VII Huapango del Día de los Inocentes

martes, 3 de enero de 2017 · 10:39
CIUDAD DE MÉXDICO (Proceso).- La tarea de la preservación del Son Jarocho se ha tomado muy en serio en los últimos años, y las nuevas generaciones están revalorando esta música presente en el sur de Veracruz desde hace alrededor de cuatro centurias, ni más ni menos. Varios esfuerzos se llevan a cabo desde hace al menos una década en diferentes locaciones del estado, como Jáltipan, Playa Vicente y Santiago Tuxtla, por grupos y colectivos, como Los Cojolites y su Centro de Documentación o Los Soneros del Tesechoacán, y su festival anual, por dar sólo un par de ejemplos. En esta ocasión tocó el turno a Acayucan y el Huapango del Día de los Inocentes que el pasado miércoles, en su séptima edición (al igual que los esfuerzos citados), se centra en la importancia del son como herramienta de unificación social, ya que reúne a la comunidad local y a visitantes de diferentes latitudes. Iniciativa del Colectivo Altepee y de los vecinos del pueblo, el fandango se ha convertido en una fuente de aprendizaje y comunión, como cuentan miembros del colectivo para esta columna: “Básicamente, era para convivir y empezar a hacer nuestros fandangos dentro del pueblo. Por fin podíamos festejar con la gente con la que convivimos y trabajamos durante todo el año. Este huapango ha sido para nosotros cada año un espacio de aprendizaje y de entender que nuestras músicas tradicionales son parte de un todo, pues aprendemos desde cómo sacrificar al animal que se usa para la comida y que es para todos, el poner lonas, hacer los tamales, colocar sillas para todos los presentes, que la tarima esté en buen estado para zapatear, hacer los adornos para que se vea bonito y todo lo que implica preparar una celebración.” Vale comentar que, no obstante, la preservación del género es importante para la vida cultural del país, debe entenderse su origen completamente rural y la situación social y económica de aquellos en los cuales la tradición ha ido deteriorándose gravemente. Comentó el Colectivo Alteppe: “Rápido nos dimos cuenta de que el asunto es más complejo que solamente tocar la jarana. Más bien el contexto en la comunidad estaba difícil y era el que se tenía que preservar, así que hicimos uso de las herramientas modernas, como el audio y el video, para poder reconocernos, saber de nuestra comunidad y que los otros se reflejaran en ellos. Con estas herramientas también se apoyan iniciativas de la región para la preservación de la naturaleza, y tratamos de exponer problemáticas como los megaproyectos que afectan a la región, la concesión de la tierra para el uso minero o la extracción del petróleo conocido como fraking. Es decir, para preservar el son tenemos primero que preservar y compartir el conocimiento que se genera en nuestro entorno.” El festejo, realizado en el barrio Zapotal de Acayucan, no cuenta con ningún tipo de apoyo municipal, estatal o federal, es una fiesta que el pueblo realiza por el amor a su música y el espíritu de comunidad que ésta genera. “Es difícil el trabajo cultural en estas regiones donde el apoyo de las instituciones es nulo o condicionado, este huapango es como un ejercicio para el aprendizaje de la convivencia en comunidad, y este tipo de educación no la encuentras ni en la escuela y a veces ni en la familia, y es algo que en el mundo hace mucha falta.”

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