Las armas europeas provocan migración… y combaten la migración

La industria armamentística europea encarna una de las facetas más hipócritas de ese continente. Los consorcios que venden arsenales alimentan la violencia que, a su vez, provoca las olas migratorias… y las mismas empresas proveen las armas para frenar esa ola migratoria. En todo el proceso se enriquecen y ganan influencia política, en detrimento de los derechos humanos y la civilización.

MADRID (Proceso).- La industria armamentística y de seguridad en Europa es la gran beneficiada por la crisis de los refugiados. El sector provee de arsenales y equipamiento militar a los países de Oriente Medio y África del Norte, regiones convulsas de las que huyen millones de sus ciudadanos y, luego, a través de su grupo de presión, la Organización Europea para la Seguridad (EOS), influye para que la Unión Europea (UE) refuerce el control de sus fronteras, convirtiéndose así en el gran contratista del amurallamiento europeo.

Un negocio redondo.

La crisis de los refugiados puso de manifiesto una fractura de todo el proyecto europeo, pero siempre hay quien gana en las crisis. Y en este caso son un puñado de compañías de este sector –sin mencionar a las estadunidenses e israelíes–, entre las que destacan la paneuropea Airbus, la italiana Finmeccanica, la británica BAE Systems, las francesas Thales y Safran y la española Indra.

Los pertrechos europeos llegan a Siria, Yemen y otros países con graves conflictos y violaciones a los derechos humanos, señala el estudio, elaborado por Transitional Institute (TNI), el Centre Delás D’Estudis per la Pau y la campaña para el control de armas en los Países Bajos Stop Wapenhandel, en el que advierten una “creciente confluencia de intereses entre los líderes políticos europeos que buscan militarizar las fronteras y los principales contratistas de defensa y seguridad que proporcionan los servicios”.

Pero ésta, señalan, no es sólo una cuestión de “conflicto de intereses”, sino de la dirección que está tomando Europa. “Hoy en día tenemos un complejo militar-industrial aún más potente, que utiliza tecnologías que apuntan hacia el exterior y el interior, y que en estos momentos se están dirigiendo contra algunas de las personas más vulnerables y desesperadas del planeta. Permitir que este complejo escape a todo examen representa una amenaza para la democracia y para una Europa construida sobre los ideales de la cooperación y la paz”.

Ese poderío e influencia se puede representar en cifras. Entre 2005 y 2014, los miembros de la UE otorgaron licencias de exportación de armas hacia Oriente Medio y al Norte de África por un valor superior a los 82 mil millones de euros.

Fueron 19 los países que recibieron arsenales, pero destacan Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos: el segundo y el tercer mayor receptor.

Estas armas y equipamiento contribuyeron a alimentar los conflictos y el caos en la región, algunas de las principales causas de los flujos migratorios recientes.

Es tan sólido su poder y tal su confluencia de intereses con las autoridades europeas que la mayoría de las ferias y conferencias del sector se organizan de forma conjunta. En estos foros, a través de la EOS, las empresas influyen cada vez más en las políticas europeas de reforzamiento de la seguridad fronteriza.

Un caso claro es la influencia que tuvo este militar en la propuesta para crear una nueva agencia europea de seguridad, aprobada en junio pasado. Se trata de transformar la actual Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex), ampliar sus capacidades y crear así la nueva Agencia Europea de Guardia Costera y Fronteriza (EBCG), con presupuestos crecientes y posibilidad de reacción inmediata en los países limítrofes del Espacio Schengen.

Ya de por sí, Frontex ha aumentado 3 mil 688% su presupuesto entre 2005 y 2016, al pasar de 6.3 millones de euros a 238.7 millones de euros.

La UE también ofrece subsidios a estos consorcios para financiar proyectos de investigación en el campo de seguridad y control de fronteras. Desde 2002 esas compañías han recibido más de 316 millones de euros.

En septiembre de 2015, Proceso publicó (Unos mueren… otros se enriquecen, edición 2027) las conclusiones del proyecto periodístico The Migrant Files, en el que se daba cuenta del gasto de 13 mil millones de euros que la UE destinó desde el año 2000 al fortalecimiento de sus fronteras.

“Externalización” de las fronteras europeas

En la investigación Guerras de Fronteras, el investigador y cabeza de ese proyecto, Mark Akkerman, advierte que el gasto europeo no sólo está enfocándose al propio fortalecimiento de sus límites comunes, sino a la “externalización” de las fronteras, es decir, a los acuerdos que alcanza con terceros países para que sean el primer filtro de contención de los éxodos de refugiados e inmigrantes.

El primer convenio se produjo entre España y Marruecos para reforzar la frontera de Ceuta y Melilla. El país africano ha recibido importantes caudales de los fondos europeos para fortalecer sus fuerzas de seguridad.

En noviembre de 2015, en tanto, se puso en marcha el acuerdo con Turquía por el que este país recibió 3 mil millones de euros para reforzar su frontera con Europa y servir de policía malo en la avalancha de refugiados.

La cooperación entre Turquía y Frontex es parte del Plan de Acción Conjunta para la “gestión de la migración”. Turquía se compromete a fortalecer “la capacidad de intercepción de los guardacostas turcos, especialmente mediante la mejora del material de vigilancia, aumentar su actividad de patrullaje y la capacidad de búsqueda y rescate”.

En enero de 2016, Turquía publicó una solicitud para integrar subsistemas para un avión de guardacostas, un Beechcraft King 350ER, para operaciones de vigilancia marítima. Finmeccanica fue una de las compañías que participó en este contrato.

La Cruz Roja alertó que, desde el punto de vista humanitario, el efecto de la externalización de las fronteras “es muy preocupante”, porque en el terreno, el viaje a la UE se ha vuelto cada vez más peligroso, y supone “factores añadidos a la vulnerabilidad de los migrantes”.

En un encuentro con Proceso, Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, denunció que la UE ha puesto en marcha acuerdos con países donde se perpetran graves violaciones a los derechos humanos, como Libia, Afganistán y Sudán.

No sólo eso. Advirtió que Amnistía documentó en la frontera española-marroquí la violación sistemática de los derechos de los inmigrantes y refugiados.

En estos acuerdos de “externalización”, la UE parece pisar terreno resbaladizo. Uno de los más polémicos lo signó con Sudán: la Corte Penal Internacional acusó al presidente de este país, Omar al Bashir, de crímenes de guerra y contra la humanidad, tras una investigación por la muerte de 300 mil personas en Darfur.

Human Rights Watch, Médicos sin Fronteras y Pax han expresado su rechazo a esta colaboración y advierten del riesgo de que el material facilitado acabe siendo utilizado para actos de represión.

Sin embargo, Europa le entregó a Sudán 155 millones de euros en 2016 para supuesta “ayuda al desarrollo”, debido a que no puede hacerle aportaciones directas al ramo militar o de seguridad porque el país africano sufre un embargo para adquirir armas. El informe advierte que, como sea, esos fondos europeos son desviados para “entrenamiento, tecnología e industria militar” con el fin de detener el flujo de eritreos que buscan huir a Europa. Entre la tecnología se prevé la formación de personal, cámaras de vigilancia, escáneres y vehículos.

A mediados de 2016, Sudán ya entregó a un supuesto traficante de personas eritreo y cientos de eritreos han sido deportados por Sudán, según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

En este marco, el profesor de Estudios sobre Migraciones de la Universidad de Ámsterdam, Hein de Haas, señala que “las empresas de armas y tecnología han cosechado las principales ganancias inesperadas de la delirante ‘lucha contra la migración clandestina’ de Europa”.

Eurosur: el “sistema de sistemas”

En 2013, la UE puso en marcha Eurosur, el “sistema de sistemas” de vigilancia de fronteras, que no sólo incluye a los Estados limítrofes, sino a “terceros países”. Hace posible el intercambio de información e imágenes en tiempo real entre los países mediante “centros de coordinación nacional”.

Frontex tiene un papel fundamental en la operación de Eurosur, precisamente uno de los programas base para la “externalización de las fronteras” y en el que las compañías tienen una actuación de primer orden al proveer sus productos.

La misma Comisión Europea pondera que Eurosur es “un proceso que nunca se detendrá”, al requerir de continuas mejoras y eso permitirá que las compañías tengan una “demanda permanente de nuevos equipos mejorados”.

El estudio cita un manual de Eurosur en el que se destaca el fortalecimiento de las capacidades de estos terceros países a través de un “programa de cofinanciamiento por parte de la Unión Europea y fondos internacionales” y la “donación de bienes y asistencia técnica”, así como “la formación de las autoridades de terceros países en las actividades de control de fronteras”.

Otra forma de apoyo es la “aplicación permisiva de las regulaciones de exportaciones de armas”, argumenta Akkerman. Un ejemplo es que, en 2015, el gobierno de Holanda otorgó a Thales Nederland una licencia de exportación de un sistema de radar y C3 a Egipto por valor de 34 millones de euros, a pesar de que esto suponía “una continuidad en las graves violaciones de derechos humanos que tienen lugar en Egipto. El argumento del gobierno holandés para darle la licencia a la filial de la empresa francesa es el papel que juega la marina egipcia para detener la inmigración ‘clandestina’ a Europa”.

Ben Hayes, de la organización State­watch, concluyó después de investigar el programa de seguridad de la UE que “se han difuminado las fronteras tradicionales entre seguridad exterior (militar), la seguridad interior (servicios de seguridad) y mantenimiento del orden (la policía)”.

Hayes reveló la intensa participación de la industria en Eurosur, en especial en su desarrollo y en el sistema autónomo de control fronterizo, también a una escala política y estratégica.

A juicio de los autores del informe, Eurosur es el “producto favorito” de las políticas fronterizas de la UE. Por ello critican la “doble moral” de la Unión Europea al promover el sellado de sus fronteras y “vender la militarización como si fuera una iniciativa humanitaria, en términos de capacidades de búsqueda y rescate”.

La Organización Europea para la Seguridad (EOS), el de las compañías que preside Santiago Roura (Indra), ha sido el más activo en cuanto a la seguridad de las fronteras. Su influencia con las autoridades europeas lo ha convertido en “uno de los pilares del complejo industrial de seguridad fronteriza”, apunta el estudio, en una suerte de “cooperación pública-privada”.

Armas en conflicto

Está documentada la venta de armas europeas a “países a los que se les han impuesto embargos de armas decretados por la ONU o la propia UE”. Aparte de Sudán están Egipto, Irán, Libia, Siria, Somalia y Yemen.

“Por tanto, el reciente aumento de los refugiados que intentan entrar en Europa no es un fenómeno que surja de la nada. En las últimas décadas, Oriente Medio y el norte de África han sido escenario de caos, donde la guerra, la violencia, la represión, las violaciones de los derechos humanos y la pobreza se han convertido en una realidad que cada vez afecta a más personas”, señala el estudio.

El jueves 12, previo al viaje que realizará a Arabia Saudí el rey Felipe VI, las organizaciones Amnistía Internacional, FundiPau, Greenpeace y Oxfam Intermón hicieron público un comunicado en el que piden al monarca y al gobierno de Mariano Rajoy que frenen la venta de cinco buques de guerra de la empresa pública Navantia a Arabia Saudí.

Argumentan que, en caso de realizarse la operación, España podría convertirse en “cómplice de las atrocidades cometidas en el conflicto de Yemen” para atacar a la población civil.

En 2015, BAE Systems, la mayor compañía de armas europea, cosechó 21.8% de sus ingresos en la venta de armas a Arabia Saudí.

Ese mismo año, Airbus vendió dos aviones de reabastecimiento de combustible en vuelo a Qatar, cuatro patrullas C295W y aviones de transporte a Arabia Saudí, y 24 helicópteros militares a Kuwait.

También Finmeccanica obtuvo el contrato para modernizar seis barcos de la fuerza naval de Bahréin y la venta del radar Kronos a Qatar.

Los principales contratos de la francesa Thales, por más de 100 millones de euros, se produjeron en Oriente Medio.

El investigador danés Martin Lemberg-Pedersen, del Centro de Estudios Migratorios Avanzados de la Universidad de Copenhague, asevera que esa influencia de la industria militar se debe a que “las empresas se autodesignan como expertas en seguridad fronteriza y utilizan esta posición para enmarcar la inmigración a Europa como una fuente de amenazas”.

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