La Secretaría, históricamente necesaria: Tovar*

Rafael Tovar y de Teresa toma protesta como titular de la Secretaría de Cultura. Foto: Presidencia Rafael Tovar y de Teresa toma protesta como titular de la Secretaría de Cultura. Foto: Presidencia

El 19 de marzo de este año Proceso publicó la primera entrevista concedida de manera individual a un medio por Rafael Tovar y de Teresa, como secretario de Cultura. En ella habló de los programas que se proponía impulsar. A continuación se reproduce íntegramente el texto.

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- El primer titular de la Secretaría de Cultura en México esgrime razones de diversa índole para justificar la creación de dicha dependencia. En esta amplia entrevista –la primera individual a un medio–, Rafael Tovar y de Teresa hace un repaso histórico desde las primeras instituciones dedicadas al efecto. Se refiere a la controvertida vinculación entre la educación y la cultura, y dice que se dará a conocer un programa “sin precedente” en ese sentido. Además, cuestiona que la mera ley de protección al patrimonio sea suficiente para defenderlo, por lo que se compromete a convertir este campo en una política de Estado “que dé la base para las siguientes décadas”

La creación de un programa cultural “sin precedentes” vinculado al sector educativo; un reordenamiento administrativo para ahorrar recursos económicos y cumplir el mandato de Enrique Peña Nieto de no gastar “ni un peso más en burocracia”; y una nueva política cultural de Estado para la preservación del patrimonio, son algunos de los aspectos en los cuales ha estado trabajando Rafael Tovar y de Teresa como titular fundador de la Secretaría de Cultura (SC) del gobierno federal.

Está convencido de la necesidad de que los involucrados en la defensa del patrimonio, incluidos los gremios, “ampliemos nuestra visión” para reconocer que la sola aplicación de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos ya no es suficiente para protegerlo.

Lo está también de la creación de esta nueva secretaría de Estado para dar orden a las instituciones y dependencias que a lo largo de 27 años fue absorbiendo y aglutinando el ahora desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

En las espaciosas y agradables oficinas de la dirección general del Auditorio Nacional –con Gerardo Estrada al frente–,Tovar y de Teresa habla en entrevista con Proceso de esos temas, pero también destaca el papel jugado por el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño en la transición de Conaculta a la SC: Lejos de considerar que éste declinó en sus tareas sustantivas en materia cultural, le agradece haber asumido que era el momento de dar su propio espacio a la cultura.

–¿Por qué era necesaria la secretaría? ¿Cree que era la única opción para reorganizar la cultura y acabar con los vicios ancestrales? ¿Cuál es la diferencia entre una secretaría y un Conaculta reorganizado y legal?

–Yo creo que fue una medida históricamente necesaria.

Relata que desde la creación misma del Conaculta, en cuyos primeros años asumió Tovar la Coordinación de Asuntos Jurídicos, se planteó la posibilidad de crear la secretaría pero las condiciones del país “o no lo permitieron o la decisión política no pudo consolidarse”.

Para defender el porqué del ministerio inédito, hace un breve recuento de las instituciones predecesoras, desde la creación de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes con Justo Sierra –quien “impulsa los primeros trabajos de exploración arqueológica”–, luego la Secretaría de Educación Pública (SEP) con José Vasconcelos, pues ambas sientan las bases para la política educativa y la política cultural.

Pondera como un momento clave la creación, en 1939, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con Lázaro Cárdenas, “un presidente nacionalista que busca, a través del instituto, reafirmar lazos de identidad, un respeto por el pasado indígena, por el pasado cultural y arqueológico y, sobre todo, la protección del patrimonio como un elemento fundamental de unidad y cohesión nacional”.

Posteriormente el nacimiento, en 1947, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), con Miguel Alemán Valdés. Considera Tovar que el primero veía al país “hacia dentro” y Bellas Artes surgió ya no sólo con un sentido nacionalista sino “con una visión mucho más universal”.

En 1958, con Jaime Torres Bodet al frente de la SEP, nace la Subsecretaría de Cultura, encabezada por Amalia de Castillo Ledón, para coordinar las diversas dependencias del subsector cultural. Fue la antecesora directa del Conaculta, creado en diciembre de 1988 por decreto presidencial de Carlos Salinas de Gortari. Y de ahí, la Secretaría de Cultura, aprobada por los legisladores en diciembre pasado.

Al Conaculta se fueron incorporando diversas dependencias como la Dirección General de Publicaciones, la Red Nacional de Bibliotecas, el Instituto Mexicano de Cinematografía (adscrito entonces a la Secretaría de Gobernación) y luego todo el sector cinematográfico, hasta llegar a la Cineteca Nacional en 1995.

Según él muchas instancias se fundaron por necesidad social y cultural, “y sobre todo porque el Estado mexicano siempre ha tenido una muy clara responsabilidad en materia de promoción y difusión cultural”. Se crearon áreas donde “faltaban instituciones para tareas específicas”. Nacieron entonces el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), el Sistema Nacional de Creadores (SNC), el Centro Nacional de las Artes (aunque lo cierto es que ya existía el INBA en materia de educación artística), el Centro de la Imagen.

“Así se van ampliando las actividades, las acciones estructuradas en instituciones, y es necesario tener un proyecto institucional mucho más sólido, mucho más fuerte políticamente, con una mayor responsabilidad que es precisamente la iniciativa de crear la Secretaría de Cultura.”

A decir suyo tanto el Fonca como el SNC permitieron estructurar y sistematizar el apoyo del Estado mexicano a los creadores, “con reglas muy transparentes”. Se han apoyado, presume, a 3 500 artistas y 138 mil productos culturales entre libros, discos, cine…

–¿Ése es el contexto que da pie a la secretaría? ¿Era la única opción?

–Definitivamente. Estaba planteada la opción de un organismo descentralizado, no sectorizado, que es una forma administrativa pero tenía complicaciones jurídicas por los actos de autoridad de algunas de las instituciones que lo conforman como el INAH y el INBA, concretamente en la protección del patrimonio, porque descentralizados no pueden realizar actos de autoridad. ¡Vamos!, nos íbamos a meter otra vez en un enjambre jurídico. De ahí que Peña Nieto tomara la decisión de “dar un salto histórico” que permitiera hacer de la política cultural una política de Estado, no sujeta a los vaivenes gubernamentales coyunturales.

Cada gobierno, dice, podrá dar su toque a la política cultural, pero hay secuencias históricas que no pueden interrumpirse, y en ese sentido considera que la secretaría fortalecerá el quehacer cultural en tareas como la negociación de los recursos económicos con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que sabrá de manera directa las necesidades de las instituciones culturales y no a través de la SEP, y la relación con los estados de la República.

El secretario, quien como presidente del Conaculta solía declarar al ser cuestionado al respecto, que lo importante no era su legalización u ordenamiento sino que cumpliera sus tareas de difusión, admite ahora la existencia de “muchas duplicidades, hemos encontrado muchos programas que han continuado simplemente por inercia”. Y ve en la secretaría la posibilidad de un mejor manejo institucional, de redefinición de la vocación de las instituciones:

“Hemos tomado estos meses con muchísima intensidad para hacer un trabajo hacia adentro de la propia institución: El reordenamiento jurídico, el reordenamiento administrativo y la reasignación de recursos para los programas por encima de las propias estructuras administrativas. Yo recibí una instrucción muy clara y estoy haciendo todo para cumplirla:

“El presidente me dijo: ‘Ni un peso más para burocracia’, es decir para estructuras administrativas ni nuevos puestos. Y estamos en esto, creo definitivamente –conociendo a las instituciones, conociendo al Conaculta– que entre todo el equipo hemos detectado todo esto de lo que hablaba, para dedicar los recursos al trabajo sustantivo como una prioridad real.”

Acto de responsabilidad

Cuando a principios de diciembre pasado comparecieron el titular de la SEP Aurelio Nuño y Tovar en la Cámara de Diputados, para defender la creación de la Secretaría de Cultura, sorprendió que el primero argumentara que no tenía tiempo para dedicarle a la cultura y declinara de esa manera una tarea que había sido consustancial de la educación.

–Es difícil imaginar a un secretario como Torres Bodet o a José Vasconcelos diciendo eso, pues fueron gente muy interesada en la cultura, intelectuales –se le comenta a Tovar.

–Miren, yo les contestaría esto: La frase hay que entenderla en su contexto. Primero, Torres Bodet y Vasconcelos atendían países con unas comunidades educativas infinitamente menores a la actual, en una complejidad menor en lo político y en lo sustantivo. En el año 2016 tenemos 264 mil escuelas en el sistema educativo –con cerca de 30 millones de estudiantes, nada más en educación básica– que está en proceso de una reforma educativa con objetivos muy claros y es necesario darle toda la energía y la fuerza que se merece.

“En la época de Vasconcelos cuántos museos había en el país, no existía la Red Nacional de Bibliotecas, ni el Fonca, no había el 60% de lo que ahora tiene la secretaría. Creo, sin lugar a dudas, viendo el patrimonio que atendemos nosotros –ustedes lo saben–, es el número uno de América Latina, el sexto en el mundo, tenemos el quinto lugar en diversidad lingüística, el cuarto en memoria histórica… son cosas que crecieron de los años cincuenta o sesenta al día de hoy, que ameritan la creación de una institución per se.”

Exalta entonces:

“Yo creo que, al contrario, fue un acto de gran responsabilidad de Aurelio Nuño el poder decir: La prioridad de la Secretaría de Educación Pública es la educación misma, en un país de 30 millones de niños, como estábamos diciendo.”

Apunta que hacia finales de los años sesenta la población en educación básica era la mitad o las dos terceras partes. Actualmente, además, tiene “probablemente la infraestructura cultural más importante de América Latina” con mil 205 museos, 22 mil bibliotecas, cerca de mil teatros, 800 auditorios, todo ello –insiste– requiere de una organización y una atención y no “convertirse en un eslabón más de la cadena educativa”.

Tovar aprovecha para responder a los especialistas y estudiosos de la cultura, que consideran la creación de la Secretaría de Cultura como el fin del histórico vínculo con la educación, como lo expresaron algunos de ellos en estas páginas en septiembre pasado (Proceso, 2028).

Él mismo recuerda que entonces se argumentó que la unión entre educación y cultura fue un concepto iniciado por Vasconcelos, aunque añade que también lo hizo Justo Sierra. Sin embargo, informa, desde la época del mismo Torres Bodet, pese a que “creó la gran red de museos” (entre ellos el Nacional de Antropología, el de Arte Moderno), las tareas educativa y cultural se desligaron “por completo”.

Ahora, asegura, ya no hay programas del sistema educativo que aprovechen la tarea cultural, pues éste no es el consumidor natural de las acciones culturales, no obstante se invierte en ellas “mucho dinero”.

Anuncia entonces que con el secretario Nuño está trabajando en un programa “bastante ambicioso” de promoción artística, que consistirá en cerca de 50 acciones para “llevar la cultura a las escuelas”. Con ese fin se están preparando promotores culturales y los contenidos para las escuelas, sobre todo las de tiempo completo:

“De tal manera que en la primera mitad de este año podremos estar anunciado este programa de educación y cultura, sin precedente. Es el paso que debió haber tenido de un modo natural la integración de la cultura en la educación durante las últimas décadas.”

Y reitera:

“Finalmente, la responsabilidad educativa es tan grande que absorbe prácticamente toda la atención y toda la energía. Yo creo que al contrario, (el de Nuño) fue un acto de gran responsabilidad y sobre todo de gran visión de lo que necesita el país para tener una Secretaría de Educación y una de Cultura.”

–Es sorprendente el dato de que México hubiera abandonado la vinculación entre educación y cultura desde entonces, teníamos la idea de que esta relación se había mantenido de alguna manera, si bien la cultura se había sostenido y la educación declinó… de hecho la educación artística no está incorporada al sistema educativo.

–Están poniendo el dedo (en la llaga). Les doy información de memoria, pero precísenla: la educación artística se le asigna al INBA y se reitera en el decreto que creó al Conaculta, pero el INBA no atiende a más de 12 mil alumnos en un esquema de 30 millones en educación básica, ¿qué más quieren que les diga?

Según información de la página web de la propia Secretaría de Cultura, en el 2011 las cuatro escuelas de iniciación artística del INBA en la Ciudad de México, donde se imparten cuatro disciplinas (artes plásticas, música, teatro y danza) atendían a cerca de dos mil 500 alumnos, y “no hay otro sistema de este tipo que ofrezca tantos perfiles de egresos”.

Con el nuevo programa, agrega, se tendrá cine en la escuela, visitas a zonas arqueológicas y museos, “20 mil cosas que simplemente por voluntad no se habían hecho, así de sencillo”. Confía además en que, con la tecnología, podrán ponerse pantallas en las escuelas para transmitir actividades diversas.

Ampliar visiones

Durante su primera conferencia de prensa como secretario de Cultura, en diciembre pasado, Rafael Tovar, habló de construir una política cultural de Estado, aunque rebatió a quienes lo han criticado por no tener una política cultural. Se le pregunta cuál será la diferencia de la política cultural del Conaculta con la secretaría.

“En primer lugar la protección del patrimonio es sin duda una de las tareas mayores en una institución cultural. Al margen de las cuestiones gremiales, de los temas polémicos –que nos podríamos meter–, el INAH fue creado fundamentalmente para la protección del patrimonio y para su estudio a través de la antropología y de la historia, para lo cual se crearon instituciones y plataformas.”

Expresa que el primer problema nace cuando ocho años después se crea el INBA y se fracciona la protección del patrimonio, pues a este instituto corresponde la protección del patrimonio moderno, que es el del siglo XX. Asimismo, la Dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural se encarga de los bienes nacionalizados por Benito Juárez con las Leyes de Reforma, son los monumentos religiosos, más de cien mil, informa.

Y menciona que hay más instancias relacionadas con la protección del patrimonio y él, desde el Conaculta, ya “trataba de que todo actuara del modo más coordinado”, pues cada uno de los institutos tiene su ley, y además está la Ley General de Bienes Nacionales. En 1972 se promulga la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, que “es la única que prevé la protección del patrimonio, pero es de hace 45 años”.

Puntualiza de inmediato:

“No estoy diciendo que se cambie la ley de 72, pero sí que ampliemos nuestra visión para reconocer que el patrimonio ya no se puede proteger únicamente con su cumplimiento. Esto es muy importante.”

Enumera disposiciones como las leyes de desarrollo urbano y las de asentamientos humanos, así como los planes de desarrollo de cada una de las ciudades donde hay patrimonio, y algunas de las cuales están en la nueva Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), que intervienen también. E insiste:

“Si creemos que únicamente con la ley se puede proteger todo, vamos camino a la destrucción.”

Tras afirmar que es difícil desarrollar una verdadera protección del patrimonio, propone fortalecer las instituciones encargadas de ello, pero reconociendo estas nuevas situaciones.

“A donde yo quisiera llegar durante estos años es a crear un concepto de protección que dé para las siguientes décadas, no que se esté sosteniendo en lo que se hizo o no en los últimos años.

“Ha habido mucha destrucción, entre otras cosas porque algunas de las instituciones del propio Estado, como es el caso del INBA, no disponen de infraestructura humana para la protección, no tienen inspectores, no se han autorizado, no existen, y estamos hablando nada más de la Ciudad de México. El INAH tiene la responsabilidad en todo el país, con sus delegaciones estructuradas, con espléndidos funcionarios, comprometidos, sus arquitectos restauradores, todos, pero ya no es suficiente eso para atender todo el país en términos arqueológicos e históricos.”

Plantea que sin perder la tradición histórica de protección del patrimonio del país, este campo de la cultura se convierta en una política de Estado, “que dé la base para las siguientes décadas”, pero con nuevos esquemas, pues los actuales sólo atienden coyunturas, “el problema o la destrucción de esta mañana, porque los criterios generales ya no operan”.

–Dice que no se modificaría la ley del 72, ¿cómo sería entonces?

–No, lo que creo es que deberíamos tener un concepto de patrimonio cultural que no nada más involucra la responsabilidad de las instituciones culturales, sino a otras áreas como las que estaba yo señalando. Y que si bien la protección es responsabilidad nuestra, no podemos dejar de reconocer la importancia, en un momento dado, de un plan urbano de una ciudad, que va a decir dónde va a crecer, que va a aplicar individualmente a espacios muy concretos la ley que ejerce el INAH.

“¿Cuál es el paso, en ese sentido? Reconocer que hay otros actores en la protección del patrimonio cultural, aunque las instituciones culturales, lo digo tal cual, tienen que ser el protagonista principal y quien dicte los criterios. Esto, en sí mismo, justifica la creación de la Secretaría de Cultura y sienta las bases para las próximas décadas de lo que habrá de convertirse en una verdadera política de Estado.”

–Dice que será una de las políticas de la Secretaria de Cultura, pero hay otras áreas, que directa o indirectamente inciden en la protección o desprotección del patrimonio cultural, hay desarrolladores de vivienda, megaproyectos como la minería, quizá entre en conflicto con secretarías como la de Economía.

–Totalmente, pero no por evitar diferencias de criterio evadiremos entrarle al problema, entrarle al toro, depende de cómo se integre todo.

Añade en este sentido que la nueva secretaría podrá desarrollar un trabajo transversal mucho más amplio con otras áreas del gobierno, por ejemplo la Sedatu o la Secretaría de Turismo, para que toda la inversión que hace el Estado en protección del patrimonio “sea un motivo de orgullo para mostrarla al exterior”. Con Economía le interesa abordar el apoyo a los pequeños empresarios culturales, particularmente del ámbito digital. En Educación se hará el programa antes mencionado y con Relaciones Exteriores se profundizará en la política cultural internacional.

Se le comenta que parece utópica la vinculación con otras secretarías, a lo cual responde que será posible sin invertir más recursos, sólo con mucha mayor coordinación. Menciona que su equipo de colaboradores está acostumbrado a las batallas, y a manera de ejemplo recuerda que en 1995 enfrentaron un recorte presupuestal y no se paró la actividad cultural, y una situación parecida vivieron entre 2013 y 2014 debido a la deuda de 2 mil millones de pesos dejada por su antecesora, Consuelo Sáizar, al tiempo que la SEP les retiró cerca de 900 millones de pesos, “y no dejamos de trabajar”.

Se le insiste en que hay un avasallamiento de los espacios artísticos día con día ante la falta de protección, un sistema neoliberal que pone al dinero por delante de cualquier interés de preservación. Reitera: el gran aliado es la sociedad.

Reingeniería

Entre los argumentos dados por Nuño y Tovar en la Cámara de Diputados para justificar la necesidad de la Secretaría de Cultura, está la burocracia del entonces subsector cultura. En su momento, diversos especialistas han señalado las duplicidades y vicios administrativos del Conaculta. La pregunta es entonces si desaparecerán algunas áreas:

“Lo que se debe lograr es una mayor coordinación por temas.”

Pone como ejemplo el área de Publicaciones, en la cual dice que hay como 20 instancias. Algunas hacen ediciones académicas, otras catálogos artísticos, etcétera, pero buscarán una mayor coordinación entre ellas y al mismo tiempo aprovechar las nuevas herramientas para hacer catálogos digitales.

El propósito será terminar con la “anarquía editorial”, y evitar que el destino de algunas ediciones sea una bodega, se debe “analizar muy bien, para que lo que se publique tenga un destinatario, un lector, un estudioso, un investigador real”.

Subraya que por la vía digital podrán realizarse ediciones en temas como el cine, el audiovisual, el patrimonio cultural y la difusión de las artes:

“En eso estamos trabajando y nos ha hecho quitar muchas áreas que hacen lo mismo por todos lados, con equipos diferentes, unas muy mal pagadas, hasta con cierta frustración de que su trabajo no se vea, y creo que una alineación en el tema muy concreto de publicaciones lo vamos a ver.”

Será igual en el tema internacional, el área de compras que será a través de comités y con mayor transparencia, asegura:

“Todo esto lo estamos trabajando y se integrará en un reglamento que esperamos tener el próximo mes, que integre una estructura administrativa, una estructura ya como secretaría, que sin crear nuevos puestos de trabajo le dé la fuerza de una secretaría de Estado.”

–¿Veremos la desaparición de algunas áreas, por ejemplo alguna de Publicaciones del INBA o la que era del Conaculta? –se le pregunta para terminar.

–No me atrevería a decírselo todavía, espéreme tantito

*Texto publicado originalmente el 19 de marzo de 2016.

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