“La vida inmoral de la pareja ideal”, pretensiones fallidas

La vida inmoral de la pareja ideal, de Manolo Caro. La vida inmoral de la pareja ideal, de Manolo Caro.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Si en vez de hablar de cine habláramos de joyería fina, podríamos decir que la nueva obra de Manolo Caro es una estafa: nos da bisutería y nos hace creer que es cristal cortado; nos regala mancuernillas de oro sólo para descubrir que en verdad son chapa que encubre un metal cualquiera.

La vida inmoral de la pareja ideal (México-2016) es la mezcla de una comedia romántica ligera con una telenovela y una pizca de Almodóvar, sin su genialidad. Es una cinta que pretende ser ingeniosa y desafiar toda lógica argumental para sorprender al espectador. Y sorprende, pero por la falta de verosimilitud y de profundidad de los personajes.

La historia gira en torno a Martina (Cecilia Suárez) y Lucio (Manuel García-Rulfo), dos exnovios de adolescencia en la Ciudad de México que, luego de 25 años, se reencuentran en San Miguel de Allende, Guanajuato. Es claro que aún existe algo entre ellos, de tal manera que ambos presumen estar felizmente casados.

Lucio está en San Miguel por una obra de teatro, Martina vive ahí y da clases de ballet, y también asistirá a la obra. Así es que se verán por la noche y llevarán a sus respectivas parejas.

Pero mientras llega ese momento, la trama retrocede 25 años para irnos contando lo que pasó con ellos: Lucio es un joven con ideas de izquierda y ella una chica de educación católica, los dos convergen en una escuela sumamente conservadora donde los estudiantes no son más que un número.

No vale la pena preguntarse cómo un padre como el de Lucio, con esos ideales casi revolucionarios, metió a su hijo en una escuela así. Y podríamos hacer conjeturas sobre el significado de que los maestros llamen a los estudiantes por su número de matrícula y no por su nombre, pero no vale la pena porque luego entendemos que, para eso de los simbolismos, el director no tiene ni idea.

La historia se mueve en un ir y venir constante entre la adolescencia y el presente cuarentón de los personajes, mal construidos (y mal dirigidos), que viven en un México que no existe, un superfluo sentido de la libertad y el amor. Con un guión carente de sentido, la cinta transcurre sin pena ni gloria, con clichés liberales y una que otra puntada divertida.

La vida inmoral de la pareja ideal es el intento de un cineasta por hacernos creer que es genial y tiene algo que decir. Es un truco de feria en donde el participante siempre pierde y sólo deja al descubierto que hemos sido presas de una estafa creativa.

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