Con danzas y sones, niños y jóvenes indígenas fortalecen la cohesión social en Oaxaca

lunes, 21 de noviembre de 2016 · 14:19
OAXACA, Oax. (apro).- Misticismo, mestizaje y música envolvieron al majestuoso teatro Macedonio Alcalá, cuando niños y jóvenes indígenas interpretaron chilenas, danza de malinches Ikoots, sones mixes y merequetengues costeños, como parte del taller ‘Automodelo’ de Instrumenta Oaxaca 2016, para fortalecer la cohesión social y el servicio comunitario. Los virtuosos violinistas Adalid Sandoval Ventura, de 18 años y procedente de Río Grande (Costa); Ixchel Camacho Gandarilla, de 13, de Tezoatlán, Huajuapan (Mixteca); Quetzalli Pérez Salvador, de 10, originaria de esta capital; Denny Flor Tomás Rodríguez, de 11, de Tamazulapan del Espíritu Santo (Mixe), y Gualberto Hidalgo Buenavista, de 28 años, procedente de San Mateo del Mar (Huave), conmovieron y cautivaron al publico. De acuerdo con información dada a conocer por el proyecto ‘Etnografías de las culturas musicales de Oaxaca’ (ECMO), la música de violín en el estado se encuentra en franca desventaja y debilitamiento en relación con otras músicas, por lo que decidieron introducirse en el tema y promover uno piloto con metodología para la enseñanza de la música de la tradición oral, al que denominaron ‘Automodelo’”. El etnomusicólogo y director de Pasatono, Rubén Luengas, explicó que la selección de los seis jóvenes provenientes de diferentes culturas musicales se armó a partir de recorridos de investigación. “Como se sabe, Instrumenta tiene una vocación hacia el perfeccionamiento musical, y estos niños y jóvenes son músicos destacados en sus comunidades por su talento, por su dedicación y cohesión a sus tradiciones. Son músicos activos y participantes en los eventos comunitarios, como son los fandangos, mayordomías, cofradías o los velorios de infantes”, apuntó. Instrumenta Oaxaca 2016, sostuvo, realizó actividades del ‘Automodelo’, con el Centro de las Artes de San Agustín (CASA) como sede y el apoyo del maestro Francisco Toledo. Según Luengas, el proyecto se desarrolló en sesiones de cursos intensivos con duración de una semana, una vez al mes, a partir de julio y hasta noviembre, y este domingo 20 de noviembre se escuchó el resultado de este esfuerzo, en un concierto de la programación de Instrumenta Oaxaca en el teatro Macedonio Alcalá. Dentro del sistema del ‘Automodelo’, la parte musical enfocada en la ejecución del violín fue impartida por la japonesa Rie Watanabe, y la otra tiene que ver con el conocimiento de su cultura musical desde la etnomusicología, impartida por la etnomusicóloga Patricia García. Para la maestra Rie Watanave, ‘Automodelo’ es una dinámica de autoformación, “quiere decir que todos aportamos en algo que conocemos desde nuestra comunidad. Entonces, estos niños y jóvenes son cargadores de la cultura. “Nos aportan sus melodías tradicionales de la región, nos las enseñan a todos y juntos aprendemos esa melodía. Yo como maestra aporto mi formación en la música clásica para hacer arreglos y para hacer una orquestación. Después cada alumno dice cómo se tiene que tocar y contextualiza el momento en que se toca en su comunidad. Entonces todos aprendemos uno del otro”, señaló. Ambas maestras hicieron hincapié que en Oaxaca hay dos tipos de música: la de la tradición escrita y ejecutada por las bandas, y la de la tradición oral, como la que se interpreta con flautas, tambores o algunas músicas de danzas acompañadas con violines. Con el taller ‘Automodelo, la comunidad como aula formó a los alumnos en tres ejes: el musical, que se basa en la técnica instrumental y teoría musical; el de investigación musical, donde se les enseña los principios básicos de la etnografía de la música, y el de la promoción musical, donde el participante aprende a través de su música a reactivar proyectos y enlazarlos para fortalecer lazos comunitarios, hacer cohesión social y servicio comunitario, por citar algunas ventajas. “Creemos que a partir de esos tres ejes de nuestra metodología, el alumno podrá desarrollar las capacidades musicales y, sobre todo, el diálogo entre ser músico e investigador, de manera que el participante regresa a su comunidad y busca a los viejos músicos, portadores del conocimiento musical, y con las herramientas adquiridas podrá acercarse de otra manera y comunicarse en su propia lengua, y provocar un circulo virtuoso donde esta decodificación cultural de la música sea encauzada por sus mismos artífices”, finalizó Luengas.

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