Crisis y reestructuras

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En poco más de una semana el sector de la cultura y de los medios sufrió una profunda sacudida: muerte del Secretario de Cultura, despidos en la empresa de Azcárraga Jean, cambio en Difusión Cultural, en TV y en Radio UNAM.

Televisa se deshace de tres programas a cargo de antiguos colaboradores, Adela Micha, Brozo y López Dóriga, más el despido de 6 mil empleados. Ese hecho recibió la mayor atención mediática, aunque es sólo la punta del iceberg. Por debajo se encuentra la crisis de fondo de una empresa que apostó todo, desde hace tres sexenios, al favor gubernamental manifestado en la devolución de 12% de tiempo fiscal con Fox; miles de millones de pesos en anuncios federales con Calderón; venta cuantiosa de la imagen de Enrique Peña Nieto en su calidad de gobernador del Edomex y en su candidatura a la presidencia. En este sexenio se le condonan 3 mil millones en impuestos, se invierten sumas escandalosas en publicidad oficial, se le permite utilizar el cambio digital.

Descuidó así su producción propia, la que le dio singularidad en el mundo: las telenovelas. No quiso transitar a un modelo contemporáneo de ficción, más audaz, menos mojigato para competir con las compañías generadoras de series. Pretendió seguir como un monopolio en materia de contenidos, y para eso adquirió compañías de cable en el país hasta llegar a 60%. Al serle concedido el triple play, reconvirtió Cablevisión a IZZI, ofreció telefonía e internet. Creyó que sería fácil saturar a los suscriptores con sus productos también en la red, creando Blim, plataforma parecida a Netflix. Completó su apuesta a una sola carta con sus noticiarios, favorables siempre al poder establecido, a los empresarios nacionales y extranjeros sin aceptar la pluralidad ya inevitable y confiando en el control gubernamental de la libertad de expresión en México.

La crisis económica que nos agobia le pega a Televisa de manera severa por su alto endeudamiento: 6 mil 487 millones de dólares (Galván Ochoa). Por la baja en la venta de productos al exterior, por el aumento en el precio de los derechos para difundir señales estadunidenses. Cuando quiso virar era tarde. La pérdida de credibilidad no logra remediarse con la salida de López Dóriga y la llegada de Denise Maerker. Ni la baja en su audiencia comprando series o telenovelas. Mucho menos con el nuevo logo de Canal 2. Ni lo hará con la entrevista a Andrés Manuel López Obrador.

En este tenor los nombramientos de la UNAM abren una posibilidad. La expectativa es alta. Esperemos que Jorge Volpi, Armando Casas y Benito Taibo sepan pulsar el ánimo de los universitarios, actualicen la difusión cultural para llevar los conocimientos y la crítica al modelo actual, generados por la Máxima Casa de Estudios, fuera de los muros del campus, con calidad y eficacia.

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