“El Jeremías”: un geniecillo incomprendido

"El Jeremías", filme mexicano dirigido por Anwar Safa. Foto: Especial "El Jeremías", filme mexicano dirigido por Anwar Safa. Foto: Especial

MONTERREY, NL. (apro).- “El Jeremías” se antoja como una aportación inusual a las temáticas recurrentes de la producción mexicana, saturada de comedias románticas y dramas existenciales.

La cinta dirigida por el debutante Anwar Safa se refiere, en tono festivo, a un niño genio, incomprendido, como todos los de su clase. Su familia y el entorno lo ven como una anomalía, y lo estigmatizan.

Es como si Matilda (Matilda, 1996) se cruzara con Mentes que brillan (Little man Tate, 1991) salpicada con jugo de nopal. Jeremías es un escolar superdotado que crece en un barrio de Sonora, con padres iletrados que primero se niegan a aceptar su condición, luego se maravillan al conocerla y después buscan obtener beneficios pecuniarios, con resultados inesperados.

La emocionante premisa se complementa con un elenco espectacular, con nombres como Isela Vega, Jesús Ochoa, Juan Manuel Bernal, Adriana Roel, Daniel Giménez Cacho, personajes todos secundarios, pero irreductiblemente atractivos.

Pero la idea original, y de factura muy mexicana, choca con su propia hechura. La guionista Ana Sofía Clerici entrega una historia que se cicla en una misma situación. Más de la mitad de la cinta se concentra en reiterar la condición de fenómeno del pequeño súper sabio. Estancada en una sola situación, pasan las situaciones y los chistes, pero el drama se mantiene estático.

“El Jeremías” revela que no es una cinta para niños. El abordaje de temas delicados se vuelve incomprensible y, al mismo tiempo, vedado para los menores. Inexplicablemente, a esta entrega, protagonizada por un niño y, aparentemente, dirigida a niños, Safa y Clerici incorporan elementos como la homosexualidad, el suicidio, las drogas, lenguaje corporal grueso, y algún comentario alburero relacionado con la genitalidad. Hay una impactante disección médica explícita.

Por cuestiones de patrocinio, a lo largo de todo el filme hay alusiones reiteradas a una marca cervecera y a otra refresquera. Las bebidas no son, precisamente, las más apropiadas para los pequeños. La abuela todo el tiempo está libando de un enorme bote rojo.

La publicidad en general invita a toda la familia, pero, desentonada, la cinta se convierte en una aventura cómica, con chistes para adolescentes y adultos.

El peso de la historia recae en el pequeño Martín Castro, que hace también aquí, su presentación en cine. De agradable presencia, y un semblante muy mexica, conmueve por su intuición interpretativa y la desenvoltura con la que supera el reto de convertirse en el centro de la acción. Su sonrisa y su pícara mirada son de lo mejor que ha dado el cine mexicano infantil en los últimos años.

Afortunadamente orbitan a su alrededor buenos intérpretes que lo respaldan. Ochoa, Roel, Vega y Bernal cumplen con sus papeles pequeños, creados para invocar taquilla. En el tercer acto, Giménez Cacho entra a escena y pone orden. Su incorporación le da rumbo y sentido definitivos a la trama. Luce muy cómodo en su rol recurrente de tipo moralmente ambiguo. Es un sicólogo dispuesto a lanzar al niño al estrellato, pero también tiene su plan oculto. Camina sobre la línea delgadísima del amigo y el canalla.

Sin embargo, el cambio de destino del chico, junto con el especialista, supone otro estancamiento. Otra vez la historia vuelve a avanzar en círculos, concentrada en una sola idea, hasta llegar a una conclusión anti climática que ubica a todos en su justa dimensión.

“El Jeremías” toca temas importantes: explica la desolación de quienes son raros, y el grave problema de falta de inclusión, que se padece en cualquier cultura. El pequeño enfrenta una crisis existencial al no saber cómo conducirse socialmente con su inteligencia superior. Las mismas circunstancias hacen que vaya descubriéndose a él mismo y encuentre su lugar perfecto en la vida.

La cinta también pregunta a los padres qué harían si se encontraran en la situación de Margarita y Onésimo, rebasados por los conocimientos del hijo pero, sobre todo, por su actitud progresista ante la vida.

Es una cinta que tiene una propuesta interesante, aunque, como producción, pudo dar mucho más.

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