Viento divino

Viento divino, de Francisco Toledo. Viento divino, de Francisco Toledo.

Mi madre, siendo de Ixtaltepec, vivió en Ixtepec, en el Istmo de Tehuantepec, y fue a la escuela antes de la Segunda Guerra Mundial. Sus compañeros eran árabes, chinos y japoneses; por ella supe de esa gran injusticia hacia los japoneses, a quienes México en la Segunda Guerra Mundial les confiscó sus bienes y los concentró temporalmente en diferentes puntos del país.

Doña Flor, mi madre, nos contaba que al parecer a sus compañeros de escuela los mandaron a Perote, aunque en esa época no entendíamos muy bien de lo que nos hablaba, porque yo tenía alrededor de cinco o seis años.

Pero con las cartas encontradas en libros y los textiles que se mencionan ahí, me acordé de Doña Flor y de sus amigos.

Así, encontré varios textos, entre ellos el de Una presencia incómoda: la colonia japonesa de México, de Francis Peddie, que dice: “Finalmente, en el contexto más amplio, el estudio de las experiencias de los mexicano-japoneses nos ayuda a ver el cuadro grande de la histeria antijaponesa en América en la primera mitad del siglo veinte. Aunque el caso de México no es ni el más grande ni el más dramático, constituye una pieza en el rompecabezas de la experiencia nikkei* en este continente, una pieza casi escondida hasta ahora.”

* Nombre con el que se designa a los emigrantes de origen japonés y a su descendencia.

Viento divino, de Francisco Toledo.
Viento divino, de Francisco Toledo.

Notas escritas por un soldado estudiante

Las anotaciones del diario no están fechadas, pero fueron escritas entre el 15 de octubre de 1937, cuando entró en el ejército, y el 28 de noviembre de 1938, cuando murió.

Mientras que el calor del verano todavía está en la calle, escuchamos “Banzai” (saludo) en la calle todos los días. “Usted debe estar ansioso por ir [a la guerra]”: [decía] la gente. Permanezco en silencio, con una débil sonrisa. (Matsunaga y Matsunaga 1968, 52)

El sentimentalismo barato, el heroísmo impulsivo y el patriotismo ciego son tabúes para los soldados estudiantes. (52)

Un guerrero no puede dejar la manera del guerrero mientras que bebe una taza de té. Soldados estudiantes no pueden dejar las actividades intelectuales, incluso durante la lluvia de ametralladoras. (53)

Considero la religión sólo como una estrategia del gobierno. Aceptando la sinceridad de aquellos que contribuyeron a la faja de mil nudos, la quemé hasta hacerla cenizas antes de ir al frente. El único “amuleto” para el soldado estudiante es su alma, siempre aspirando a aprender. (53)

La “faja de mil nudos” (sen’ninbari) a la que se refiere Matsunaga era una faja blanca en la que se cosían mil nudos rojos, cada uno atado por una mujer diferente. Frecuentemente, se les pedía a mujeres que pasaban por las esquinas, en la calle, que contribuyeran con nudos. Afirmando que la faja anudada protegería al soldado de las balas, el gobierno utilizó el proyecto para crear un vínculo entre las mujeres en el hogar y los soldados en el frente.

La “faja de mil nudos” (sen’ninbari).
La “faja de mil nudos” (sen’ninbari).

* * *

En una postal a su hermano menor, fechada el 8 de abril de 1945, pide un sen’ninbari, que es una faja blanca con mil nudos rojos, cada uno atado por una mujer diferente, y que se supone protege al soldado de las balas.

Debido a que las cartas a sus padres y la postal a su hermano fueron escritas cuando ya estaba entrenando para la operación de tokkÕtai, podemos concluir que, mientras se estaba preparando para su vuelo final, les envió dinero, pues ya no le serviría, Y pidió un sen’ninbari.

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Texto tomado del libro: Kamikaze Diaries. Reflections of japanese student soldiers, de Emiko Ohnuki-Tierney (Traducción por Daniel Brena)

* * *

La siguiente carta fue escrita por el oficial Ichizo Hayashi, nacido en 1922, en la Prefectura de Fukuoka, en el norte de Kyushu. Fue criado con la fe cristiana. Al graduarse de la Universidad Imperial de Kioto, se unió al Grupo Aéreo Genzan (Wonsan), donde fue asignado al Cuerpo de Ataques Especiales.

Querida Madre:

Espero estés bien de salud.

Soy miembro de la Unidad Shichisei, del cuerpo de Ataques Especiales. Hoy la mitad de nuestra unidad voló a Okinawa para estrellarse contra naves enemigas. El resto de nosotros saldrá en dos o tres días. Puede ser que nuestro ataque se haga el 8 de abril, el cumpleaños de Buda.

Últimamente he descuidado mi correspondencia, así que apreciaría si le mandas saludos a la familia y a mis amigos. Lamento tener que pedirte esto, pero ahora tengo tan poco tiempo para escribir.

Muchos de nuestros muchachos salen hoy en su misión contra el enemigo. Ojalá pudieras estar aquí en persona para ver el maravilloso espíritu y la moral en esta base.

Por favor, quema todos mis papeles personales, incluyendo mis diarios. Puedes leerlos, por supuesto, madre, si lo deseas, pero no deben ser leídas por otras personas. Por lo tanto, asegúrate de quemarlos después de haberlos visto.

En nuestra última salida usaremos uniformes de vuelo regular y una banda en la cabeza con el sol naciente. Los silenciadores de color blanco le dan un cierto toque a nuestra apariencia.

También llevaré la bandera del sol naciente que me diste. Recuerda que lleva el poema: “Aunque mil hombres caigan a mi derecha y diez mil caigan a mi izquierda…”. Guardaré tu foto en mi pecho en la salida, madre, y también la foto de Makio-San.

Voy a dar un golpe directo a una nave enemiga. Cuando se anuncien los resultados de la guerra, puedes estar segura de que uno de los éxitos fue mío. Estoy decidido a mantener la calma y hacer un trabajo perfecto hasta el último instante, sabiendo que estarás cuidándome y rezando por mi éxito. No habrá nubes de duda ni temor cuando dé el último paso.

En nuestra última salida, nos darán un paquete con queso de soya y arroz. Es reconfortante partir con tan buen almuerzo. Creo que también llevaré el amuleto y el bonito [tipo de pescado] seco del señor Tateishi. El bonito me ayudará a emerger del océano, madre, y nadar de nuevo a ti.

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Texto tomado del libro: The Divine Wind. Japan´s Kamikaze Force in World War II. (Traducción por Daniel Brena)

Viento divino, de Francisco Toledo.
Viento divino, de Francisco Toledo.

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En japonés, “Kamikaze” significa “viento divino”. En el siglo XIII, un poderoso tifón –considerado como un viento divino procedente del cielo– salvó a Japón de un ataque del emperador chino-mongol Kublai Khan. En los últimos días de la Segunda Guerra, la nación japonesa creó su propio “viento divino”, los pilotos Kamikaze que estrellaban sus aviones contra los barcos enemigos. Antes de despegar a cumplir sus misiones, los pilotos escribían sus últimas cartas a la familia.

28 de octubre de 1944

Querido padres:

Dénme la enhorabuena. Me ha sido concedida una oportunidad espléndida para morir. Este es mi último día. El destino de nuestra patria depende de la batalla decisiva en los Mares del Sue donde habré de caer como botón de flor de un radiante árbol de cerezo.

Seré para Su Majestad un escudo y moriré limpiamente junto con el líder de mi escuadrón y otros amigos. Desearía poder nacer siete veces, y en cada una de ellas asolar al enemigo.

¡Cómo agradezco esta oportunidad de morir como hombre!

…Somos dieciséis guerreros los que tripulamos los bombardeos. Que nuestra muerte sea tan repentina y clara como un cristal que se hace añicos.

Escrita en Manila, la víspera de nuestra partida.

Isao

* * *

El alférez Heiichi Okabe nació en 1923. Su domicilio familiar estaba en la Prefectura de Fukuoka en el norte de Kyushu. Antes de reclutarse se graduó en la Universidad Imperial de Taihoku.

22 de febrero de 1945

Hoy soy finalmente un miembro del Cuerpo Especial de Ataque Kamikaze.

Mi vida cerrará su circulo dentro de los próximos treinta días. ¡Ya se acerca mi oportunidad! La muerte y yo estamos a la espera. El entrenamiento y las prácticas han sido arduos, pero valen la pena si he de morir bellamente y por una causa.

Moriré avistando la lucha patética de nuestra nación. Mi vida irá al galope en las próximas semanas conforme mi juventud y mi vida lleguen a su término.

…la salida está programada dentro de los próximos diez días. Soy un ser humano y espero no resultar ni santo ni canalla, ni héroe ni imbécil, sólo un ser humano. Como quien ha vivido su vida en anhelante espera y búsqueda, muero resignadamente en la esperanza de que mi vida sirva de “documento humano”.

Serviremos con todo nuestro ánimo a la nación en la dolorosa lucha del momento. Nos arrojaremos contra los barcos enemigos acariciando la convicción de que Japón ha sido siempre y será un país en donde sólo habrá lugar para hogares amorosos, mujeres valientes y hermosas amistades.

¿Cuál es la misión de hoy? Luchar.

¿Cuál es la misión de mañana? Vencer

¿Cuál es la misión cotidiana? Morir

Morimos en batalla sin quejarnos. Me pregunto si otros, los científicos por ejemplo, que sostienen el esfuerzo de la guerra desde sus propios frentes, morirían como nosotros, sin quejarse. Sólo entonces la unidad de Japón será tal que pueda tenerse el prospecto de ganar la guerra.

Si, por algún extraño azar, Japón ganara repentinamente esta guerra, sería una desgracia fatal para el futuro de la nación. Será mejor para nuestro país y nuestra gente ser templados por medio de auténticas ordalías que servirán para fortalecernos.

Como los botones del cerezo

En la primavera,

Caigamos

Limpios y radiantes.

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Texto tomado de la revista Biblioteca de México. Traducción de Jaime Moreno Villarreal.

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