Un padre de las edificaciones armónicas

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En consonancia con nuestros postulados de divulgación cultural, debemos ocuparnos en este inicio de 2017 de una conmemoración relevante para el arte y la ciencia del los sonidos. Se trata de celebrar el quinto centenario del natalicio de Gioseffo Zarlino (1517-90), el teórico de la música más destacado del Renacimiento,[1] cuyas aportaciones abrieron, ni más ni menos, nuevas rutas en la consolidación del lenguaje sonoro de Occidente. Digamos, antes de abordar su figura y su obra, que a él se debe, para no ir más lejos, el reconocimiento de los intervalos de tercera ‒de un Do a un Mi, por ejemplo‒ como pilares sobre los que se funda la armonía,[2] amén de que merced a sus trabajos, las sendas del contrapunto y la afinación instrumental también se expandieron.

Trasladémonos, pues, al año de 1517 y la ciudad de Chioggia ‒pequeña urbe insular, perteneciente a la provincia de Venecia‒ para ubicar el nacimiento de nuestro personaje. Sobre la fecha exacta de su alumbramiento hay discrepancias, pudiendo haber acaecido entre enero y marzo del año citado.[3] Las penumbras sobre su vida familiar son inmensas y lo único que se tiene por cierto es que fue educado por los franciscanos y que al término de sus estudios tomó los votos dentro de la orden. Hacia 1541 emigró a Venecia para ampliar sus conocimientos de lógica, filosofía, matemáticas, griego, hebreo y latín, pero sobre todo para allegarse la mejor instrucción musical posible. Para ello se acercó al célebre flamenco Adrian Willaert (1490-1562), a la sazón maestro di capella de la basílica de San Marcos y uno de los grandes promotores de la escuela veneciana de composición. El aprendizaje de Zarlino bajo la guía de Willaert fue tan consistente que en 1565 le fue concedido también el maestrazgo de San Marcos, empleo que era considerado como el más alto al que los músicos de su tiempo podían aspirar.

En cuanto a su nombramiento se leyó: “Deseando contratar a un maestro para la capilla de San Marcos, quien no sólo debe contar con experiencia e instrucción en el arte de la música, sino ser uno que esté por encima del resto de los músicos, también prudente y modesto para ejercer sus deberes, y habiendo tenido excelentes reportes sobre la modestia y habilidades de messer Gioseffo Zarlino, y tras haber discutido sobre este grave asunto con Su Serenísima [el Dogo de Venecia], se le nombra maestro de la dicha capilla.”

Cabe decir que en su desempeño como titular de la música de San Marcos ‒máximo templo católico de Venecia, juzgado como la obra maestra de la arquitectura bizantina de la región‒, Zarlino se vio favorecido por las óptimas propiedades acústicas de sus naves, siendo esto un factor decisivo para consolidar sus experimentaciones. La principal particularidad arquitectónica de la basílica consiste en sus dos coros contrapuestos, con sus respectivos órganos, y la generosa reverberación del sonido, misma que exige concentrarse en la calidad sonora y en la claridad de los textos para ser cantados. Además de la orquesta[4] y coro de planta, para las grandes ceremonias religiosas, los procuradores de San Marcos contrataban a instrumentistas adicionales logrando tal fasto sonoro, que la Venecia del siglo XVI hubo de considerarse como uno de los centros más pujantes del Renacimiento italiano.

Debemos decir que Zarlino estuvo a cargo del maestrazgo durante 25 años ininterrumpidos y que eso lo obligó a proveer de música a la capilla en las ocasiones en que se le requirió. De estas faenas compositivas sobreviven algunos madrigales corales y diversas obras instrumentales.[5] Con respecto a su producción vocal, es de asentar que Zarlino siguió los pasos de Willaert, alejándose del latín y haciendo acopio, principalmente, del acervo en “lengua vulgar”[6] que el sumo Francesco Petrarca (1304-74) donó al morir al gobierno de Venecia para que con él arrancara el proyecto de crear una biblioteca pública. Asimismo, Zarlino fue miembro de la Accademia Venetiana della Fama, una cofradía de intelectuales que se dedicó con ahínco a organizar conferencias, publicar partituras y a todas las actividades relativas al desarrollo del arte y la ciencia. La Accademia se dividía en cuatro categorías de académicos: dos de ellas dedicadas a la administración y perpetuación de la cofradía y las otras dos (Scienze ed Oratorio) para representar los ideales venecianos de la religiosidad y la instrucción. Dentro de la categoría de las ciencias había cuatro subcategorías, una de las cuales eran las matemáticas, que a su vez se dividían en otras cinco categorías entre las que aparecía la música. Es interesante apuntar que Zarlino estuvo afiliado como matemático…

Teniendo esto en mente, es momento de aproximarnos sumariamente a la labor teórica de Zarlino, pues es aquella que le dio fama imperecedera. Sin lugar a dudas, la contribución más importante, para su generación y para las posteriores, fue el tratado Istitutioni Harmoniche que publicó en 1558. Sus otros escritos fueron las Dimostrazioni Harmoniche del 1571 y sus Sopplimenti Musicali del 1588 que son, en sustancia, aclaraciones y agregados de su obra magna.

La idea rectora en la obra zarliniana fue la de ayudar al compositor a sustentar su trabajo en el raciocinio, asumiendo que para cumplir cabalmente con su cometido, debía no sólo dominar su oficio sino comprender su esencia. El manejo de los afectos y las emociones supeditado, naturalmente, a la supremacía del intelecto. Así, con esa claridad de objetivos, se abocó a sistematizar todo el conocimiento musical que se había acumulado hasta su época y a reflexionar sobre sus relaciones y sus efectos.

En la raíz de la teoría musical ‒equiparable a la anatomía y la perspectiva para el dibujo y a la geometría para la arquitectura‒ residía, según Zarlino, el conocimiento de las proporciones musicales. Éstas necesitan, por ende, ser dominadas en teoría y práctica, con la teoría antecediendo e incrustándose en la práctica. Dentro de su egregio tratado cuadripartito, Zarlino hizo un acucioso examen teórico de la sustancia musical, en sus aspectos matemáticos, filosóficos y cosmogónicos y llevó a cabo un análisis del sistema tonal de los griegos. Entre las tesis esgrimidas, postuló que existen varios tipos de música, una mundana, otra umana y otras más (audibles) que él llamó organistica, naturale (la que produce la voz humana) y artificiata (la que nace de los instrumentos). Por extraño que nos resulte, la música humana era para él inaudible, aunque consistía en la creación de una armonía interna entre cuerpo y espíritu, tendiente a la misma unidad que las músicas audibles, en las que era prioritaria la determinación de los valores proporcionales de los intervalos musicales (de ahí la necesidad de su afinación exacta).

La unidad proporcional, según Zarlino, se lograba a través del número seis ‒eran 6 los planetas entonces descubiertos‒, el único número que es producto de multiplicar 1 x 2 x 3, así como de sumarlos. Con esos parámetros numéricos entre los que estaban establecidas las proporciones de la octava, la quinta y la cuarta, Zarlino derivó el intervalo de tercera mayor (4/5) y de tercera menor (5/6), logrando, por tanto, la primera deducción teórica que echaría a andar el vocabulario de consonancias de la época.

Igualmente, con respecto al contrapunto, pináculo de las construcciones musicales, Zarlino esclareció varias leyes tendientes a satisfacer, en su opinión, demandas estéticas básicas. Entre estas, la necesidad de combinar los intervalos dentro de patrones rítmicos que ayudaran a resolver las disonancias, la exigencia de establecer un modo que definiera el todo y la obligación de asegurar un flujo rítmico estable, gracias a una recurrencia de tiempos fuertes y débiles, con los que se lograría la unidad dentro de la melodía.

En contraste, las leyes que rigen a las voces independientes ‒las más conocidas evitan las octavas y las quintas paralelas y escondidas‒ han de satisfacer la exigencia de variedad. Con ello, Zarlino observó que el uso de las terceras podía llenar esa exigencia, a la vez que conferir cualidades anímicas, indispensables para el discurso musical. Estando las terceras en la base de la tríada, la resultante sería la de un carácter allegro (jocundo o festivo) para las mayores o mesto (triste) para las menores. En suma, las creaciones polifónicas vendrían a explicarse como productos de la Harmonia Perfetta invocada por Zarlino, que no es otra cosa que la triada, que no es otra cosa que el punto de partida de los estilos musicales que habrían de aposentarse en el futuro… y desde ese porvenir labrado en el viento celebramos a este precursor de las grandes edificaciones sonoras donde nos es dado reconocer lo mejor de nuestra cultura.

[1] Su influencia se extiende hasta los teóricos del Siglo XVIII y no tiene precedentes sino hasta el griego Aristoxeno en el siglo III A. C.

[2] Zarlino fue el primero en darles a las terceras la categoría de intervalos consonantes (durante todo el Medievo eran intervalos que se evitaban por “disonantes”).

[3] Diversas fuentes la sitúan el 31 de enero, mientras que otras consignan el 22 de marzo.

[4] A esta perteneció como violinista, en el siglo siguiente, Giovanni Battista Vivaldi (1655-1736), padre del afamado compositor.

[5] Se aconseja la escucha de las obras de Zarlino que están predispuestas en la Audioteca. Audio 1: Gioseffo Zarlino – Marc sabat (Ensemble Pur. OEHMS, 2015) Audio 2: Gioseffo Zarlino – Bicinium Primo Modo (Ensemble Plus ultra. GLOSSA, 2008)

[6] Se refiere a la lengua toscana que devino en el italiano actual.

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