México en el desarme de las FARC

Un rifle de asalto en un campamento de las FARC. Foto: AP / Fernando Vergara Un rifle de asalto en un campamento de las FARC. Foto: AP / Fernando Vergara

BOGOTÁ (apro).- Esta semana se producirá en Colombia un hecho histórico no sólo para este país sino para toda América Latina: las FARC, la guerrilla más antigua y poderosa del continente, comenzarán su desarme.

Unos seis mil 300 combatientes y seis mil milicianos de esa organización insurgente iniciarán su entrega de armas a una misión de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la que hay 25 militares mexicanos.

Los observadores internacionales mexicanos están presentes en las ocho sedes regionales del Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V) del cese del fuego entre las FARC y el gobierno, una instancia tripartita coordinada por la misión de la ONU.

La delegación mexicana, integrada por militares del Ejército y de la Armada, tiene presencia en Bogotá, Medellín, Bucaramanga, Villavicencio, Valledupar, Quibdó, Popayán, Florencia y San José de Guaviare. Es decir, en los cuatro puntos cardinales de la geografía colombiana.

Esta semana, las tropas de las FARC terminarán de concentrarse en 26 campamentos ubicados en alejadas zonas rurales y los cuales funcionarán hasta junio próximo. Allí, los guerrilleros, además de entregar sus armas, comenzarán su tránsito a la vida civil.

Algunos de los militares mexicanos participarán en el proceso de la dejación de armas de esa guerrilla, las cuales serán fundidas y se transformarán en tres monumentos que simbolizarán la paz. El plan es, en principio, instalarlos en la de la ONU en Nueva York; en La Habana, Cuba, sede de los diálogos de paz, y en Bogotá.

Mientras esos planes se concretan, en los 26 campamentos donde ya están la mayoría de combatientes de las FARC se ha desarrollado en los últimos días una compleja operación logística en la que el gobierno colombiano debe dotar de agua potable, electricidad, salud y áreas comunes (comedor, cocinas, aula, oficina) a cada punto, mientras que los guerrilleros construyen sus propios alojamientos.

La última marcha de las FARC

Desde el sábado 28 de enero, Colombia ha presenciado lo que será la última marcha de las FARC como guerrilla.

Miles de combatientes de ese grupo armado salieron de las selvas donde han tenido sus trincheras durante la guerra de 52 años que mantuvieron contra el Estado y avanzaron a pie, a lomo de mula, en lanchas, en camionetas cuatro por cuatro y en camiones hacia los campamentos donde entregarán las armas.

Esa operación, que terminará en cuestión de horas con la llegada de las últimas columnas guerrilleras a esos campamentos, fue coordinada por el MM&V, de la cual el capitán de fragata mexicano Gustavo Castillo es jefe de comunicaciones estratégicas.

Aunque el MM&V es tripartito, porque en él participan delegados del gobierno colombiano y de las FARC, los observadores de la ONU son los responsables de ejecutar las tareas de la misión, que van desde la verificación del cumplimiento del cese bilateral del fuego entre esa guerrilla y el gobierno hasta la solución de las controversias entre las partes.

Las armas de las FARC serán recibidas únicamente por los observadores de la ONU, quienes de esta manera serán testigos del punto culminante de un proceso de paz que hace unos cuantos años parecía impensable y que hoy es aplaudido en todo el mundo… o casi en todo el mundo.

El nuevo secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, aseguró en un cuestionario que respondió por escrito al Senado de su país que quiere revisar los detalles del acuerdo de paz en Colombia y “determinar hasta qué punto Estados Unidos debería seguir apoyándolo”.

Por esos vientos de tormenta que soplan desde Washington, es importante que el acuerdo de paz con las FARC se consolide en la primera etapa de su implementación, que es la que está en marcha.

A acelerar el paso

El acuerdo fue firmado apenas el pasado 24 de noviembre y entró en vigor el 1 de diciembre. Es decir, lleva dos meses en marcha, durante los cuales se presentaron retrasos en la habilitación de los 26 campamentos donde las FARC harán el desarme y el tránsito a la vida civil.

Por eso es una gran noticia que la concentración de las tropas de las FARC en esos puntos quede concretada en estos días y que esta misma semana inicie el desarme de esa guerrilla.

Una vez que los combatientes terminen de entregar sus armas a los observadores de la ONU –lo que deberá ocurrir entre abril y mayo–, la paz con las FARC será un asunto irreversible.

En mayo, las FARC planean fundar su partido político, que es lo que marcará en definitiva su tránsito de la guerra a la paz, de las balas a los votos.

En la medida en que estos planes se concreten en tiempo y forma, y sin incidentes que puedan empeñar su trascendencia histórica, ni la ultraderecha colombiana ni la ultraderecha estadounidense podrán hacer demasiado para descarrillar el proceso.

La participación de México en la misión de observadores de la ONU para el proceso de paz con las FARC ha llamado la atención en el círculo diplomático de Bogotá porque ese país ha sido históricamente renuente a formar parte de este tipo de misiones, especialmente con personal militar.

Aunque esto ha cambiado en los últimos años y hoy México participa con diferentes Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU. Lo ha hecho en Haití, el Sahara Occidental, en Líbano y ahora en Colombia.

La primera experiencia mexicana en este tipo de misiones se remonta a 1949, cuando fueron enviados a observar el cese del fuego entre la India y Pakistán en su disputa por Cachemira el general Francisco Castillo Nájera, los mayores Federico Chapoy Acosta y Augusto Monsalve Bravo y el capitán Alberto Soto Mcnerny.

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