La ultraderecha latinoamericana se alinea con Trump

La felicitación de Álvaro Uribe a Donald Trump. Foto Twitter @AlvaroUribeVel La felicitación de Álvaro Uribe a Donald Trump. Foto Twitter @AlvaroUribeVel

BOGOTÁ (apro).- A pesar de que la ultraderecha latinoamericana sabe que no le es rentable políticamente expresar abiertamente sus simpatías por el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, por la agenda anti-latina, racista y xenófoba que este impulsó durante su campaña, muchos líderes de ese sector creen que, a partir del 20 de enero, contarán con aliado de sus causas en la Casa Blanca y están dispuestos a aprovechar el momento.

Personajes como el expresidente colombiano Álvaro Uribe, quien construyó a pulso una reputación de “duro” frente a la guerrilla de las FARC y considera que los acuerdos de paz con ese grupo insurgente son un proyecto del “castrochavismo” para instalarse en su país, ven a Trump como una oportunidad para recuperar el terreno que su ideario conservador y militarista perdió en la región durante los ocho años de Barack Obama –un liberal pragmático que pertenece a una minoría racial– en la presidencia de Estados Unidos.

Horas después de las elecciones del martes 8 en Estados Unidos, Uribe envió a Trump un tuit que exhibe un oportunismo y un servilismo político tan extremos, que avergonzó incluso a varios seguidores del exmandatario.

“Felicitaciones Presidente Trump; el narcoterrorismo de Colombia y la tiranía de Venezuela son los grandes enemigos de nuestra democracia”, escribió Uribe en su cuenta de Twitter.

El exmandatario y actual senador dijo además a periodistas que entre las prioridades de América Latina sobresalen dos: la “dañina dictadura de Venezuela” y “la necesidad de superar el narcoterrorismo en Colombia”.

Es decir, en el diagnóstico de este connotado integrante de la derecha latinoamericana, la superación de la pobreza, el desempleo, la crisis económica, la violencia, la criminalidad, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos está por debajo del objetivo de deshacerse de la “dictadura” de Venezuela y del “narcoterrorismo” en Colombia.

Para Uribe, desde luego, “narcoterrorismo” es sinónimo de FARC, una guerrilla que ya lleva un año y cuatro meses en cese del fuego.

Y Uribe no es una voz solitaria en la región. Forma parte de un grupo de exmandatarios conservadores iberoamericanos –como Jorge Quiroga, de Bolivia, y el español José María Aznar– que han hecho oposición desde hace años al régimen chavista que gobierna Venezuela y que han criticado el proceso de normalización diplomática y comercial de Estados Unidos con Cuba.

De hecho, según el diario español La Vanguardia, el triunfo de Trump fortalece a Aznar porque “regresa ahora” como el principal enlace en España con el Partido Republicano.

Aznar ya felicitó a Trump y expresó su deseo de que el periodo que se iniciará con el gobierno del republicano “sea una etapa de esperanza” para “la democracia, la libertad y la prosperidad”.

Valores compartidos

La ultraderecha latinoamericana, que tiene fuertes nexos con los sectores más radicales del Partido Republicano –en especial el bloque de legisladores cubanoamericanos– presume que Trump será su aliado en el objetivo de revertir el proceso de apertura hacia Cuba emprendido por Obama y de deshacerse de la “dictadura” chavista.

Y razón no les falta. Como candidato, Trump hizo promesas que van en esa vía. Una semana antes de las elecciones, el millonario neoyorquino sostuvo en Miami frente a exiliados cubanos anticastristas: “Cancelaremos el acuerdo unilateral de Obama con Cuba, hecho a través de orden ejecutiva, si no
conseguimos el trato que queremos y el acuerdo que se merece la gente que vive en Cuba y aquí, inclusive que proteja libertades políticas y religiosas”.

Para el futuro presidente de Estados Unidos no sería complicado terminar con las medidas de apertura económica y diplomática con Cuba. Como Obama impulsó ese proceso mediante órdenes ejecutivas, Trump, como mandatario, podría anularlas sólo con el poder de su firma.

De hecho, Cuba no sólo está a la expectativa sino que ha enviado señales de que espera que el nuevo huésped de la Casa Blanca sea hostil con el gobierno de Raúl Castro. Esta semana, la isla realizará cinco días de ejercicios militares como preparación ante potenciales “acciones del enemigo”. Estas maniobras no se realizaban desde hace tres años.

Sobre Venezuela, Trump ha dicho que es un país “llevado a la ruina por los socialistas” y que “el próximo presidente de Estados Unidos debe solidarizarse con toda la gente oprimida en nuestro hemisferio y yo defenderé a los venezolanos oprimidos que desean ser libres”.

Y Maduro no se ha quedado atrás. El año anterior, cuando el entonces precandidato republicano amenazaba con levantar un muro en la frontera con México y deportar a millones de indocumentados mexicanos, el presidente venezolano deploró esas amenazas, dijo que América Latina debía levantar su voz frente al magnate y lo llamó “pelucón, verdadero pelucón”.

En sintonía con el ex presidente Uribe, la dirigente política venezolana María Corina machado –quien forma parte del ala más derechista de la opositora y variopinta Mesa de la Unidad Democrática- señaló en un artículo en el diario español El Mundo:

“Lo que esperamos del nuevo ocupante de la Casa Blanca, desde la perspectiva de la libertad y de la democracia en Venezuela, es que se reconsidere el interés nacional de los Estados Unidos en lo que respecta a nuestra crisis y a la región como un todo”.

Según Machado, “el momento es propicio, pues América Latina ya empieza a cambiar en una dirección positiva, distanciándose del autoritarismo y la corrupción de los regímenes populistas que hasta hace poco dominaban en diversos países” y Trump “ha emitido señales que sugieren su insatisfacción con la línea estratégica de Obama en el Caribe y Venezuela”.

Y por ello, agregó, “contamos con que ello se traduzca en inequívocas posiciones en defensa de los derechos humanos, la solución a la urgente crisis humanitaria, el respeto a la Constitución y el restablecimiento de la democracia; valores que, para los venezolanos, son innegociables”.

Machado parece no haber escuchado los discursos de Trump durante la campaña, en los que queda clara la incompatibilidad del futuro presidente de Estados Unidos con esos valores.

También parece desconocer que el intervencionismo de Estados Unidos en asuntos latinoamericanos siempre acaba mal y que para combatir un régimen como el que encabeza Maduro –que por sí sólo ha sumido al país en una severa crisis política y social— no es necesaria ninguna medida imperial.

Si el 80 por ciento de los venezolanos está insatisfecho con su presidente, ¿qué necesidad hay de apelar a Trump?

Es innegable que van a venir muchos más actos de oportunismo político por parte de la ultraderecha latinoamericana que, de manera abierta y solapada, comienza a realizarse en torno a la agenda que comparte con Trump.

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