Valparaíso, tierra de incendios

Los escombros tras un incendio en Valparaíso, Chile. Foto: AP / Luis Hidalgo Los escombros tras un incendio en Valparaíso, Chile. Foto: AP / Luis Hidalgo

VALPARAÍSO, Chile (apro).- Cuando las secuelas del “mega incendio” que afectó a Valparaíso entre el 12 y el 16 de abril de 2014 –que provocó 15 muertes, más de 500 heridos, mil 90 hectáreas quemadas y casi 3 mil casas destruidas– aún no terminaban de superarse, el pasado 2 de enero otro gran fuego afectó a esta ciudad porteña. Éste destruyó 250 casas y devolvió la angustia a sus residentes cuando éstos aún no concluían sus festejos por el cambio de año. Fue la peor resaca imaginable.

Esta emergencia, que esta vez no provocó víctimas fatales, generó interrogantes en los medios de información chilenos y extranjeros: ¿Qué se hizo mal y qué no se hizo para que una vez más un incendio de origen forestal afectara a tantos sin que hayan funcionado los resguardos adecuados?

El joven abogado del izquierdista Movimiento Autonomista, Jorge Sharp, quien el 6 de diciembre asumió la alcaldía de Valparaíso liderando una coalición ciudadana, apuntó directamente contra el modelo económico al denunciar que los responsables de esta emergencia son las plantaciones de eucaliptus y la desigualdad que hace que siempre los afectados de los numerosos incendios que afectan la ciudad sean los mismos: los más pobres.

“Los sectores altos se encuentran infectados de eucaliptus, que es una especie introducida y no nativa. Lo que han hecho éstos es transformar el ecosistema de los sectores altos de la ciudad haciéndolo secos y no húmedos, como era históricamente.Lo que tenemos que hacer es reforestar con especies nativas para prevenir incendios”, señaló Sharp.

Sharp declaró esto el miércoles 3 tras participar en el Comité de Emergencias (COE) realizado durante la tarde de ese día. Al salir de la reunión, dijo a los periodistas presentes en la Intendencia Regional de Valparaíso que, pese al impacto del mega incendio, esta ciudad no cuenta con un Plan Maestro para prevenir las emergencias, lo que fue interpretado como una crítica contra el gobierno.

Ese mismo día, tras visitar el Polideportivo de Playa Ancha, donde se concentró la ayuda a los damnificados, la presidenta Michelle Bachelet refutó los dichos del alcalde y sostuvo que si existía un Plan Maestro. Sin embargo, de ser así éste no es conocido por la comunidad ni por las autoridades locales.

Hay que considerar que antes del gran incendio de 2014 diversas dependencias gubernamentales habían advertido respecto de la necesidad de implementar medidas para evitar una tragedia.

La Corporación Nacional Forestal (Conaf) en agosto de 2012 emitió un informe en que alertó que en la parte alta de Valparaíso existían las condiciones que hacían inminente un gran incendio.

Si bien tras la tragedia de 2014 se inició un programa de limpieza de quebradas y microbasurales a cargo del municipio –que entre 2008 y 2012 estuvo comandado por el derechista Jorge Castro–, ni el municipio ni el gobierno de Bachelet tomaron medidas de fondo para acabar con la amenaza.

Rectores y Ejército, corresponsables

Tal como en abril de 2014, el lunes 2 el fuego comenzó en una zona de protección ecológica, en el sector La Pólvora, muy cerca del vertedero de basura y de la cárcel de Valparaíso. Esta vez inició específicamente en el fundo Quebrada Verde, recinto administrado por el Consejo de Rectores de la Región Valparaíso (Cruch Valpo), instancia que reúne a las tradicionales universidades de Playa Ancha (Upla), Valparaíso, Federico Santa María y Católica de Valparaíso.

Pese a las numerosas teorías respecto del lugar de inicio del fuego, este corresponsal accedió al sitio del suceso en compañía del testigo clave, Jonathan Fabres, vecino del sector que llegó antes que nadie al primer foco del incendio. Allí describió los hechos, dejando claro el carácter intencional del incendio.

Fabres dijo que, pocos minutos después de las 13:00 horas del 2 de enero, escuchó por radio una alerta de Bomberos: “Despacha clave 2”, que significa “incendio forestal”.

Esa primera alerta afirmaba que el incendio se había iniciado en el parque municipal Quebrada Verde, donde él es guardaparque… pero él no veía fuego ahí.

“Salí a la entrada y veo –a la distancia– que ya había una columna de humo…. caminé, caminé y llegué donde estaba el fuego”, señaló.

Fabres –que también es bombero– cuenta que avisó a las brigadas antiincendios de la Conaf, una de cuyas unidades llegó en cinco minutos. Pero en ese lapso el fuego había avanzado varias decenas de metros con dirección a un campo de entrenamiento que el Ejército tiene en este lugar.

“El fuego tenía dirección horizontal, corría arrastrado (…) se arrancó y se hizo imposible detenerlo”, dijo Fabres.

Cuenta que no vio arrancar a nadie en la zona del incendio, pero comparte que como a las 18:00 horas apareció otro foco de fuego en las proximidades del vertedero Los Molles, en contra de la dirección del viento, lo que indicaría que necesariamente fue intencional el siniestro.

En cosa de minutos las llamas entraron al Campo de Entrenamiento Eleuterio Ramírez, del Regimiento Maipo del Ejército. Allí las llamas se volvieron incontrolables, por lo que muchos habitantes de la comunidad Piuke Ko, que a un kilómetro miraban despavoridos el avance del peligro, creyeron que éste se había originado en el terreno castrense.

En conversaciones con este medio varios de ellos denunciaron que en las quebradas de ese terreno, que también está pletórico de eucaliptus, los militares habitualmente arrojan neumáticos y otros desechos sin ningún tipo de prevenciones ni consideración ambiental, pese a la cualidad de Santuario de la Naturaleza que tiene todo el sector de acantilados de Quebrada Verde.

En el terreno se pueden observar restos de estos neumáticos en los bordes de este campo militar, tres días después de ocurrido el incendio.

Una vecina de la comunidad Piuke Ko –que quiso preservar su identidad por razones de seguridad– expresó que “los militares llevan hace mucho tiempo haciendo ejercicios ilegales en este lugar, con bombas y otros armamentos”.

Ella aseguró que los elementos castrenses “tienen un campo de tiro hacia los acantilados y el incendió se propagó por donde ellos tenían muchos neumáticos acopiados”.

Además, como coinciden varias versiones que el Apro recabó en el lugar, el fuego hizo que estallaran municiones de guerra esparcidas por el recinto.

Los militares no participaron en la extinción del fuego en su campo de entrenamiento, por lo que los propios comuneros del lugar ingresaron al recinto castrense para sofocar las llamas antes que éstas alcanzaran sus casas. Lucharon toda la tarde y la noche. Sin embargo, 13 casas de la Piuke Ko fueron destruidas aunque más de 50 se salvaron de las llamas. La construcción con barro de la mayoría de ellas permitió este casi milagro.

El fuego continuó hacia el norte con dirección a Valparaíso. Avasalló la aldea Pueblo Hundido y posteriormente alcanzó poblaciones urbanizadas en la parte alta del cerro Playa Ancha (como la población Puertas Negras) en que habían microbasurales y en donde se quemaron más de un centenar de viviendas.

Especie pirogénica

En la parte alta de los 42 cerros de Valparaíso cuelgan coloridas casas que forman un anfiteatro natural al Océano Pacífico. Colindando con la ciudad hay extensas plantaciones de eucaliptus, especie exótica altamente pirogénica –causante de incendios– en las condiciones con que se introdujo en Valparaíso.

Según declaró el geógrafo especialista en prevención de incendios forestales de Conaf, Daniel Ariz, al periódico electrónico Resumen –el 14 de agosto de 2014–, las plantaciones de eucaliptus globulus datan en Valparaíso de inicios del siglo XIX.

También assegura que en el siglo XX éstas “prácticamente hicieron desaparecer la vegetación nativa, el bosque esclerófilo, quedando algunos reductos en ciertas quebradas y laderas”.

A esto se sumó el hecho de que el presidente democratacristiano Eduardo Frei Montalva (1964-1970) fomentó el monocultivo a través de diversos programas estatales, práctica que se exacerbó con la llegada del régimen militar encabezado por Augusto Pinochet.

El yerno de éste, el ingeniero forestal Julio Ponce Lerou, desde la Dirección de Conaf implementó en 1974 el Decreto Ley (DL) 701, de “fomento forestal”. Dicha norma estableció un subsidio en dinero para las plantaciones, que cubría casi 100% del costo de éstas; la eliminación de la tributación de los terrenos y de la producción forestal; el otorgamiento de créditos estatales en extraordinarias condiciones, y el no pago de aranceles de exportación.

El DL 701 –vigente hasta hoy y cuya prórroga ha sido promovida fuertemente por Bachelet y sus antecesores– ha derivado en que desde 1974 se hayan plantado más de 3 millones de hectáreas de pino radiata y eucaliptus, la mayor parte sobre milenarios bosques.

El geógrafo Ariz dice que los eucaliptos “a los 90 grados de temperatura son capaces de desprender sustancias volátiles muy combustibles, lo que ayuda a que se inflamen muy rápido cuando una chispa o proyección de llamas los impacta, y así sucesivamente se va propagando el fuego entre árbol y árbol”.

El debate respecto de la vegetación que rodea a Valparaíso se ha incrementado en los últimos días. El director del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Valparaíso, Luis Álvarez, contribuyó a ello con su artículo Las principales amenazas del cambio climático, publicado el jueves 5 en el diario El Mercurio de Valparaíso.

Allí sostuvo que “hay muchas evidencias del cambio climático que se está experimentando en la ciudad”, lo que estaría generando consecuencias que contribuyen a la multiplicación de los incendios.

Entre ellas mencionó “los bajos niveles de humedad relativa que se presentan en los inter periodos de lluvias, lo que se agudiza con la sequía prolongada, la baja capacidad de retención del subsuelo y la propagación de especies altamente consumidoras de agua”.

Todo esto derivaría –según el geógrafo Álvarez– en la disminución en el nivel de humedad relativa bajo el 25%, en circunstancia que en los anteriores 40 años osciló entre 64 y 67%.

“Las condiciones topográficas –señala Álvarez– son las responsables de generar un incendio excepcional en Valparaíso, conocido como ‘incendio eruptivo’ o ‘efecto chimenea’: operando por inflamación, entre laderas y fondos de quebrada, se desarrolla en forma errática y se hace incontrolable…”.

Álvarez plantea como solución al problema “reducirlas vulnerabilidades” que hicieron posible la emergencia, y especialmente identificar “a los propietarios de los remanentes forestales, constituyendo el abandono como delito y exigiendo planes de manejo”.

Cabe señalar que, aparte de los propietarios antes mencionados y de otros particulares, uno de los principales dueños de terrenos en los altos de Valparaíso es la Armada, información que casi no ha trascendido en los medios.

Mucho antes que se introdujeran los eucaliptus y se deforestara de vegetación nativa, Valparaíso ya tenía fama de lugar combustible. Así lo indica la denominación que los pueblos originarios mapuche y chango dieron a este lugar: Alimapu, esto es: “Tierra arrasada por el fuego”.

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