Fidel Castro… “Casi como sus memorias” *

Fidel Castro con Ignacio Ramonet en Cuba. Foto: Cubadebate Fidel Castro con Ignacio Ramonet en Cuba. Foto: Cubadebate

A pesar de encontrarse enfermo, Fidel Castro corrigió e hizo agregados a Biografía a dos voces, libro polémico resultado de varias entrevistas –con duración total de cien horas—que el líder cubano concedió al periodista e intelectual francés Ignacio Ramonet. De esa manera, “Castro decidió asumir plenamente el libro casi como sus Memorias”, dice Ramonet, quien, en entrevista con Proceso, aborda algunos aspectos de la compleja personalidad de Fidel, a quien sin embargo califica como “un hombre tímido”, “caballero de otra época” que, pese a estar rodeado de personas, sufre “una profunda soledad”.

PARÍS (Proceso Especial).- Para Ignacio Ramonet no cabe la menor duda: Fidel Castro es uno de los políticos internacionales más censurados y vilipendiados por los medios masivos de comunicación dominantes de Europa.

“Abundan críticas y diatribas virulentas en su contra, pero nunca se le da oportunidad de expresarse”, denuncia.
Fue precisamente para luchar contra “semejante ostracismo” que el director de Le Monde Diplomatique quiso entrevistar largamente a Fidel Castro: “Dejarlo hablar, dejar que sus palabras se contrapongan a las múltiples voces que lo condenan, me pareció justo (…) simplemente democrático. Sólo así quienes se interesan por Cuba pueden tener elementos para forjarse su propio criterio”.

Ramonet expuso su proyecto a Castro a principios de 2002, espero su respuesta durante casi un año, hizo su primera entrevista con el líder cubano en enero de 2003 y la última a mediados de 2005. En total Castro y Ramonet pasaron unas 100 horas juntos.

Fidel Castro, una biografía a dos voces se publicó en España a finales de marzo de 2006. El libro empezó a circular por América Latina algunas semanas después y fue presentado en La Habana por el autor y su celebre entrevistado el pasado 19 de mayo.

“En esa oportunidad Castro recalcó públicamente: ‘En este libro se nota que Ramonet no siempre está de acuerdo con todo lo que hacemos, pero está bien así. Da su punto de vista y yo doy el mío”, precisa el director de Le Monde Diplomatique.

“Fidel Castro nunca me pidió la lista de las preguntas que le iba a hacer. Y desde el principio estuvo claro entre nosotros que no habría temas tabúes”, señala Ramonet

–Al leer su libro uno tiene la impresión de que hizo la lista completa de todos los interrogantes que plantean Fidel Castro y la Revolución cubana, de todas las acusaciones expresadas en su contra desde hace medio siglo y que le expuso esa lista tal cual.

–Así fue. Consulté a los mejores conocedores de la Revolución cubana que me propusieron una serie de preguntas embarazosas. Me comprometí a hacerlas todas. Me impuse esa obligación para poder resistir a la inmensa fuerza de seducción de Fidel.

–En varias oportunidades, como en el caso de la pena de muerte, se nota que usted se queda perplejo. Insiste con preguntas. Fidel busca convencerlo con toda una batería de argumentos. Entonces opta por dejarle la última palabra. No se lanza en una polémica con él. Prefiere pasar a la siguiente pregunta.

–Ese fue mi método de trabajo. No se trataba de un interrogatorio. No soy juez, ni policía. Soy periodista. No me correspondía opinar sobre las decisiones de Castro, sino preguntarle por qué las había tomado.

“Caballero de otra época”

Egresado de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, Ramonet es doctor en Semiología e Historia de la Cultura. Con el paso de los años se convirtió en afamado experto en geopolítica y estrategia internacional, jugó un papel relevante en la creación del Foro Social Mundial y de ATTAC, organización muy activa contra la globalización neoliberal.

Larga es la lista de los libros por él publicados, entre los más recientes destacan Marcos, la dignidad rebelde, Las guerras del siglo XXI e Irak, historia de un desastre. Pero resulta obvio que su Biografía a dos voces fue una experiencia profesional, intelectual e inclusive física fuera de lo común.

“De nuestras 100 horas juntos, tengo 50 filmadas. Usé grabadora a lo largo de 75 horas y el resto del tiempo conversamos de manera informal mientras comíamos, caminábamos y viajábamos juntos en Cuba o en Ecuador. Fidel Castro hablaba aún con más soltura sin cámaras ni grabadora y estos momentos fueron muy importantes”, advierte.

Según cuenta Ramonet, quien atiende a la reportera en su oficina de Le Monde Diplomatique, las sesiones de trabajo con su entrevistado lo apasionaron, pero lo dejaron exhausto. A menudo le tocó esperar durante horas antes de hablar con él. Nunca sabía cuánto tiempo iba a durar cada entrevista, tampoco sabía si habría otras ni en qué fecha estarían programadas.

Confía: “Muchas entrevistas empezaban a las 10 de la noche y acababan a las 3 de la mañana. Una vez salí del Palacio Presidencial mucho después del amanecer (…) Mi obsesión era no dormirme y seguir siempre alerta. Afortunadamente nos veíamos también los fines de semana, ya que Fidel Castro no para de trabajar un solo día. Me gustaron mucho estos sábados y domingos en los que nos veíamos de las 2 de la tarde hasta las 8 de la noche”.

En el prefacio de su libro Ramonet hace un discreto retrato del líder cubano. Se nota que busca proteger la intimidad que compartieron. Sólo comenta escuetamente a la reportera: “Aunque le parezca inverosímil, Fidel Castro es un hombre tímido. Habla a menudo en voz baja, a veces inaudible. El presidente (de Venezuela) Hugo Chávez cuenta que siempre le ruega hablar más fuerte porque no le oye nada (…) Lo vi sumamente pendiente de la gente que lo rodea. Jamás lo noté arrogante, ni aplastante, ni condescendiente. Tengo la tentación de decir que es un hombre sencillo, pero es absurdo porque, como quiera que sea, nunca deja de ser Fidel Castro (…) En realidad es un caballero de otra época. Me llamo también la atención su profunda soledad. Ciertamente Castro está rodeado por personas de altísimo nivel, pero entendí que nunca había vuelto a encontrar la complicidad absoluta –y sobre todo intelectual– que tenía con el Che Guevara”.

La polémica

Ramonet no dice más. Se tensa cuando se le inquiere sobre otros detalles personales de Castro. En cambio se muestra mucho más relajado, hasta divertido, cuando se le interroga sobre las polémicas que provocaron Biografía a dos voces.

“Estas surgieron el día en que El País publicó algunos fragmentos de la Biografía. Fue una campaña muy bien orquestada que nació en España y fue retomada por el exilio cubano de Florida. Circularon un sinnúmero de rumores en internet.

“Primero se dijo que lo había inventado todo, que no había podido entrevistar a Fidel Castro porque él ya estaba muerto (…) Luego salió la edición española del libro con fotos donde aparezco con Castro (…) Mis detractores no se desanimaron y lanzaron en internet testimonios de expertos que demostraban que estas fotos eran viles montajes”.

Se ríe: “Sus explicaciones técnicas sonaban tan convincentes que decidimos sacar la edición latinoamericana ya no con fotos, sino con un DVD en el que nos vemos los dos conversando (…) El contraataque no se hizo esperar. Muy pronto empezaron a correr nuevos rumores: esta vez se afirmó que me había dedicado a cortar y pegar partes de discursos de Fidel Castro y que en realidad habíamos hablado muy poco tiempo”.

–¿Usted no uso ningún discurso de Fidel Castro?

–¡Por supuesto que cito algunas partes de sus discursos! De vez en cuando Fidel Castro me dijo: ‘Sobre este punto es mejor que retomes tal o tal párrafo de tal o tal discurso, porque allí queda muy clara mi posición…’ Entre las 550 páginas de nuestras conversaciones, debe haber ocho o nueve que son tomadas de sus alocuciones”.

Asombrado por esa polémica que le parece absurda, Ramonet insiste: “Es algo totalmente normal. A mi me ha pasado lo mismo: recuerdo haber entregado a mis entrevistadores documentos en los que desarrollo detalladamente mi punto de vista sobre un tema determinado (…) Además muchas veces Fidel se cita a sí mismo en sus charlas y en sus discursos”.

Cuenta que la publicación de Biografía a dos voces tuvo otros “efectos colaterales asombrosos”:

“Al enterarse de que estaba a punto de sacar un libro de conversaciones con Castro, el dueño de la Voz de Galicia, un diario gallego en el que escribía una crónica semanal, decidió suspender mi colaboración de la noche a la mañana (…) Mi amigo Ramón Chao, que tenía también su columna en ese periódico, se solidarizó conmigo y renunció. Intelectuales de renombre como José Saramago y Eduardo Galeano, entre otros, protestaron. Se armó todo un escándalo. La libertad de prensa salió bastante maltratada de esa aventura”.

–¿Fidel Castro corrigió el texto antes de su publicación?

–Cuando nos pusimos de acuerdo para hacer ese libro, le dije que quería que lo revisara antes de enviarlo a imprimir. Por falta de tiempo y problemas de salud, Castro sólo echó una mirada a unos capítulos y el libro salio tal como lo escribí.

“Un poco antes de su operación, cuando ya la biografía había salido a la venta en España y América Latina, Fidel se dio cuenta de que Biografía a dos voces iba a quedar como la síntesis más completa de su vida y de su pensamiento. Hizo entonces el esfuerzo de volverla a leer de la primera a la última línea, hacerle unos cambios y agregarle información. Salieron fotos de él, encamado en el hospital, trabajando sobre el libro. En sus declaraciones públicas también enfatizó que estaba muy metido en esa labor. Eso para mi fue capital, porque implicó que Castro había decidido asumir plenamente el libro casi como sus Memorias”.

–¿Qué corrigió y qué agregó Fidel Castro?

–En la primera edición respeté lo más posible el tono hablado de nuestras conversaciones. En ciertas partes Castro dio un carácter más escrito a sus respuestas. No tocó el fondo, mejoró el estilo. Los documentos que decidió incluir en esa nueva edición, son apasionantes. Sólo citaré unos cuantos: la correspondencia que intercambió con Nikita Jruschov durante la crisis de los cohetes en 1962. Estas cartas sólo se dieron a conocer a contados especialistas en 1992, cuando se celebro el 30 aniversario de esa crisis. Muy interesantes también resultan las dos cartas, hasta ahora inéditas, que Fidel envió a Sadam Hussein en vísperas de la Guerra del Golfo en 1990.

–¿Qué le escribió Fidel Castro a Sadam Hussein?

–Le reprochaba haber invadido Kuwait, le aconsejaba retirarse de ese país y hacerles caso a las Naciones Unidas. Estas cartas van a sorprender a mucha gente. Lo mismo que las grabaciones de las conversaciones telefónicas que Fidel Castro sostuvo con un general que siguió fiel a Hugo Chávez durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el líder venezolano. El general estaba en el Palacio de Miraflores (residencia oficial de los presidentes de Venezuela). Castro habló largamente y varias veces con él, mientras Chávez era prisionero de los golpistas en un lugar desconocido”.

El subcomandante Marcos

–Al principio de ese mismo capítulo 24, dedicado a las relaciones actuales de Cuba con América Latina, usted habla del subcomandante Marcos.

–Así es.

–A lo largo de todo el libro, Fidel Castro contesta con lujo de detalles y digresiones a todas sus preguntas. Pero en el caso de Marcos se nota muy parco en sus respuestas.

–Entendí efectivamente que no quería ahondar en el tema por razones diplomáticas. Las relaciones entre Cuba y México siempre fueron muy especiales.

–Vicente Fox rompió estos lazos privilegiados. Eso hubiera podido dar más libertad de expresión a Castro…

–No estoy de acuerdo. Castro sigue siendo bastante cauteloso con México y por eso se limita a expresar generalidades sobre el subcomandante.

–Se siente una especie de distancia…

–En tanto que jefe de Estado, Castro no puede hacer la apología de una guerrilla aún si ésta tiene un estilo muy peculiar. Políticamente es imposible.

–Fidel es sumamente hábil y siempre encuentra la manera de decir lo que le importa decir. Con Marcos uno tiene la impresión de que no tiene mucho que decir.

–Creo que la experiencia zapatista es algo que no conoce muy bien. La siguió de manera indirecta, leyendo libros y artículos. Globalmente es elogioso con Marcos, pero se muestra prudente. También es bastante cuidadoso cuando habla de Colombia. Entendí que tenía mucho que decir, pero que prefería abstenerse porque la situación colombiana es demasiado compleja.

–Quisiera volver a Marcos y a la problemática indígena en general. Al leer Biografía a dos voces, uno siente que esa problemática ha sido ajena al pensamiento político de Castro durante mucho tiempo y que sólo la integró en los últimos años.

–No comparto su punto de vista, pero entiendo que pueda tener esa impresión. No hay que olvidar que la cuestión indígena nunca se planteó en el Caribe porque la población indígena fue masacrada durante la conquista y en las décadas siguientes.

Y es que –reconoce Ramomet– a diferencia del tema de los esclavos negros y su importancia en la liberación de América latina, a Castro “la cuestión indígena le es un poco más ajena”.

“Sin embargo –señala– pude comprobar que había leído todo lo que hay sobre esa cuestión y que el pintor ecuatoriano Guayasamín, que fue un amigo íntimo suyo, le había abierto el horizonte en ese campo. Castro está perfectamente consciente de que la cuestión indígena es un tema candente en América Latina y está siempre pendiente de todo lo que pasa al respecto en Ecuador, Perú, Bolivia, Guatemala…

Riendas sueltas

— En el DVD que acompaña su libro destaca su dilema como periodista: se nota que le apasionan las largas digresiones de Castro y que le preocupa perder el eje de su entrevista. De vez en cuando se ve que usted echa una mirada a la vez furtiva e inquieta a sus apuntes…

–Es cierto. Entrevistar a Fidel Castro es sumamente complejo. Es un seductor nato, un experto de la comunicación, un malabarista de ideas, un pozo de conocimientos, un hombre de una cultura inmensa que no esconde su fascinación por los debates.

“A lo largo de las 100 horas que hablé con él no quise encorsetar su forma de ser y de hablar. Respeté su manera de pensar que es arborescente: Castro empieza con un tema, pasa a otros y a otros más, para finalmente volver al punto de partida. Pero en sus digresiones dice cosas esenciales.

–¿Usted entonces buscó poner en evidencia al mismo tiempo lo que piensa Castro y como piensa Castro?

–Por supuesto. Independientemente de la opinión que se tiene de él, nadie puede negar que ese político marcó la segunda parte del sigo XX y que en el alba del XXI sigue siendo un referente, particularmente en América Latina. Saber cómo reflexiona un personaje de su envergadura es indispensable. La historia ocupa siempre un lugar muy importante en su forma de razonar.

“Por otra parte, su pensamiento político lo lleva a empezar con un problema social para enfocar el aspecto político ligado a ese problema y luego pasar a la teoría política. Para entender como funciona Castro, es preciso dejarlo con las riendas sueltas.

–El nunca contesta directamente. Siempre se empeña en contextualizar el punto sobre el cual se le interroga.

–Así es. Para sintetizar yo diría que Castro tiene una especie de pensamiento-catedral: da una profusión de elementos para ilustrar cualquier situación.

“Desde el inicio de mi trabajo, tuve una visión muy amplia de lo que quería hacer. Respeto y admiro a Gianni Mina y Frei Betto, quienes hicieron libros a partir de conversaciones con Fidel Castro. Son amigos personales. Pero su meta fue distinta de la mía ya que se enfocaron en temas específicos. Lo mismo hizo Tomás Borge. Yo quise abarcarlo casi todo para exponer el sistema político de Castro, su sistema de pensamiento político.

–Sobre la pena de muerte, se nota a la defensiva: denuncia la “hipocresía” de Europa occidental que suprimió la pena de muerte pero que de manera socavada comanda o tolera asesinatos políticos. Cita a España e Italia en su lucha contra la ETA y las Brigadas Rojas…

–Castro insiste sobre eso porque busca demostrar que nadie tiene autoridad moral para acusar a Cuba de no haber suprimido la pena capital. Reta además a sus detractores afirmando que en Cuba jamás hubo un solo desaparecido al estilo latinoamericano, ni ejecuciones extrajudiciales.

“En esa oportunidad se tensó nuestra conversación porque soy drásticamente opuesto a la pena de muerte y que critiqué públicamente la ejecución, en abril de 2003, de tres jóvenes que secuestraron un transbordador con decenas de pasajeros a bordo”.

Ramonet explica que había tocado largamente el tema de la pena de muerte en las primeras entrevistas que había tenido con Fidel antes del secuestro del transbordador. Castro le había confiado que estaba personalmente a favor de su abolición. Poco tiempo después, sin embargo, los delincuentes fueron fusilados.

“Me trastornó esa decisión –confiesa Ramonet–. Pedí volver a hablar del tema. No me convencieron sus argumentos, pero lo dejé contextualizar esa iniciativa muy grave.

“Ahora bien, a nivel internacional –y con justa razón se condenaron estas ejecuciones–, pero nadie nunca tomó el cuidado de explicar también que existen Cuba decenas de presos condenados a muerte que nunca fueron ejecutados, entre ellos se encuentra un salvadoreño autor de un atentado que le costo la vida a un turista italiano.

–En el prefacio de Biografía a dos voces, usted cita una frase del Che: “Una gran Revolución sólo puede nacer de un sentimiento de amor”. Cuando uno lee todo lo que dice Fidel Castro y cuando uno lo mira atentamente en el DVD que acompaña al libro, se divisa a un hombre inteligente, apasionado, convencido, ansioso de convencer y seducir, pero no se percibe, por lo menos no percibí, esa dimensión de amor…

–¿Realmente?

–En el DVD el único momento de emoción es el en el que Fidel habla del Che. Uno lo siente al borde de las lágrimas…

–Fue un momento muy denso. Entendí que sufrió muchísimo y sigue sufriendo por la muerte del Che y por todos los ataques en su contra que provocó esa muerte. Tengo la convicción de que su amistad fue excepcional y que desde que el Che desapareció Fidel está solo. Ambos compartían la misma visión del mundo. De hecho, ambos eran visionarios. Sé que para Fidel, el capítulo del libro sobre el Che es capital. Fue casi el único que revisó antes de la primera edición y lo volvió a trabajar atentamente para la segunda. Creo que lo que dice sobre el Che refuta todas las elucubraciones que circularon sobre su muerte. Fidel da elementos concretos que los historiadores deberán tomar en consideración.

–Ese momento de emoción es el único…A veces la cámara está muy cerca del rostro de Fidel y se queda bastante tiempo quieta, espiando el mínimo movimiento de sus párpados… Pero aún así, nunca se logra entrever a Fidel detrás de Castro. Su personaje parece perfectamente construido…

–En la primera versión del libro hablamos bastante de su padre. Sólo le hice una pregunta sobre su madre a la que, por pudor, contestó en forma muy breve. Fue un error mío que no pude corregir.

“Después de su grave operación Fidel escribió dos páginas sobrecogedoras acerca de su madre. Creo que el cansancio y la enfermedad lo llevaron a expresar lo que nunca hubiera dicho en entrevista. En esas páginas quien habla es el niño que fue Fidel y no el líder político. Esa parte le da una dimensión distinta al personaje.

–Lo creo, pero sigo sin sentir esa dimensión de amor que le importaba tanto al Che.

–No estoy de acuerdo con usted. Recuerde la parte del libro en la que Fidel habla de lo que hacen los 40 mil médicos cubanos esparcidos en los rincones más apartados de África y América Latina. Trabajan donde nunca van los médicos autóctonos ni tampoco los de organizaciones no gubernamentales de carácter internacional. Atienden a la gente más desheredada. Recuerde como Fidel habla de la Operación Milagro que permitió ya a 250 mil ciegos de países pobres recobrar la vista con operaciones gratuitas de catarata.

“Cuba no saca provecho mediático alguno de la entrega total de estos médicos porque los grandes medios de comunicación occidentales nunca mencionan sus actividades. Lo que mueve a Fidel es su generosidad, su amor al género humano y el coraje que siente ante la falta de acceso a la salud de millones de seres humanos.

“En Europa casi nadie sabe que una multitud de personas padecen ceguera simplemente porque son pobres (…) Esa situación obsesiona a Fidel Castro, por eso decidió enfrentarla. Creo que ese es el tipo de amor del que hablaba el Che”.

*Texto publicado originalmente en 2007, en la Edición especial No. 20 de la revista Proceso.

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