Muere José Solé, decano de los directores teatrales contemporáneos en México

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El actor, investigador, profesor, director, diseñador de vestuario y escenógrafo teatral José Solé falleció anoche a los 87 años de edad, víctima de un paro cardiaco fulminante, informó esta mañana el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Hasta el último día de su vida, Solé desempeñó sus actividades con normalidad y no presentaba síntomas de enfermedad alguna. Sufrió el paro cuando volvía a su casa en un taxi y apenas alcanzó a llegar al portón, dijo Amanda Alvarado García, quien cuidaba de él desde hace aproximadamente ocho años.

Fundador de la Compañía Nacional de Teatro, el incansable Pepe Solé (como lo llaman sus colegas) fue un creador extraordinario, pues abarcó montajes de ópera, vodeviles, dramas, adaptaciones para televisión y una labor sin par como coordinador de instituciones culturales.

Considerado el decano de los directores teatrales contemporáneos en México y responsable de la adaptación de los clásicos del teatro universal para el público mexicano, en una carrera que sumó más de seis décadas, dijo al recibir la Presea Cervantina 2014 de manos de Rafael Tovar y de Teresa:

“Yo me he podido dedicar a lo que me gusta, y lo que me gusta es el teatro… Tener la gracia de los dioses de poder dedicarse a lo que uno quiere”.

Desde que cursaba la secundaria se ocupó de formar un grupo de teatro en el barrio capitalino de Mixcoac (donde nació el 28 de julio de 1929). Fue alumno de Julio Prieto en la Esmeralda, escuela en la que aprendió escenografía y diseño; en 1956 viajó a París, Francia, becado por el gobierno francés para estudiar la dirección de escena con René Dupoy. Estudió en la Escuela de Arte Teatral (EAT) del Instituto Nacional de Bellas Artes (de la que fue director hasta 1968).

Salvador Novo y Enrique Ruelas (fundador del Teatro Universitario y quien adaptó los Entremeses de Miguel de Cervantes, a los escenarios callejeros de la ciudad de Guanajuato) fueron también maestros de Solé, quien rescató los legendarios títeres de Rosete Aranda para el INBA.

Premio Nacional de Ciencias y Artes 2008, así como de la Medalla de Oro Bellas Artes, recordaba que al igual que la mayoría de los directores teatrales, él empezó produciendo sus propias obras:

“Desde el diseño, el construir y no sólo eso, sino pintarlo todo; por lo tanto sé por dónde se puede hacer una abstracción sin que eso vaya en detrimento del concepto que tiene el autor de la obra.”

En su faceta de actor, Solé debutó en la obra La loca de Chaillot, de Giradox, en 1949, y posteriormente intervino en obras como Muertos sin sepultura, de Jean Paul Sartre; El hombre, la bestia y la virtud, de Luigi Pirandello; y El cuadrante de la soledad, del mexicano José Revueltas.

Como director teatral participó en más de 90 puestas teatrales. La primera de ellas fue Antígona, de Anouilh, seguida de Amadeo o como salir del paso, de Eugene Ionesco; Contigo pan y cebolla, de Manuel Eduardo de Gorostiza; El tío Vania, de Chéjov, entre muchas otras, pues abarcó los diversos géneros: tragedia, comedia, musical, ópera y teatro para niños.

Es autor de Correspondencia de movimiento (1980), Creación colectiva, fórmula para el nuevo teatro (1981) y Teatro de autor, en colaboración con Edgar Ceballos.

El actor ocupó diversos cargos académicos y administrativos. Fue director de la EAT, de la Compañía Nacional de Teatro y del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, además director de Teatro del INBA y secretario general del Centro Mexicano de Teatro.

En 1980, siendo director de Teatro del INBA, declaró al reportero Armando Ponce, en el semanario Proceso, que el teatro mexicano carece ancestralmente de apoyo y por ello sufre periódicas fracturas, se desarrolla penosamente en ciclos que comienzan por el sainete, y cuando al fin se atrae a un buen número de gente, la falta de estímulos rompe el esquema:

“La falta de estímulos hace que el talento se desperdicie. Muchos escritores no han incursionado en el teatro por falta de perspectivas.”

Con más de 60 años de trayectoria, no tenía proyectos en puerta, la última obra que dirigió fue Rosa de dos aromas, en enero de 2016, en la que actuaron Cyntia Klitbo y Raquel Garza.

En 2012, Solé adaptó el montaje de la obra de Aristófanes, Los caballeros. Sobre ella, la crítica teatral de Proceso, Estela Leñero, escribió el 5 de agosto de aquel año:

“José Solé, director y adaptador de la puesta en escena de Los caballeros, todos los miércoles en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque, elige acertadamente esta comedia satírica para ser representada justo en el momento decisivo de las elecciones presidenciales por las que nuestro país está pasando…

“Solé prefiere detener el desenlace y no dejar claro quién es el vencedor, a pesar de haber comentado que el final lo definirían según el resultado de las elecciones. Solé comparte el contenido de la obra respecto a la crítica social y política que hace Aristófanes, pero este último deja clara su posición política antibelicista –con la que coincidía gran parte de la población– y la aberración hacia su gobernante al considerarlo un arribista ávido de poder y riqueza…

“Toda la acción de Los caballeros sucede alrededor del enfrentamiento de los dos candidatos, donde los caballeros aparecen como el coro de la comedia. Si en un principio el coro griego sólo representaba una voz, posteriormente ésta se duplicó hasta convertirse en una multiplicidad. La voz del pueblo ya no era unívoca y manifestaba también posiciones opuestas; en el caso del montaje de José Solé, la de los partidos políticos… El humor atenúa lo discursivo, pero el problema permanece. En la puesta las actuaciones son disímbolas, y si bien el coro es interpretado por egresados de la Escuela de Arte Teatral, en el resto del reparto participan actores como Patricio Castillo, Óscar Yoldi y Antonio Algarra, entre otros.

“La escenografía, la iluminación y el vestuario, diseñados también por el director, tienen un interés utilitario más que estético: el lugar de la acción es un decorado con árboles y flores de plástico y una choza al fondo; el vestuario simula las túnicas atenienses, y el de los caballeros representa a los principales partidos que participaron en nuestras elecciones, en las cuales, evidentemente, prevaleció la compra de votos y la corrupción. Aristófanes, desde su tiempo, habla en el nuestro, manteniendo su teatro, si se quiere, en una poderosa arma de denuncia como lo fue hace más de dos mil años.”

Enseguida, una remembranza de José Solé, escrita por la colaboradora eventual de la agencia informativa Apro, Iris Bringas, productora, cantante y compositora fundadora del conjunto La prodigiosa maquinita de soñar un poco, con Jehová Villa.

Un joven desconocido

Recuerdo cuando conocí al Maestro Solé, las charlas en su casa y la confusión que tuve la primera vez que hablé con él por teléfono. Aquí el texto de nuestra primera llamada y la anécdota de cuando hicimos una edición especial de 20 años de Teatro en la revista Tierra Adentro:

Era noviembre de 2003, tenía como misión recaudar programas de mano, enlazar entrevistas y crear un archivo de anécdotas de personalidades del teatro para un número especial de la revista Tierra Adentro. Tomé el teléfono y llamé a la casa del maestro José Solé. Debo añadir mi total y lamentable ignorancia ante su problema de garganta, y el aparato que usaba para comunicarse.

–¿Bueno? ¿Bueno?

Me quedé callada y colgué. Nuevamente marqué el teléfono de José Solé, la voz robótica me parecía una contestadora, volví a colgar y luego volví a marcar.

–¡Bueno… bueno!

Refiriéndome a Jehová Villa Monroy, quien estaba conmigo ese día, dije mientras seguía escuchando un “bueno, bueno” como de otro mundo:

–Suena la contestadora, pero no da timbre para grabar…

Volví a colgar y luego marqué otra vez, escuchando la voz robótica, pero esa vez se notaba molesta, cuando de pronto…

–¡¿Bueno, Bueno…!? ¡Ya dejen de estar chingando¡ ¡Si van a llamar para no contestar, llamen a su chingada madre!

Con voz temerosa contesté:

–Hola, buena tarde, disculpe, mi teléfono no funciona, ¿podría comunicarme con el maestro José Solé?

La voz robótica contestó:

–A ver niña pendeja, ¿qué quieres? ¿En verdad no sabes con quién estás hablando o llamas para burlarte de mí?

Yo, con la voz cada vez más apagada y tragando saliva, dije (debo añadir que me costaba trabajo entender lo que decía):

–Disculpe maestro, pensé que estaba hablando con una contestadora, como su voz suena como filtrada por un efecto… quizá su teléfono tiene algo de interferencia…

Meditabunda miré a Jehová Villa Monroy, quien con señas me daba a entender que la había regado completita, mientras con voz muy baja me decía:

–El maestro Solé tuvo cáncer de garganta, ¡usa un aparato!

El maestro Solé soltó la carcajada amplia con esa voz de robot y dijo:

–Ay, caray, pensé que a estas alturas del partido no me sorprendería nada más en el mundo… Pero en verdad su ingenuidad me hace sentir un joven desconocido, jajajajá… Es usted muy simpática, ¿dígame quién es y qué quiere?

Me presenté, le comenté sobre la revista y me citó en su casa para enseñarme sus cuadernos de apuntes de dirección teatral, no sin antes contarme sobre el aparato que usaba en la garganta y su forma tan encantadora de afrontar la vida y mi ignorancia.

A los pocos días, fuimos a su casa en Chimalistac y el maestro nos enseñó sus cuadernos, en particular un boceto de trazo escénico donde dirigía a Ofelia Guilmáin, que fue publicado en la revista.

Era de la escenografía con flechas de movimiento y bolitas que señalaban la iluminación y marca de cada actor, al centro derecha un esbozo de dibujo de palitos y bolitas con muchas flechas abajo, con trazo recargado y una leyenda que decía textualmente:

–¡Ofelia, no seas pendeja, a la derecha del otro lado!

Entonces le dije al maestro Solé:

–Maestro, el día de nuestra conversación telefónica me dijo pendeja, por lo que veo sólo a los portentos de talento les dice con cariño semejante apelativo, ¿quizá me deba sentir orgullosa?

A lo cual respondió:

–No, la verdad es que no es algo que diga con cariño, es perfectamente una expresión que sale espontánea; pero después de vernos el día de hoy y tras sorprenderme nuevamente con su comentario, puede sentirse orgullosa de ganarse mi simpatía y aprecio y saberse nada torpe, quizá más vivaz de lo correcto; añado que su juventud es parte del encanto…

La historia no terminó ahí, incluso para algunos montajes me enseñó a tramitar oficios para solicitar escenografía del él ante el INBA y ésta me fue prestada para algunos montajes de teatro que produje, así como para dos de mis propios conciertos, donde hasta me prestó vestuario de una de sus puestas de El viaje a la luna que se encontraba en la Compañía Nacional de Danza.

Posteriormente le llamaba una vez al año para saludarlo y charlar un poco por teléfono; el maestro no era amante de las llamadas telefónicas, pero conmigo se llegó a quedar más de media hora platicando varias veces.

Lamentablemente, hoy me entero que hizo sus maletas y se fue a dirigir el viaje al cosmos. Descanse en paz, querido maestro José Solé, las nuevas generaciones lo vamos a extrañar siempre.

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