“Castigue a los culpables, por muy encumbrados que estén”: hermana de Miroslava Breach a Corral

CHIHUAHUA, Chih. (proceso.com.mx).- A un mes del homicidio de la periodista chihuahuense Miroslava Breach Velducea, su hermana Rosa María pidió al gobernador Javier Corral Jurado que no vea esta muerte como un sacrificio en vano, que se comprometa sinceramente a impulsar un cambio real en Chihuahua y encarcelar a los culpables, “por muy encumbrados que estén”.

“Que aprovechemos este parteaguas, este clamor de justicia por la muerte de Miroslava y por tantas muertes más de periodistas, demócratas, líderes sociales, feministas, defensores de derechos humanos, que se comprometa, señor gobernador, a luchar auténticamente, sin simulación alguna, junto a los ciudadanos que anhelamos una transformación verdadera en nuestra sociedad tan lastimada”.

Rosa María Breach Velducea acudió hoy a una manifestación organizada por el gremio periodístico en la ciudad de Chihuahua para honrar la memoria de su hermana y sumarse al clamor de justicia.

“Pido al jefe del Ejecutivo estatal que si por cualquier motivo resulta que su gobierno no tiene la capacidad o no puede esclarecer el asesinato de Miroslava y castigar a los asesinos, a los autores materiales y a los autores intelectuales, a todos, por encumbrados que éstos estén, que así lo reconozca y que al menos no caiga en los oprobiosos esquemas del viejo régimen de fabricar chivos expiatorios”, añadió.

La hermana de quien era la corresponsal del diario La Jornada, recordó que la familia y sus amigos sabían del riesgo en el que ella estaba al ejercer el periodismo.

“Lo sabían mis hermanas y mi hermano, mi madre que ya en paz descansa. Presentíamos y sabíamos, por simple lógica y porque algunas veces llegó a comentarlo, sabíamos que Miroslava corría peligro por los reportajes criticos que escribía, con datos duros y contundentes, denunciando la corrupción que ahoga a Chihuahua, por las veces en que documentó también periodísticamente los sucios vínculos del poder político y empresarial con el crimen organizado. ¿Pero qué hacer ante la férrea decisión de la periodista de cumplir a conciencia con su deber profesional? Alguien tiene que decir la verdad. No podemos ni debemos callar ante tanta marranada, esa fue siempre su respuesta”.

Miroslava, añadió, amaba profundamente a sus hijos, a toda su familia, amaba la vida y la vivía con intensidad. “Así es como queremos recordarla”.

Manifestacion por Miroslava en Chihuahua capital. Foto: Cortesía Francisco Milla

Manifestacion por Miroslava en Chihuahua capital. Foto: Cortesía Francisco Milla

En el homenaje a la periodista se retomaron las palabras del escritor chihuahuense Enrique Servín, quien en sus redes sociales consideró que el infame asesinato de Miroslava Breach es una herida profunda, una llaga más en el rosario de atrocidades que han ido desfigurando el rostro de México: un país desmantelado, debilitado, entregado a unas cuantas camarillas de empresarios, políticos, jerarcas y narcotraficantes.

Servín escribió que el profesionalismo de Miroslava como periodista, su pasión y su valentía como ciudadana, “ahora segados por el puñado de monedas que pueden habérseles arrojado a los sicarios, deben, necesariamente, ser una invitación a la resistencia permanente, a la vigilancia civil, al espíritu de lucha que, pase lo que pase, no debemos perder nunca.

Compañeros y amigos de Miroslava se reunieron esta mañana en la Cruz de Clavos, frente al Palacio de Gobierno, para recordar que su crimen continúa impune.

Recordaron también las palabras de la defensora de derechos de los indígenas, Estela Ángeles Mondragón, quien en entrevista con Ecos de Mirabal, dijo que Miroslava Breach los llevó al Congreso del Estado y recogió sus quejas, cuando nadie escuchaba a la comunidad de Baqueachi.

Los periodistas chihuahuenses exigieron justicia a las autoridades estatales y federales para dar con los culpables materiales e intelectuales y que la muerte de Miroslava no quede impune, como ha ocurrido con los casos de otros compañeros victimados para quienes siguen esperando justicia.

“A 30 días de aquel primer pronunciamiento sólo hemos escuchado declaraciones mas no esos resultados concretos que aún aguardamos. El lunes anterior, el gobernador del estado aseguró que en el caso de Miroslava habrá detenciones porque ‘ya se tiene detectado al autor material, a copartícipes y, por supuesto, al autor intelectual’. Sin embargo, todavía no vemos a ninguno de los involucrados tras las rejas, por lo que los periodistas seguiremos insistiendo en nuestra exigencia hasta que este crimen que agravió a todos los chihuahuenses sea esclarecido a cabalidad.

“Por lo que respecta a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión de la PGR, que también atrajo el expediente de Miroslava, si de verdad ha realizado alguna indagación en Chihuahua, lo desconocemos por completo porque su trabajo ha pasado totalmente inadvertido para los comunicadores de la entidad.

“A los periodistas, el Estado nos ofreció también que participaríamos en una comisión de seguimiento del caso para vigilar de cerca avances, plazos y transparencia en el proceso, de cara a la opinión pública y a nuestro gremio, pero en este mes tampoco hemos visto avances y esa comisión continúa en el aire. Es por ello que, para nosotros, mientras no observemos algún progreso real y tangible, el homicidio de Miroslava permanecerá como ha estado desde el 23 de marzo, en la impunidad.

“Reiteramos que junto con la demanda de justicia exigimos al Estado, como garante constitucional de la libertad de expresión, la instrumentación inmediata de políticas públicas de prevención para los periodistas de Chihuahua, así como de protección para quienes se hallen en situación de riesgo inminente. A la familia de Miroslava le seguimos refrendando nuestra solidaridad y respeto”, concluyeron en un pronunciamiento.

Mensaje de Rosa María, hermana de Miroslava

Mi hermana Miroslava.

Hace casi tres años, mi hermana Miroslava escribió un comentario en Facebook, acompañado de una fotografía que describen a la perfección su mente y su alma, su modo de ser, de pensar y de sentir. Está fechado el 18 de junio de 2013, por aquellos días en que se metía a lo más recóndito de la sierra Tarahumara a entrevistar a la gente y traer los testimonios de los horrores que sufrían, que sufren familias enteras a manos de grupos criminales que las despojan de sus propiedades y las obligan a emigrar.

“Amo mi trabajo, me permite compartir la experiencia de vida de todo tipo de personas, desde la más humilde hasta los poderosos”, escribió Miroslava y agregó: ¡Ahora sí puedo decir que hago adobes! Y en efecto, ahí estaba ella, como se ve en la fotografía, toda vestida de blanco, muy elegante, arrodillada sobre el lodo amasando el barro sobre el molde de madera para fabricar adobes, con la misma naturalidad con la que en su hogar amasaba la harina para cocinar deliciosas galletas a sus hijos, guardando siempre un hatadillo para obsequiarle a alguien más de la familia o para algún amigo o para llevarlos a una comunidad indígenas a la que regresaría luego a levantar testimonios de tantas injusticias.

Miroslava haciendo adobes. Cortesía Paulina Ogaz

Miroslava haciendo adobes. Cortesía Paulina Ogaz

Esa era Miroslava Breach, mi hermana, la hija de mi madre, la madre de Carlitos y de Andrea, la compañera de sus colegas.

En el transcurso de este mes de luto y dolor interminable, ha sido para nuestra familia un gran consuelo constatar el cariño y el respeto con el que tantas personas, empezando por los propios periodistas de Chihuahua, quienes reconocen el profesionalismo, la ética, la valentía, la enorme sensibilidad, el compromiso social, la conciencia solidaria y la pasión con la que Miroslava Breach ejerció el periodismo.

Sabíamos todos. Lo sabían sus amigos y lo sabía su familia, Lo sabían mis hermanas y mi hermano, mi madre que ya en paz descansa. Presentíamos y sabíamos, por simple lógica y porque algunas veces llegó a comentarlo, sabíamos que Miroslava corría peligro por los reportajes que escribía críticos, con datos duros y contundentes, denunciando la corrupción que ahoga a Chihuahua, por las veces en que documentó también periodísticamente los sucios vínculos del poder políticos y empresarial con el crimen organizado.

¿Pero qué hacer ante la férrea decisión de la periodista de cumplir a conciencia con su deber profesional? Alguien tiene que decir la verdad. No podemos ni debemos callar ante tanta marranada, esa fue siempre su respuesta.

Ella trataba de ser cuidadosa, sin coartar su libertad, sin amordazar su voz. Quizá, mejor dicho, seguramente otros que debieron protegerla no cumplieron con esa obligación.

Miroslava amaba profundamente a sus hijos, a toda su familia, amaba la vida y la vivía con intensidad

Así es como queremos recordarla.

Hace un mes, el escritor chihuahuense Enrique Servín comentó en las redes sociales que el infame asesinato de  Miroslava Breach es una herida profunda, una llaga más en el rosario de atrocidades que han ido desfigurando el rostro de México: un país desmantelado, debilitado, entregado a unas cuantas camarillas de empresarios, políticos, jerarcas y narcotraficantes.

Pero, a la vez, enfatizó el escritor, el profesionalismo de Miroslava como periodista, su pasión y su valentía como ciudadana, ahora segados por el puñado de monedas que pueda habérseles arrojado a los sicarios, deben, necesariamente, ser una invitación a la resistencia permanente, a la vigilancia civil, al espíritu de lucha que, pase lo que pase, no debemos perder nunca.

Y tiene razón Servín. Por eso, cuando me preguntan qué pide exige la familia de Miroslava ante asesinato tan infame, qué le pide la familia al gobernador Javier Corral, respondo con absoluta firmeza, sin duda alguna:

¿Qué le pido al gobernador Javier Corral?

Que no vea la muerte de mi hermana Miroslava Breach como un sacrificio en vano, que se comprometa, sinceramente, a impulsar un cambio real en Chihuahua; que aprovechemos este parteaguas, este clamor de justicia por la muerte de Miroslava y por tantas muertes más de periodistas, demócratas, líderes sociales, feministas, defensores de derechos humanos, que se comprometa, señor gobernador, a luchar auténticamente, sin simulación alguna, junto a los ciudadanos que anhelamos una transformación verdadera en nuestra sociedad tan lastimada; que se pongan a trabajar en su gobierno, sinceramente, en cuerpo y alma por este cambio profundo que necesita Chihuahua.

Pido al jefe del ejecutivo estatal que si por cualquier motivo resulta que su gobierno no tiene la capacidad o no puede esclarecer el asesinato de Miroslava y castigar a los asesinos, a los autores materiales y a los autores intelectuales, a todos, por encumbrados que estos estén, que así lo reconozca y que al menos no caiga en los oprobiosos esquemas del viejo régimen de fabricar chivos expiatorios.

Queremos, los familiares de Miroslava Breach, lo mismo que quieren miles y miles de chihuahuenses, que su muerte -como tantas otras muertes que hemos sufrido-, no sea en vano. Queremos esta preciosa sangre derramada nos sirva para crear mayor conciencia de la necesidad imperiosa de un cambio real en el gobierno y en la sociedad.

Todas las vidas son valiosas. Sin duda. En el caso de mi hermana, pido permiso para hablar de nuestro dolor como familia por haber perdido a una de las mujeres más brillantes de este árbol genealógico de hondas raíces que hicieron crecer Jacobo y María, nuestros padres.

¡Cuánta falta nos hace Miros, cómo la extrañamos cada día!

¿Con quién, me pregunto, vamos a reírnos hasta las lágrimas recordando aquellas anécdotas de nuestra niñez? Cada que nos reuníamos, llorábamos, reíamos, celebrábamos el estar vivas y haber salido delante de infortunios que parecían insuperables como la trágica muerte de nuestro querido padre que dejó viuda a mi madre aún siendo joven y a sus cuatro hijas y a su hijo en muy temprana orfandad.

Ese golpe de guadaña que nos dio la muerte, ayudó a forjar nuestro carácter. La muerte del padre nos hizo unirnos para enfrentar con fuerza la adversidad. Y a Miroslava, así lo veo, le dio un temple de acero.

De haber vivido entre comodidades, terminó mi madre trabajando de afanadora y con todos sus hijos adentro de cuatro paredes y un techo de lámina y cartón. Pero aún asi, salimos adelante.

Con el asesinato de Miroslava mataron a una mujer que se forjó en la lucha constante por convertirse en una profesionista formada con solidez académica.

Ella salió de Chínipas, donde nació el 7 de agosto de 1962, para irse a estudiar la primaria a Los Mochis, Sinaloa cuando murió mi padre y la secundaria y preparatoria en Navojoa, Sonora, Posteriormente se fue a La Paz, donde se inscribió en la Universidad Autónoma de Baja California Sur, primero en la carrera de Ciencias Biológicas, que estudió dos años, pero pronto se dio cuenta que en realidad era otro el ámbito académico de su interés y se cambió a la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública, de donde egresó en 1987.

En Baja California Sur trabajó en dos medios de comunicación locales y de 1989 a 1992 fue directora de Comunicación Social en el ayuntamiento de Los Cabos.

Al año siguiente, en 1993, se regresó a nuestro estado para vivir en la ciudad Chihuahua, traía en brazos, de unos meses de nacida, a su hijita Andrea. Al poco tiempo empezó a trabajar en El Heraldo, luego en el Diario de Chihuahua, a partir de mayo de 1997 y hasta el último día de su vida fue corresponsal de La Jornada, tiempo en el que trabajó simultáneamente en otros medios, siendo el último de ellos El Norte de Ciudad Juárez donde se desempeñó como directora editorial. Empezaba a consolidar su propia agencia informativa MIR, cuando le cortaron la existencia.

La trayectoria periodística de mi hermana, aquí es de muchos conocida. Yo sólo quiero terminar con una amorosa frase que Andrea escribió a su madre el 11 de marzo de 2014, cuando andaba mi sobrina en la República de Chile en un viaje de intercambio académico.

“Eres tan fantástica que puedo presumirte en clase y decir que eres la mejor periodista: Ahora tienes un nuevo fan en Chile. Te adoro bonita, te extraño”.

Yo también te extraño mucho, mi querida hermana. Mi hermanita la Contreras, como te decíamos en nuestra familia por tu carácter siempre rebelde, por indómita y libertaria.

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