México, en un debate histórico

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los debates son importantes en el proceso electoral de Estados Unidos. Sin embargo, su influencia sobre el resultado final es incierta. El ganador del primer debate no es necesariamente quien resulta vencedor al final. Por ello, no es definitiva la victoria que obtuvo la candidata demócrata Hillary Clinton en el debate del 26 de septiembre. Lo importante fue detener los temores ante la distancia que se acortaba entre ella y el candidato republicano, Donald Trump, en estados considerados clave como Ohio o Pensilvania; asimismo, era importante acallar los rumores sobre su estado de salud. Contrariamente a lo que se temía, Hillary estuvo en muy buena forma.

Aunque es sorprendente dada la personalidad de Trump, las predicciones sobre la elección son muy cerradas. Según encuestas, los indecisos son pocos, entre 8% y 10% del electorado. Los votos “duros” a favor de uno u otro candidato ya están decididos. La batalla es, pues, para ganar a los indecisos y luchar para que algunos cambien de opinión. Siguen semanas difíciles en las que nada se puede descuidar, entre otros, los votos a favor de candidatos de pequeños partidos que podrían ser decisivos.

El debate tuvo una audiencia inusitada, pocas veces obtenida por un acto así. Se habló en los medios de comunicación de una audiencia similar a la de los grandes encuentros deportivos, como el famoso Supertazón. Millones de ciudadanos, dentro y fuera de Estados Unidos, siguieron con atención el encuentro. El hecho confirma que estos comicios son percibidos mundialmente como un punto de transición, un momento excepcional en la historia política contemporánea de Estados Unidos.

El elemento central de esa excepcionalidad es el candidato republicano. Trump es una personalidad enormemente disruptiva por su origen, su agresividad, su discurso impredecible, la facilidad para construir sobre mentiras y su ataque frontal contra la élite política tradicional de Washington y sus compromisos internacionales. Pero lo más inquietante es la fascinación que ejerce sobre un amplio sector de los electores.

Uno de los países que mayormente podría sufrir las consecuencias de un triunfo republicano es México. Cierto que la política de Trump como presidente no sería la misma que promueve en la campaña. Sin embargo, los efectos sobre México serían negativos en tres ámbitos: migración, comercio y seguridad. De los dos últimos se habló largamente en el debate que estamos reseñando.

El candidato republicano inició su argumentación refiriéndose a las dificultades para crear empleo cuando compañías como Ford están trasladando sus actividades a México. Eso fue el punto de partida para condenar reiteradamente el tratado “más perjudicial jamás firmado en la historia de los Estados Unidos”, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Con un tono menor, pero igualmente agresivo, se refirió al Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (conocido como TPP).

La reacción de Hillary fue relativamente moderada. Dejó pasar los ataques al TLCAN y centró su argumentación en el hecho de que, si bien inicialmente había favorecido las negociaciones para el TPP, aquéllas la habían desilusionado y ahora estaba decididamente en contra. Esa posición cautelosa es comprensible. Interesa advertir que, al desglosar los aciertos y debilidades de los candidatos a lo largo del debate, las encuestas indican que, según las opiniones recogidas, los puntos fuertes de Trump fueron los relativos al comercio.

Independientemente de la inexactitud de sus reclamos, Trump recoge los sentimientos presentes en gran número de trabajadores de Estados Unidos y Europa, para quienes el libre comercio los está perjudicando. Llegue o no a la Presidencia, Trump ha profundizado un malestar que atraviesa no sólo a muchos estadunidenses, sino a numerosas capas del mundo industrializado. Será necesario analizar cómo quedan en el Congreso los senadores y representantes republicanos, cuyas clientelas experimentan esos resentimientos. Sin duda hay intereses y opiniones contrarios, pero los que detestan el TLCAN no son pocos.

La vulnerabilidad de la economía mexicana ante lo que ocurre en Estados Unidos es evidente. El sector fundamental para el crecimiento del país han sido las exportaciones, y la vinculación de dicho sector con Estados Unidos es enorme. El gran desafío al que no encuentra respuesta el grupo gobernante desde hace más de 25 años es cómo transitar hacia un modelo más diversificado por el origen de la inversión extranjera, el destino de las exportaciones y los objetivos del desarrollo (mayor atención al mercado interno).

El segundo punto de interés para México fue la seguridad de Estados Unidos. Las opiniones de Trump fueron atropelladas, insensatas y construidas sobre la base de los costos que tienen para Estados Unidos alianzas de gran valor geopolítico, como lo es la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o el paraguas nuclear sobre Japón y Corea del Sur. Fue la oportunidad para el lucimiento de Hillary, quien ha sido secretaria de Estado, tiene muy claros los argumentos para defender dichas alianzas y de paso descalificar las capacidades de Trump para ser el comandante en jefe, que llegado el caso decidirá si se debe lanzar una bomba nuclear.

Ahora bien, es indudable que, para la seguridad de Estados Unidos, México es más importante que varios miembros de la OTAN. La estabilidad al sur de la frontera vale mucho más de lo que puedan asignarle los cálculos de Trump. Sin embargo, el tema no se puso sobre la mesa. En las perspectivas de ambos candidatos el valor estratégico de México no ocupa lugar. Puede ser miopía, o bien que se toma como un hecho que es un país dentro de su perímetro de seguridad, por lo tanto, no se pone a discusión si se trata de otro Estado soberano.

No es el momento de saber quién será el presidente de Estados Unidos. Sí es el momento para construir todos los escenarios posibles e imaginar el diálogo que va a entablar, con él o ella, el gobierno de México, el país cuyo futuro está más fuertemente determinado por lo que allá ocurra.

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