La herencia de Castro*

Fidel Castro vota en unas elecciones locales en Cuba. Foto: AP Fidel Castro vota en unas elecciones locales en Cuba. Foto: AP

Durante casi 50 años Fidel Castro mantuvo “viva la llama de la resistencia” contra la explotación y la injusticia mundial. Tal es “su herencia”. Y lo es “más allá de todas las fallas, las deficiencias y los integrismos de la Revolución cubana”, dice a Proceso el periodista italiano Gianni Minà, autor de Habla Fidel y Fidel, libros que fueron resultado de largas sesiones de entrevistas con el líder cubano –cargadas de anécdotas y vicisitudes— que le sirvieron para establecer “su verdad” y enviar mensajes políticos al mundo.

ROMA (Proceso Especial).- Casi 20 años después, Gianni Minà sigue recordando su primera entrevista con Fidel Castro con una mezcla de humor y asombro. Fue una verdadera hazaña: empezó en la tarde el 28 de junio de 1987 y acabo 16 horas después, en la mañana del día 29.

“Considerando que sólo fueron cuatro las entrevistas largas concedidas por Castro –a Frei Betto, a Tomas Borge, a Ignacio Ramonet y a mi– me doy cuenta de que logré una autentica ‘exclusiva’. Pero en el momento de hacer mi trabajo nunca me imaginé la importancia que iba a tener”, comenta con ironía.

“Lo que me preocupaba era llevar esa aventura hasta el final a pesar del cansancio de mi equipo de filmación, del mío propio y de ciertos problemas técnicos”, añade.

Esa entrevista maratónica fue seguida por otra de ocho horas, realizada tres años después. Ambas fueron plasmadas en documentales televisivos y, luego, en dos libros: Habla Fidel y Fidel. Traducidos a numerosos idiomas, estos se impusieron muy pronto como obras de referencia. Tuvieron una amplia distribución internacional alcanzando sus mejores ventas en México y Argentina. Desataron el enojo de los exiliados cubanos de Florida y generaron debates en Europa.

Minà atiende a la corresponsal en su departamento ubicado en una zona tranquila y arbolada de las afueras de Roma.
Regordete, lleno de vida, desbordante de curiosidad, sarcástico, mordaz, polémico, apasionado, Minà es un conversador incansable y se vuelve inagotable cuando habla de Cuba.

“Fíjese –confía–, hace muchos años, yo era bastante cauteloso con Cuba. Soy católico y nunca fui comunista. Observaba la Revolución cubana desde lejos. Pero, poco a poco, entendí que lo que se estaba montando contra Cuba no se había montado nunca contra ninguno otro país. Me indignó. No hablo solamente de todos los operativos que Estados Unidos planeó para acabar con esa Revolución, sino de la campaña permanente de desinformación organizada contra la isla. Esa embestida periodística me llevó, entre otros motivos, a interesarme con mayor cercanía sobre la isla del Caribe. Estoy perfectamente consciente de todas las fallas de la Revolución cubana y las denuncio. Pero de igual forma denuncio los ataques sistemáticos y las manipulaciones de quienes se empeñan en denigrar a Cuba a toda costa”.

Minà nació en 1938. Empezó a trabajar en la prensa a los 20 años de edad y advierte que en 2008 celebrará sus 50 años de periodista con un “gran fiestón”. Fue sobre todo su labor en la RAI, televisión estatal italiana, la que lo dio a conocer nacional e internacionalmente.

A partir de 1981 se volvió una estrella de la pantalla chica de su país gracias a su programa dominical Blitz, en el que participaron múltiples celebridades entre las cuales cita a Federico Fellini, Robert de Niro, Gabriel García Márquez y Cyd Charisse, famosa partner de baile de Fred Astaire.

En los últimos años este intelectual incansable se ha vuelto un pilar del altermundismo. Participa activamente en el Foro Social Mundial y se ha involucrado en el Movimiento en Defensa de la Humanidad, que surgió en 2003 en México y se consolidó un año más tarde en Caracas. Desde hace 6 años Minà dirige también la revista italiana Latinoamérica, en la que, afirma, colaboran “los más prestigiados escritores y ensayistas de América Latina”, mencionando, entre otros, a Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez, Luis Sepúlveda y Paco Ignacio Taibo.

Su éxito más reciente fue el documental De viaje con el Che, que realizó a partir de la película Diarios de motocicleta del cineasta brasileño Walter Salles, y después de haber convencido a Alberto Granado, de 80 años de edad, que repitiera, 50 años después, el viaje en motocicleta que hizo en 1952 con su amigo Ernesto Guevara.

“En la RAI hice de todo: realicé reportajes en todo el mundo, trabajé deportes, animé debates televisivos e hice programas culturales más sofisticados”, recuerda. “Entrevisté a un sinnúmero de artistas latinoamericanos, grandes escritores, músicos, cantantes, cineastas. Fue gracias a ellos que me metí de lleno en la realidad de América Latina”.

Dieciséis horas

Todas las puertas se abrían para Gianni Miná, pero el periodista tuvo que esperar 13 años para poder entrevistar a Fidel Castro.
“No me hacía muchas ilusiones –comenta–. Sabía que cada año había entre 2 mil y 3 mil solicitudes de entrevistas con él (…) Pero, un día, la embajada de Cuba en Italia me avisó que todo estaba listo. ¿Por qué Fidel me escogió a mí? Creo que tuve la suerte de ser el hombre preciso en el momento preciso”, sugiere con malicia.

Más serio agrega: “Fidel nunca hace las cosas al azar. Siempre escoge momentos estratégicos para hablar. Las largas pláticas que sostuvo con Frei Betto, y que desembocaron en la publicación del libro Fidel y la religión en 1985, permitieron que poco a poco se entablara un diálogo entre la Revolución y el clero cubano.

“En 1987 era obvio que a Fidel le urgía dirigirse a los europeos. En ese entonces todavía existía el comunismo y apenas empezaba la glasnost, pero había mucha intranquilidad en Europa Oriental. Castro sentía además que tanto las pasiones que habían despertado los barbudos en los años 60 como las informaciones manipuladas sobre el proceso cubano que llegaban a Europa desde Estados Unidos creaban confusión e interrogantes. Quiso que se oyera su verdad”.

El caso Ochoa (el juicio y el posterior fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y varios importantes militares cubanos acusados de narcotráfico), la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la URSS volvieron imperiosa una actualización de la primera conversación de Minà con Castro. El periodista pidió una nueva cita con él en 1989. Insistió, espero y de repente tuvo que salir disparado para La Habana.

Relata: “Estaba trabajando sobre el Mundial de Futbol cuando el embajador de Cuba en Italia me mandó llamar. Me dijo: ‘Creo que gustó tu entrevista anterior, Fidel te espera. A él también le importa actualizar todo lo que concierne a la política exterior de Cuba y darte su opinión sobre la caída del comunismo’. En menos de 48 horas lo hice todo. Salí para La Habana con el equipo de filmación de 1987. El 23 de junio de 1990 a las 5 de la tarde empezamos la entrevista, acabamos pasada la medianoche. Unas horas después regresamos a Roma”.

Minà se divierte comentando la foto que ilustra la portada de su libro Fidel, dedicado a esa segunda entrevista. Es una foto a color en la que el intelectual italiano se ve risueño platicando a gusto con Fidel Castro y Mijail Gorbachov.

“Fue tomada durante el viaje de Gorbachov a La Habana en junio de 1989”, precisa. “Poco tiempo antes de que nos retrataran, Fidel le dijo al líder soviético: ‘Este periodista me entretuvo durante 16 horas? A ti te paso algo por el estilo?’ ‘¡Nunca!’, le contestó Gorbachov mirándome con ironía. Sabía muy bien que nadie impone nada a Fidel Castro”.

Le sobran anécdotas a Minà sobre estas “famosas 16 horas” que fueron una experiencia especial en su vida profesional. Cuenta que al principio estaba muy tenso. Tenía una lista de 100 preguntas que Castro no había solicitado revisar. Múltiples eran los temas que quería abordar, entre ellos el muy controvertido problema de los derechos humanos. Pronto se dio cuenta de que Castro no se limitaba a contestarle en forma lineal, sino que aprovechaba cada pregunta para “abrir nuevos espacios de reflexión”.

“Era apasionante –recalca–, pero mientras más hablaba, más me preocupaba. No sabía cuántas horas Fidel había planeado dedicarme y temía que me faltara tiempo para abordar todos los temas. Después me angustiaron problemas mucho más prosaicos. ¡A las dos de la mañana entendí que íbamos a quedarnos sin película!

“Uno de los asistentes de Castro se dio cuenta de nuestro desasosiego. Dio órdenes. ¡Una hora después nos entregaron cajas de película de marca japonesa regaladas por el departamento cinematográfico de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias)! Todo mi equipo se quedó atónito. Nunca habíamos usado esa marca. No sabíamos si se podía adaptar a nuestro material. Pero, si, sirvió”.

–¿No tuvieron una pausa para comer algo?

–¿Una pausa formal? Nunca. Pero nos salvo la necesidad de cambiar nuestros rollos de película. ¡Eso nos daba un pequeño respiro cada 12 minutos! En un momento dado nos llevaron sándwiches. Los devoramos casi a escondidas mientras colocábamos la nueva película. Después nos tocaba volver a trabajar. Castro no comió nada, solo bebió té con ron.

–¿Todo el mundo siguió siendo lúcido hasta el final?

–Fidel sobre todo. Yo hice lo que pude. Creo que se me subió la adrenalina como nunca antes. Mis compañeros luego se burlaron de mí diciendo que a veces me dormía con los ojos abiertos. El momento más dramático para mí fue tener que tocar temas económicos al final de la entrevista. Sufrí bastante.

“Pero lo que más me sacudió fue una escena bellísima desde un punto de vista teatral: a las 4 de la mañana, mas o menos, Fidel empezó a hablar del Che con una voz un tanto ronca, esa voz que tiene uno a ciertas horas de la madrugada, después de un largo desvelo y bajo la presión de una gran emoción (…) Ese momento quedó grabado intacto en mi memoria y también en un documental histórico titulado Fidel cuenta al Che que empezó a ser difundido en el mismo año 1987”.

“Te aprovechaste”

Minà recuerda también a Fidel ayudando a los técnicos:

“Tengo una foto muy chistosa de él: está entregando gelatina –un producto que usábamos para efectos de luz– a uno de mis camarógrafos que estaba trepado en una escalera. Castro se ve allí muy natural.

“Conforme pasaban las horas se iba creando una atmósfera muy especial, menos formal, con un poquito más de familiaridad. A las 7 de la mañana acabamos de recoger nuestro material y salimos a toda velocidad para el aeropuerto. Era un lunes. Nos urgía llegar a México porque teníamos cita en Los Pinos para entrevistar al presidente Miguel De la Madrid.

–¿El mismo día?

–Si. Fue bastante fuerte el contraste entre las dos entrevistas. Con Miguel de la Madrid hicimos la clásica entrevista de jefe de Estado. Todo fue muy formal. El presidente mexicano contestaba estrictamente cada pregunta y esperaba la siguiente. Sin más”.
Después de su breve estadía en el Distrito Federal, Minà y su equipo volvieron a Cuba:

“La entrevista con Castro había sido tan larga que cambié todo mi plan de trabajo para el documental. Me pareció imperativo incluir material histórico, imágenes de archivos y de Cuba. Regresamos a La Habana para juntar lo que necesitábamos. El día de nuestra partida para Italia, Castro invitó a todo el equipo a comer. Estaba conmigo Mariana, mi hija de 15 años. Durante la comida imitó a su abuela Cuca (mi exsuegra), una cubana de armas tomar epidérmicamente anticastrista que prefirió irse a vivir a México después del triunfo de la Revolución. Fidel no paraba de reírse.

“Creo que fue también en esa comida que habló de cine con uno de los camarógrafos, Federico del Zoppo. Fidel se entusiasmo cuando supo que había trabajado con Luchino Visconti. Descubrimos que conocía toda la filmografía de ese inmenso realizador italiano. Recordaba detalles de cada película. Pero nos dejo a todos estupefactos cuando empezó a conversar con Federico sobre los movimientos de cámara muy peculiares de las que Visconti era muy aficionado”.

A medida que estuvo montando su documental y escribiendo su libro Habla Fidel, Miná entendió el verdadero alcance de todas estas horas de entrevista.

Recalca: “Castro decidió dar un carácter fuertemente histórico a esa entrevista. No quiso limitarse a lo político como lo hizo más recientemente con el realizador estadunidense Oliver Stone. Empezó hablando de él, de su país y su familia, pero muy pronto lo sentí dispuesto a profundizar sobre la Crisis de los Misiles, el tema de los Kennedy, la relación y los conflictos con los soviéticos. Estoy seguro de que fue por eso que Habla Fidel tuvo tanto eco”.

Más escasas son las anécdotas de Miná sobre la entrevista de 1990, la cual fue más “concentrada”.

“En esa oportunidad me sentí en confianza –cuenta– y le hice preguntas fuertes sobre el caso Ochoa y los derechos humanos. En un momento dado vi que estaba molesto. Contestó con dureza. Al final, el doctor José Millar, exrector de la Universidad de La Habana, que en ese entonces era uno de sus asistentes y que ahora encabeza el Polo Científico de Cuba, me dijo: ‘Esta vez, Gianni, te aprovechaste’”.

Doble rasero

Castro y Minà, sin embargo, se volvieron a ver en 1994 para una entrevista mucho más breve sobre las relaciones bastante frías entre la Revolución cubana y el Partido Comunista Italiano.

“Trabajamos sin cámara, sólo grabé sonido para radio y escribí un artículo de una página entera para La Unità, órgano del Partido Comunista italiano”, precisa.

Un año antes, en 1993, Minà se había lanzado en otra aventura: un viaje a La Habana para entrevistar a disidentes.

Insiste: “Actué en forma muy abierta y leal. Expliqué a la embajada de Cuba en Roma cuál era el tema de ese nuevo trabajo. No se me impidió hacerlo. Cité a mis entrevistados en un departamento que me había prestado una amiga mía, entonces corresponsal en Cuba de La Unità. Grabé dos horas con cada disidente. Preferí no filmarlos en sus domicilios personales para evitar cualquier problema con los Comités de Defensa de la Revolución”.

Agrega: “Unos disidentes me parecieron interesantes, otros se notaban abiertamente manipulados por Estados Unidos. Pero de regreso a Italia me topé con una sorpresa: ninguna cadena televisiva se interesó en mi material. Creo que mis interlocutores juzgaron que los disidentes no se veían muy convincentes y temieron que su testimonio le sirviera a Fidel. Nunca monté ese documental. Tengo horas de filmación guardadas en mi oficina (…) Lo más chistoso fue que a algunos dirigentes de la Revolución cubana tampoco les gusto mi iniciativa, inclusive creo que se alarmaron, pero respetaron mi independencia. Fidel nunca me hizo comentario alguno al respecto”.

A lo largo de las últimas décadas Minà multiplicó los viajes a Cuba. Durante siete años organizó una reseña de cine italiano en el marco del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que se celebra cada mes de diciembre en isla caribeña. Se convirtió en “defensor crítico” de la Revolución cubana batallando contra medios masivos de comunicación, intelectuales que califica de “arrepentidos” y dirigentes políticos de Europa.

“El anticastrismo europeo es muy complejo –explica el periodista–. Tiene diversas raíces. Muchos intelectuales queman ahora lo que adoraron en su juventud. Tuve fuertes polémicas con ellos, en particular con François Maspero, personaje casi mítico de la izquierda francesa que, a mi juicio, publicó reportajes mañosos sobre la situación cubana. ¡Pero no es la culpa de Cuba si los sueños revolucionarios juveniles de Maspero no se realizaron en Europa!”.

Cáustico, agrega: “En los últimos años la organización Reporteros sin Fronteras (RSF), que lleva una campaña sospechosa contra Cuba, causó estragos en Europa. Al igual que otros periodistas de Francia y Estados Unidos comprobamos que RSF recibe fondos del National Endowment for Democracy (NED), agencia de propaganda de la CIA, de firmas estadounidenses que apoyan la política guerrerista de George W. Bush y de Publicis, empresa privada estadunidense encargada de la promoción de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos”.

El cuestionamiento a estos fondos de RSF no es nuevo, pero se agudizó en el pasado mes de septiembre después de que Robert Ménard, presidente de la rama francesa de la organización, reconoció haber recibido fondos de la NED y del Center for Free Cuba, una organización de exiliados cubanos con sede en Washington.

Réseau Voltaire, una red de información alternativa francesa, acaba de publicar un informe muy crítico sobre el tema titulado Por qué RSF se desata contra Cuba, escrito por Jean Guy Allard, un periodista de Québec radicado en La Habana.

–Independientemente del origen de los fondos de RSF, es difícil negar que no existe libertad de prensa en Cuba…

–No lo niego. Soy el primero en desear que se acabe el sistema de partido único y que exista libertad de prensa en Cuba. Pero no acepto la manipulación desleal de este asunto y menos por una organización como RSF.

El tema enardece a Minà: “Los europeos siempre pretenden dictar cátedra sobre democracia, pero la situación de la prensa en nuestros países dista de ser idílica. Los medios masivos de comunicación dominantes se encuentran en manos de empresarios que están más preocupados por sus intereses económicos que por la información”.

Minà menciona su caso personal: a pesar de su fama y de sus largos años de trabajo, fue despedido en forma expedita por la RAI cuando Silvio Berlusconi llegó al poder. Enfatiza que sus convicciones y su libertad para expresarlas eran incompatibles con la política del líder derechista, y, luego también irritaron a algunos líderes de la coalición de centro izquierda.
“Me las arreglé trabajando con la BBC, con Robert Redford y muchísimas gentes más. Pero la situación de numerosos colegas, dados de baja conmigo, se tornó bastante critica”, destaca.

Insiste: “Estas arbitrariedades no justifican en forma alguna las limitaciones de la Revolución cubana. Como tampoco las justifica el hecho de que en toda América Latina se maten a periodistas y sindicalistas. Pero debemos ser parejos en las denuncias. Sólo en el sexenio de Vicente Fox se mataron a 21 periodistas. ¿Por qué RSF no lanzó una campaña contra el gobierno mexicano tan virulenta como la que desata contra Cuba?”

–Pero en sus informes, Reporteros Sin Fronteras también cuestiona al gobierno de México.

–Si, pero esa campaña dista de ser tan virulenta como la que desata contra Cuba.

Minà es también implacable cuando describe la actitud de los gobiernos europeos ante Cuba.

“En los últimos años hubo fuertes divergencias entre Estados Unidos y gobiernos nuestros. Medio Oriente, la guerra en Irak y los métodos de la presunta guerra contra el terrorismo fueron los temas de fricción más visibles. Pero hubo otros. Se dio entonces una especie de ‘trueque’ bastante cínico. Para compensar su inflexibilidad en ciertos campos, los gobernantes europeos se mostraron cada vez más duros con Cuba. Es una forma ‘facil’ de complacer a Washington que lleva medio siglo obsesionado por Castro”.

Indignado señala: “Me parece inmoral que estos gobernantes se olviden siempre que hasta finales de los años 90 Cuba tuvo que soportar atentados terroristas planeados por los anticastristas de Florida. Se trata de un terrorismo encubierto por la CIA que causo 3 mil 500 muertes y 10 mil heridos”.

La izquierda europea tampoco se salva de las críticas de Minà: “Estamos en una situación absurda –enfatiza–. Hay gobiernos de izquierda en la mayor parte de los países latinoamericanos. Son sumamente distintos los unos de los otros, pero para todos Fidel es una referencia. Por supuesto, no estoy diciendo que busquen imitar el modelo cubano, pero todos reconocen el espíritu de resistencia de Cuba como una fuente de inspiración. Esa es la gran herencia de Fidel Castro.

“A lo largo de casi 50 años Fidel mantuvo viva la llama de la resistencia para millones de latinoamericanos, más allá de todas las fallas, las deficiencias y los integrismos de la Revolución cubana (…) Es terrible constatar que parte de la izquierda europea sigue sin poder entender esa dimensión capital”.

Minà confiesa que oponerse a la “política de dos pesos, dos medidas de la que es víctima Cuba”, lo mantiene aislado en su propio país. “Se me respeta, pero no se me perdona mi posición”, admite.

–¿En ese contexto cómo explica que se haya decidido volver a publicar Habla Fidel y Fidel, cuyas ediciones anteriores están agotadas desde hace años?

–Business are business, comenta riéndose.

Y dice: “No pasa una semana sin que circulen rumores de todo tipo sobre la salud de Castro. Con su enfermedad Fidel volvió a ser noticia importante y es de nuevo un ‘producto rentable’ para las editoriales. Estas son las contradicciones de un mundo dominado por el mercado: se sataniza a Fidel al tiempo que se especula con él.

*Este texto se publicó originalmente en el año 2007, en la Edición Especial No. 20 de la revista Proceso.

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