“Nos tratan como narcos”, dice reportero de Guerrero retenido en EU a la espera de asilo político

El reportero Martín Méndez Pineda. Foto: Especial El reportero Martín Méndez Pineda. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Autoridades de Estados unidos negaron la salida “bajo palabra” del reportero guerrerense Martín Méndez Pineda, del centro de retención El Paso Processing Center, en donde se encuentra actualmente. El comunicador ingresó a ese país en busca de asilo político el pasado 5 de febrero, al huir de las amenazas por parte de elementos del Ejército Mexicano.

El pasado 5 de marzo, en una nota publicada en Proceso, Carlos Spector, abogado experto en asilos políticos, explicó que de acuerdo con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) al pasar la prueba de miedo creíble, el comunicador tiene derecho a libertad condicional y a entrar oficialmente al territorio estadunidense, lo cual en esta ocasión no ocurrió.

Hoy, a través de una carta enviada por el abogado a Proceso, de la cual se publica un extracto, el reportero narra la “discriminación, abusos y humillaciones que ha vivido” en West Texas Detention Facility.

Inicia así su carta:

“A pesar de que presenté todos los documentos de manera correcta y aprobé la credible fear interview -entrevista de miedo creíble-, del pasado 1 de marzo, a la fecha las autoridades de Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) me mantienen detenido aun cuando he demostrado que las amenazas y el peligro que enfrento en mi país es real.

“Han pasado 66 días de haberme entregado ante las autoridades migratorias en El Paso, Texas, con la finalidad de poder obtener el asilo político a consecuencia de las constantes amenazas de muerte que estaba recibiendo por elementos federales debido a notas periodísticas que realicé en Acapulco, Guerrero, lugar donde comencé mi carrera como periodista en Novedades Acapulco”.

Relata que pensó que entregando toda la documentación como marca la ley, sería más fácil obtener asilo, pero no fue así.

“Todos los indocumentados son tratados como delincuentes o narcotraficantes, tristemente lo estoy viviendo. Se ha dicho que los agentes de inmigración emplean técnicas de intimidación y acoso buscando que muchos de los detenidos se desanimen y decidan ‘pedir su deportación’. Conmigo lo han intentado de distintas maneras, ya que el día 28 de marzo me negaron la salida condicional a pesar de todas las pruebas entregadas con el único argumento de que no tenía lazos con la comunidad”.

Narra también que al pedir una explicación, los oficiales de ICE solo argumentaron que al 99.9% de las personas que califican para la salida condicional les es negada y son deportados. ICE dice que es una detención y no una prisión y que en el momento que decidan se les puede mandar a su país de origen, pero no es así, porque al solicitar la deportación, los retienen hasta seis meses, causándoles daño psicológico y una larga tristeza por estar detenidos en contra de su propia voluntad.

“Lo más triste y considerado por nosotros como una ironía por parte de agentes migratorios, es que de ninguna de las dos maneras se gana, el ‘parole’ –libertad bajo palabra-. Al final es negado por razones ilógicas a pesar de la entrega de pruebas y documentos fuertes, mientras que a los que obtienen fianza se les exigen cantidades de más de 50 mil dólares y al no contar con ese dinero también son deportados”, indica el reportero en exilio.

La principal inconformidad de los indocumentados detenidos, es la forma en que se realizan los trámites, ya que algunos han esperado respuesta por más de 10 u 11 meses y las detenciones se prolongan con el único fin de desesperarlos.

Una de las estrategias más efectivas de los oficiales es separar a las familias al entregarse a las autoridades, ya que la madre y los hijos salen libres, mientras que el padre de familia siempre es detenido y al final deportado sin poder hacer nada. Esto, por efecto, obliga a la familia ya asentada en Estados Unidos, a regresar a su país de origen debido a que el sustento económico no alcanza, pues es el padre quien regularmente aporta más de la mitad del dinero. Finalmente, la familia completa abandona el país.

Los centros: trato degradante

Méndez Pineda abunda en su carta:

“He vivido discriminación, abusos y humillaciones desde el primer día -detenido- en West Texas Detention Facility, ubicado en la ciudad de Sierra Blanca, Texas, misma donde experimenté los peores días de mi vida. Ese lugar es conocido por los internos como El gallinero, ya que las barakas literalmente son un establo para ganado o gallinas, diseñado para un aproximado de 60 personas, pero son sobrepobladas con más de 90 a 100 individuos expuestos a todo tipo de enfermedades y no reciben la atención medica correspondiente”.

“…El gallinero es pequeño, con literas de metal, colchones de goma desgastados, piso de madera, baños con mold de color verde y amarillo pegada en las paredes, maleza alrededor y serpientes y ratas se observan por las noches. Los guardias miran a las personas con asco y si les diriges la palabra te ignoran. La comida es muy poca, te dicen que es para sobrevivir es un martirio caer en ese lugar. Un infierno”.

Martín enfermó y en castigo, lo encerraron en el lugar conocido como El pozo o La hielera. Lloró toda la noche. Describe el sitio como un lugar de apenas dos metros con una pequeña cama desgastada; a un lado, una taza de baño de metal con hongos por todas partes más desagradable que El gallinero.

Cuenta:

“Jamás volví a decir que me enfermé, no solo yo si no el total de los casi 100 inmigrantes que nos encontrábamos detenidos en esa celda.

“Después de permanecer una semana en ‘Sierra Blanca’ un día domingo a las 10 de la noche me trasladaron a otra detención llamada ‘Cibola County Correctional Center’ en la ciudad de Milan, NM, el traslado fue la peor de la tortura, nos mantuvieron más de 26 horas encadenados de pies, cadera y las manos prensadas al pecho sin poder movernos, como si los indocumentados fuéramos delincuentes peligrosos”.

Recuerda que ante las exigencias por un poco de alimento y agua, el oficial que conducía el camión les gritaba: “Nadie les dijo que vinieran, que esto les sirva para que ya no quieran regresar, la próxima vez tengan en cuenta que serán dos años en prisión federal. Minutos más tarde el mismo oficial se estacionó en una gasolinera para comprarse una soda grande y frente a todos la comenzó a beber”.

Allí se dislocó el brazo izquierdo, tenía una gran hinchazón, dolor, y el hueso casi afuera de la piel. Un agente le pidió que hiciera una carta para ser atendido en dos días. Después de una semana lo revisaron y solo le dieron pastillas de ibuprofeno.

“En Cibola estuve un mes y ocho días hasta que me sacaron para ser trasladado a otra detención, nuevamente con cadenas en pies, manos y pecho, solo que en esta ocasión sí nos proporcionaron agua y comida. Llegamos a la detención El Paso Processing Center, en la cual me encuentro”.

Según la página 5 del manual de detenidos, al llegar son clasificados por colores y serán puestos en la categoría “adecuada” según el riesgo. El color azul, nivel 1 (bajo), para personas no violentas y sin antecedentes penales; anaranjado, nivel 2 (medio), para quienes cuentan con arrestos y son deportados por segunda vez; y el color rojo, nivel 3 (seguridad alta), para personas de alto riesgo y requieren máxima seguridad.

Los primeros días, al comunicador mexicano le asignaron el rojo, “como presión sicológica”, dice.

“Sé que el sufrimiento que pasó no es en vano, diariamente estoy viviendo la triste realidad del maltrato y discriminación hacia los hispanos. Este martirio tiene una finalidad: que se nos dé refugio a todo periodista en peligro. Es un momento histórico. Mi libertad está en juego y la esperanza de que periodistas reciban refugio en este país incrementará”, finaliza la carta de nueve cuartillas.

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