Leer a Ionesco en el siglo XXI

Elena Poniatowska

Una de las obras de Ionesco de mayor éxito es El rinoceronte, que describe la lucha del individuo contra la mayoría y la defensa del alma única e irreemplazable ante la “masificación” o el “adoctrinamiento”: los hombres en rebaño viven igual, piensan igual, comen igual, se visten igual y aspiran a lo mismo. “Me parece más valioso –explicó entonces Ionesco– que el hombre encuentre solo y por sí mismo sus soluciones que la ideología implantada en la masa que le impide pensar”.

Antes de despedirme, no sé por qué le conté que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México tenía años en el poder; Ionesco confirmó:

–Tenga usted la seguridad de que es reaccionario o dictatorial. ¡Una de dos! ¡Que un partido se diga revolucionario, no significa que lo sea! Muchos de los revolucionarios que se dicen de izquierda ya no son ni revolucionarios ni de izquierda. Son simplemente reaccionarios, puesto que los han aprisionado unos mitos fijos. Pero ya no hablemos de esto… Yo soy un hombre solo y sus preguntas me hacen sentir un poco más solo…

Dalí y los rinocerontes, de Francisco Toledo.
Dalí y los rinocerontes, de Francisco Toledo.

Algo Elemental

Eliot Weinberger

I

Del periódico Ka Lama Hawai´i, Lahaina Luna, 21 de febrero de 1834

No ka laehaokela

(Sobre el rinoceronte)

El elefante es el único animal más grande que el rinoceronte. El rinoceronte mide unos dos metros de alto y cuatro de largo. Algunos casi alcanzan los cinco metros.

Rinoceronte, de Francisco Toledo.
Rinoceronte, de Francisco Toledo.

II

El primer rinoceronte que se vio en Europa tras la caída del Imperio Romano llegó a Lisboa mil trescientos años después, el 20 de mayo de 1515, como obsequio del sultán Muzafar II de Gujarat a Afonso de Albuquerque, gobernador de la India portuguesa; se trataba de un premio de consolación, tras haber negado el sultán la autorización a los portugueses para construir una fortaleza en la isla de Diu.

Albuquerque, a su vez, se lo envió al rey Dom Manuel I, El Afortunado, especialista en exotismo. Dom Manuel pronto pondría a prueba la célebre afirmación de Plinio acerca de que el rinoceronte y el elefante son enemigos mortales y que el primero correría bajo las patas del segundo desgarrándole el vientre con su cuerno. El 3 de junio ambos fueron colocados en una pista. El rinoceronte permaneció inmóvil, y el elefante se alejó andando.

Sin embargo, el rinoceronte causó furor. Antes de que transcurrieran dos meses, un médico de Florencia ya había publicado un himno de veintiuna estrofas en octava rima dedicado al rinoceronte. El emperador Maximiliano tenía dibujado uno en el margen de su devocionario; Rafael plasmó otro en un fresco de la Creación de los Animales en el Vaticano. Alguien, no se sabe quién, envió un boceto del animal a Alberto Durero en Núremberg, cuya versión con una pesada coraza –Durero era diseñador de armaduras– perduró como imagen representativa del rinoceronte durante siglos, aunque nunca hubiera visto ninguno.

Rinoceronte, de Francisco Toledo.
Rinoceronte, de Francisco Toledo.

Salvador Dalí, obra completa

Vol. II

Textos autobiográficos 2

El cuerno del rinoceronte era un ejemplo perfecto, creado por la naturaleza, de espirales logarítmicas, y su bestialidad se oponía a la gracia de la encajera, expresión de la castidad, de la pureza, de la monarquía absoluta. La encajera resultaba ser, así, el símbolo puro del máximo de fuerza espiritual que el rinoceronte llevaba en la punta de la nariz. El cuerno de rinoceronte machacado es un poderoso afrodisíaco. Lo bello y Eros son uno. Ese admirable animal no se contenta con llevar un sexo sobre la nariz; su coito dura cerca de una hora. Desarrolla un ceremonial daliniano que le lleva a señalar su territorio disponiendo sus excrementos como si fueran los mojones de su propiedad. Tanto refinamiento merece respeto y una observación atenta.

Rinoceronte, de Francisco Toledo.
Rinoceronte, de Francisco Toledo.
Load More