Rafael Tovar: su legado

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El prematuro y lamentable deceso de Rafael Tovar y de Teresa, quien vivió la cultura como pasión personal y como servicio público, deja un impresionante legado en el sector que dirigió durante 12 años: Construcción de instituciones e infraestructura, apoyo a la creación artística, preservación y difusión del patrimonio, promoción de la lectura, ampliación mejorada de la oferta y la cobertura cultural, presencia del arte de México en el extranjero.

A lo largo de su brillante trayectoria de más de cuatro décadas, Tovar desempeñó sus cargos con un profundo conocimiento del ramo, además de inteligencia, honestidad y responsabilidad pública en beneficio de la nación, de la comunidad artística e intelectual, así como de la sociedad en su conjunto a las que sirvió.

El primer secretario de Cultura del país estuvo dotado de cualidades personales y profesionales difíciles de reunir en una sola persona e idóneas para los puestos que ocupó: Una cultura enciclopédica aunada a una avidez de conocimiento sobre todos los temas, tanto artísticos como científicos, históricos y políticos; un intelecto claro enriquecido por una refinada sensibilidad, así como un ejercicio sutil de la autoridad capaz de estimular la creatividad de sus colaboradores. Mediante esos méritos consiguió el respeto y la confianza de los tres presidentes para quienes trabajó (Salinas, Zedillo y Peña), lo cual le confirió una amplia libertad y autonomía para desarrollar sus funciones con eficacia y entusiasmo.

Tovar no dio un uso patrimonialista al poder que le fue conferido, lo cual lo convierte en un ave rara dentro de la administración pública nacional. Muy temprano se dio cuenta de las consecuencias de utilizar el cargo como arma ideológica en beneficio de un grupo, como le ocurrió a su antecesor, Víctor Flores Olea, primer presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, quien se vio obligado a renunciar tras la protesta de Octavio Paz por el apoyo que brindó el funcionario al “Coloquio de invierno”, organizado por la revista Nexos en 1992, dos años después de que la revista Vuelta, dirigida por el poeta, había transmitido a través de Televisa el encuentro “La experiencia de la libertad”.

Previamente, Flores Olea se había opuesto a la exposición “Esplendores de treinta siglos”. Fue gracias a Rafael Tovar, en su calidad de Coordinador de Asuntos Internacionales del Conaculta, que la más importante muestra que haya sido presentada en el extranjero sobre el arte mexicano, desde la época prehispánica hasta el siglo XX, pudo ser inaugurada en el Museo Metropolitano de Nueva York en octubre de 1990.

En reconocimiento a su labor en la organización de esa magna exposición, en 1991 Tovar fue nombrado director del Instituto Nacional de Bellas Artes y al año siguiente se convirtió en el segundo presidente del Conaculta, en sustitución de Flores Olea. Su gestión estuvo normada por la prudencia en el trato con la diversa y compleja comunidad artística a fin de tener una interlocución respetuosa con ella para evitar desa­venencias o escándalos. Lo logró mediante el uso de su olfato político y de sus dotes diplomáticas.

También tuvo una relación de cordialidad y respeto con seis de los siete secretarios de Educación con quienes convivió dentro del gabinete de los presidentes mencionados. La excepción fue Emilio Chauy­ffet, secretario de Educación durante los primeros tres años de la presente administración, cuya vanidad lo hizo presa de una incontrolable envidia contra Rafael Tovar. La disfuncionalidad de tal relación condujo finalmente a la creación de la Secretaría de Cultura, decisión que su primer titular calificó de “necesidad histórica” (Proceso 10/XII/16).

Aunque pudo haber favorecido sus propios gustos, Tovar no quiso imponer una cultura oficial. La situación del país que le tocó vivir fue muy distinta a la que enfrentaron sus tres ilustres antecesores. Justo Sierra, José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet tuvieron que combatir el analfabetismo que padecía 80% de la población (en 1920), y a la vez crear un sentimiento de identidad basado en la cultura que condujera a la unidad nacional, como se manifestó en el surgimiento del nacionalismo revolucionario ideado por el autor de Ulises criollo. Acaso pudo ser más incluyente, pero Tovar fue respetuoso de la diversidad y pluralidad cultural del país.

En el Primer Informe de Labores de la Secretaría de Cultura 2015-2016 se mencionan seis objetivos: Promoción y difusión del arte y la cultura mexicanas dentro y fuera del país; impulso a la educación y a la investigación artística; fortalecimiento de la infraestructura cultural; defensa del patrimonio y la diversidad culturales; apoyo a la creación artística, y uso de la tecnología digital. Asimismo se destaca el resguardo de 187 zonas arqueológicas abiertas al público, 142 museos y 7 mil 413 bibliotecas, así como el otorgamiento de casi 12 mil apoyos y becas para la creación artística en lo que va del sexenio, entre los 2.6 millones de actividades del sector realizadas durante ese lapso.

Conaculta estaba constituido por 11 entidades paraestatales y órganos desconcentrados –incluidos el INAH y el INBA– y 13 direcciones generales. Aún se ignora cómo se reestructurará ese vasto y complejo aparato burocrático. Tampoco se conoce la planta laboral de la institución ni el porcentaje de sus recursos financieros destinados a gasto corriente. El presupuesto de la SC en 2016 fue de 15.2 mil millones de pesos, en 2017 disminuirá a 12.4 mil millones.

El país sigue a la espera de la Ley General de Cultura que norme la organización y el nuevo proyecto de la naciente secretaría. La nueva institución enfrenta el enorme desafío de perfeccionar lo ya realizado, al tiempo de superar los rezagos que persisten en el sector, derivados de la desigualdad social y educativa del país. Asimismo, será necesario racionalizar el gasto, evitando la dispersión de recursos y la duplicidad de acciones, además de regularizar la situación laboral y sindical del organismo. Rafael Tovar contaba con la solidez intelectual, el profesionalismo y la visión para enfrentar esa inmensa responsabilidad.

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