Eurodiputados: el debate por la regulación de la inteligencia artificial

PARÍS (apro).- Parece ciencia ficción pero no lo es.

Los pasados 15 y 16 de febrero el Parlamento Europeo lanzó un debate –que resultó muy agitado– sobre los robots inteligentes. Después de numerosas polémicas, acabó votando una resolución en la cual instó a la Comisión Europea a promulgar normas éticas y jurídicas para regular y vigilar la concepción y el uso de estas máquinas cada vez más sofisticadas.

La resolución enfatizó además la urgencia de enfrentar el costo social de la creciente “robotización” de amplios sectores de la economía de la Unión Europea (UE).

El punto de partida de estas discusiones fue el informe elaborado sobre el tema por Mady Delvaux, eurodiputada del Partido Socialista de Luxemburgo.

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Delvaux, quien sólo se enfocó en los robots de uso civil y dejó para su examen ulterior la inquietante evolución de los robots militares, es categórica: los vehículos autónomos, los drones, los robots industriales, de servicio, de uso médico o de diversión –entre otros– ocupan un lugar cada vez más preponderante en la sociedad y plantean problemas inéditos.

Entre 2010 y 2014 el incremento de las ventas de robots en el mundo fue de 17% al año y se tornó exponencial en 2014, ya que alcanzó 29%. La Federación Internacional de Robótica asegura que 1.7 millones de “máquinas inteligentes” están actualmente en servicio en el planeta.

Es sólo el principio de la “revolución robótica” que va a resultar tan importante como el invento de la imprenta y de la máquina de vapor, profetiza Delvaux.

Entre las consecuencias más preocupantes de esa revolución destaca la inevitable desaparición de empleos de poca y mediana calificación. ¿Cuántos exactamente? Divergen las cifras y nadie arriesga datos precisos. Esa ausencia de investigaciones prospectivas sobre un tema capital para el futuro cercano de la UE alarma a Delvaux.

Enfatiza: “La Comisión Europea tiene la obligación de seguir ese tema muy de cerca para identificar los sectores de la población laboral amenazados. En nuestro informe subrayamos la necesidad de pensar en medidas compensatorias para toda la gente que será sustituida por robots”.

Entre estas medidas, la eurodiputada abogó por la creación de un ingreso mínimo básico parcialmente financiado por un impuesto específico sobre los robots, pero se topó con la oposición de los partidos de derecha del Parlamento Europeo.

Los eurodiputados hostiles a sus propuestas subrayaron que la robótica estaba creando cada vez más empleos.

¿Tantos como los que destruirá? ¿Serán asequibles para quienes habrán sido remplazados por robots?

Faltaron respuestas concretas y sobraron especulaciones.

La necesidad de imponer un marco jurídico y ético a los robots y a la inteligencia artificial también causó discusiones acaloradas en el seno del Parlamento Europeo.

Mady Delvaux partió de un ejemplo concreto.

El 14 de febrero de 2015 ocurrió un accidente automovilístico en Mountain View, pequeña localidad de California. No hubo víctimas porque el vehículo avanzaba a tres kilómetros por hora, y sin embargo el hecho sacudió a los dirigentes de Google y a un sinnúmero de ingenieros, técnicos informáticos y juristas en el mundo.

No era para menos: el coche accidentado era el famoso google car, totalmente autónomo, que había logrado recorrer dos millones de kilómetros sin el mínimo incidente.

Por increíble que parezca, nadie había previsto la eventualidad de un accidente. Cuando éste se dio, surgieron preguntas que hasta la fecha siguen sin respuesta.

¿A quién atribuir la responsabilidad del choque provocado por un coche sin conductor? ¿A su dueño? ¿A su fabricante? ¿A quien creó sus sensores? ¿Al inventor de su programa electrónico?

Urge responder, advierte Mady Delvaux, porque la nueva generación de máquinas inteligentes ultrasofisticadas ya está irrumpiendo en el mercado. La mayoría de los robots actualmente en servicio son programados por sus fabricantes y por lo tanto, son éstos quienes resultan responsables de sus eventuales fallas. En cambio, los robots autónomos “último modelo” se autoprograman y esa diferencia es fundamental.

Explica Nathalie Nevejans, académica y autora de Tratado de derecho y ética de robótica civil, ensayo de referencia sobre el tema:

“Estos robots aprenden de sus errores e inclusive de los errores de otras máquinas con las que están en contacto electrónico vía cloud computing. Eso les permite mejorar sus capacidades independientemente de sus creadores, lo que diluye totalmente la responsabilidad en caso de accidente.”

Es imposible prever su comportamiento, insiste la especialista. Ese nuevo robot se sitúa entre la máquina, que es un objeto desprovisto de intención, y la persona, que es un sujeto responsable. En otras palabras, el robot de la última generación se va convirtiendo en objeto jurídico no identificado. ¿Cómo salir de esa tierra de nadie jurídica?

Mady Delvaux urge a la Comisión Europea a sentar cuanto antes las bases de una reflexión a fondo sobre el tema. Y mientras se logre elaborar un marco jurídico adecuado, la eurodiputada propone pedir a la industria robótica y a sus clientes que alimenten un fondo de compensaciones para indemnizar a las víctimas de accidentes.

La eurodiputada estremeció a las corrientes más conservadoras del Parlamento Europeo cuando mencionó la posibilidad de dotar a los robots más sofisticados de una suerte de personalidad jurídica.

Le llovieron ataques. Entre otras cosas fue acusada de amenazar “los fundamentos mismos de la civilización europea al promover la ficción transhumanista de máquinas que pueden ser equiparadas con seres humanos”.

Pero más allá de consideraciones ideológicas, el concepto de personalidad jurídica de los robots más inteligentes, que Delvaux no profundizó durante el debate del Parlamento Europeo, causa también bastante perplejidad entre juristas, magistrados y académicos que no se imaginan a robots enjuiciados y encarcelados…

En cambio todos se muestran sumamente preocupados por la protección de los datos personales registrados por las máquinas inteligentes. Recalca Jean-Gabriel Ganascia, autor de Mito de la singularidad. ¿Se debe temer a la inteligencia artificial?

“Para interactuar con nosotros, los robots recogen una cantidad enorme de datos. Muy pronto lo sabrán todo sobre nosotros, inclusive las cosas más íntimas. Es una auténtica amenaza. No es difícil imaginar el uso que harán de estas informaciones nuestras aseguradoras, para citar solo ese riesgo…”

¿Cómo controlar los abusos? Es otro tema grave que el Parlamento Europeo somete a la atención de las más altas autoridades de Bruselas al tiempo que pide establecer cuanto antes “principios éticos fundamentales para prohibir la concepción de robots atentatorios contra la seguridad y la dignidad de los seres humanos”.

¿Tendrán eco en las esferas superiores de la UE estas alertas del Parlamento Europeo?

Mady Delvaux está consciente de que las resoluciones de esa institución que representa a los pueblos europeos no tienen carácter vinculante.

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