Convertir el enojo en acción… #civilmarchforAleppo

PARÍS (apro).- Ya llevan 25 días caminando. Recorrieron más de 400 kilómetros desde que dejaron Berlín el pasado 26 de diciembre. Y les faltan dos mil 600 más antes de llegar a Alepo, en Siria.

Cruzaron Alemania Oriental y ahora atraviesan la Republica Checa. Después de dos días en Praga van rumbo a la frontera con Austria. Luego caminarán por Eslovenia, Croacia, Serbia, Macedonia, Grecia y Turquía. No saben todavía si les autorizaran entrar en Siria.

Pasan por aldeas, pueblos, ciudades pequeñas, grandes urbes, suburbios… Peregrinan por bosques y campos aguantando vientos helados, temperaturas bajo cero, tormentas de nieve.

Nada ni nadie parece poder detener la Marcha Civil por Alepo que emprendieron 300 pacifistas europeos y refugiados sirios.

Juntos se burlan del cansancio físico, soportan con estoicismo la hostilidad de grupos de ultraderecha o de personas adversas a los migrantes y tratan de no dar demasiada importancia a las polémicas que despierta su iniciativa.

Explica un vocero de la Marcha en una nota publicada el pasado 13 de enero en #civilmarchforaleppo:

“Nuestra marcha provoca reacciones de odio en la web y es objeto de una crítica feroz de sirios y militantes internacionales que bregan por la paz, pero que apoyan o se oponen a la coalición Putin/Assad o a la de Estados Unidos/Occidente. Nuestros detractores preguntan por qué no enarbolamos símbolos de uno u otro bando y por qué no tomamos claramente una posición”.

Y aclara: “Pero antes de emprender la Marcha Civil por Alepo sus organizadores decidieron que las únicas posiciones que deseaban dejar en claro eran su solidaridad con la población desgarrada por la guerra y la necesidad de poner fin a la violencia. Es la razón por la que sólo tenemos banderas blancas. Pero ni siquiera esta última decisión escapa a las críticas: hay quienes consideran que estas banderas pueden confundirse con las del régimen de Bashar al Asad”.

Las manifestaciones de animosidad son, sin embargo, minoritarias comparadas con las muestras de simpatía y solidaridad que inspira esa marcha inédita.

Sigue contando el vocero de los “caminantes”, aludiendo al final del recorrido por Alemania Oriental:

“Acabamos de vivir una semana muy dificil y agotadora. La última noche amenazaba con ser dura porque se preveía mucho frio. Además, nos estábamos preparando psicológicamente para enfrentar otra manifestación neonazi. Estábamos todos angustiados, cansados, asustados. Pero en lugar de tener que montar nuestras tiendas de campaña en una helada cancha de futbol, fuimos invitados a dormir en sitios calientes; y en lugar de los nazis que tanto temíamos, fueron sirios muy cordiales los que nos estaban esperando en la plaza del mercado. Pudimos calentarnos en una iglesia en la que nuestros nuevos amigos sirios nos brindaron una cena increíble”.

La idea de esta Marcha Civil por Alepo nació en noviembre pasado en Berlín por iniciativa de Anna Alboth, periodista y bloguera polaca de 30 años, asentada en la capital alemana.

Muy involucrada en el movimiento de solidaridad con los refugiados sirios, la activista no soportó las imágenes atroces de los bombardeos aéreos de Alepo oriental que circulaban en la web y en las redes sociales.

“Entendí que había llegado la hora de convertir mi enojo en acción”, explicó en un video que publicó en Facebook.

Inspirada por Mahatma Gandhi y Martin Luther King, Alboth está convencida de que no existe fatalidad política y que simples ciudadanos pueden cambiar el mundo. Y fue con esa motivación que lanzó una convocatoria en interneten la que invitó a “hombres y mujeres de buena voluntad” a ir a Alepo caminando.

Proclama el Manifesto de la marcha:

“No podemos seguir sentados frente a nuestras computadoras portátiles sin hacer nada.

“Estamos hartos de hacer clics en emoticones tristes o sorprendidos y de escribir “es horrible” y “no podemos hacer nada”.

“¡Sí que podemos! ¡Somos muchos!

“¡Vamos a Alepo¡ !Vamos de Alemania a Alepo, por el camino llamado ‘ruta del refugiado’, sólo que en la dirección contraria!

“Nos han inculcado sumisión a la guerra. Nos han impuesto un miedo a los poderosos que mueven los hilos (…) Pero ya no aceptamos más esa situación. Ya no estamos de acuerdo con eso. Rechazamos la impotencia”.

También enfatiza:

“Es un camino largo. Es tan largo como el que los refugiados tuvieron que recorrer para salvar sus vidas. Nuestra meta es recorrer ese camino para salvar las vidas de los demás. Somos gente común. No representamos a ningún partido político ni a ninguna organización. Llevamos banderas blancas para que el mundo se entere de nuestro mensaje y ese mensaje es claro: ¡Estamos hartos! ¡Basta! ¡Esta guerra tiene que acabar! (…)

Y concluye:

“No queremos seguir observando lo que pasa desde lejos, cómodamente sentados en un lugar seguro. Somos decididos, somos unidos y vamos a marchar el tiempo que sea. Por la paz”.

Anna Alboth y un “equipo logístico” integrado por unas 50 personas entusiasmadas por su iniciativa montaron el proyecto de la Marcha Civil por Alepo en sólo tres semanas. Definieron el itinerario, tramitaron los permisos requeridos y una protección policiaca con las autoridades de los países involucrados y consiguieron el apoyo de iglesias, hospitales, redes de asociaciones civiles y grupos de solidaridad con los migrantes en cada uno de esos países. Muy pronto pudieron contar con la colaboración de grandes ONG internacionales.

El pasado 26 de diciembre unos 300 “caminantes” llegaron con mochilas y bolsas de dormir al antiguo aeropuerto de Tempelhof, en Berlín, donde las autoridades de la capital alemana agruparon a dos mil solicitantes de asilo político. Hubo alocuciones y abrazos. Y partió la marcha.

Los pacifistas caminan diariamente entre 15 y 25 kilómetros, pero hacen a veces una pausa de uno o dos días. Cada quien es responsable de su comida y debe encontrar donde dormir. Puede hacerlo en su carpa individual o en tiendas de campaña colectivas. Pero hasta la fecha la mayoría de los participantes han sido casi siempre hospedados en lugares calientes, en casas privadas, iglesias o gimnasios. Y nunca les ha faltado comida.

No todos harán el recorrido completo de Berlín a Alepo. Cada quien es libre de caminar el tiempo que quiera: uno o varios días, una o varias semanas. Hasta la fecha dos mil 700 personas se comprometieron a participar en la Marcha en una forma u otra.

En cada etapa se organizan encuentros y pláticas con los habitantes del lugar y a menudo las charlas acaban con música y fiesta.

Anna Alboth cree en “la capacidad movilizadora” de estos momentos de convivencia y sueña con el impacto internacional que tendrán “miles de simples ciudadanos” cruzando la frontera entre Turquía y Siria y caminando hacia Alepo con banderas blancas en la mano…

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