Un enigma llamado Emmanuel Macron

Emmanuel Macron, candidato de En Marcha. Foto: AP / Lionel Bonaventure Emmanuel Macron, candidato de En Marcha. Foto: AP / Lionel Bonaventure

El pasado 16 de noviembre de 2016, Emmanuel Macron, líder de En Marcha!, anunció su candidatura presidencial, lo que desató burlas y escepticismo en el espectro político francés. Hoy es el favorito para ganar la segunda vuelta de las elecciones que se llevarán a cabo este domingo 7 de mayo. “Niño genio”, ambicioso y carismático, desarrolló una meteórica carrera política desde las sombras del poder y al amparo del presidente Francois Hollande, de quien ahora se deslinda. “No soy de izquierda ni de derecha. Soy de izquierda y de derecha”, se define, pero sus biógrafos reconocen que aún falta por descubrir al “verdadero Macron”.

PARÍS (Proceso).- Emmanuel y Brigitte Macron suben al escenario, triunfantes. El líder de En Marcha! hace la V de la victoria. Su esposa, feliz, ríe. La multitud eufórica aplaude gritando Macron Président.

En esa noche febril del 23 de abril todos parecen olvidar que el líder de En Marcha! sólo acaba de ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales con 24.01% de los sufragios y que el próximo 7 de mayo le tocará enfrentar a Marine Le Pen, quien obtuvo 21, 30 % de los votos.

No parecen medir, en realidad, hasta qué punto es trágico para Francia tener precisamente como contrincantes a la lideresa del ultraderechista Frente Nacional y a sus 7 millones 700 mil electores, una cifra jamás alcanzada en comicios anteriores.

Las imágenes de la cena a la que esa misma noche Macron convidó a sus amigos y colaboradores en La Rotonde –un restaurante hoy mítico del barrio de Montparnasse en el que pintores hambrientos como Picasso, Chagall, Modigliani y Diego Rivera se juntaban durante la Primera Guerra Mundial– tienden a reforzar esa impresión desagradable de celebración prematura e indecorosa.

Numerosas fueron las críticas. Destacó la de François Hollande:

“Es preciso movilizarse y actuar con seriedad. Nada está decidido aún porque un voto se merece, se conquista, se justifica…”, amonestó el todavía presidente francés antes de constatar: “No se tomó realmente consciencia de lo que significa esa noche del 23 de abril. Todo el mundo se focalizó en el ‘orden de llegada’ de los candidatos y olvidó que fue Marine Le Pen la que calificó para la segunda vuelta”.

Insistió: “Dista de ser neutro el hecho de que Marine Le Pen compita en esa segunda vuelta de las presidenciales”.

Macron no se turbó en absoluto. Con su aplomo habitual reivindicó esa celebración, así como el derecho de llevar la agenda de su campaña a su antojo. Lo hizo en un tono duro, que contrastó con sus modales generalmente corteses.

¿Un nuevo Emmanuel Macron está surgiendo? Difícil contestar esta pregunta porque el verdadero Macron sigue siendo un misterio.

“En realidad nadie nunca logra penetrar en su propio perímetro”, reconoce su esposa.

Muchos de sus conocidos halagan su arte de escuchar a los demás, su interés por sus interlocutores, inclusive su empatía, pero todos subrayan su manera elegante de nunca revelar nada de sí mismo.

Marea intentar la revisión de los 8 mil artículos publicados en la prensa de los tres últimos años sobre el líder de En Marcha!, como desconcierta hojear la media docena de biografías que inspiró.

Macron, de 39 años, es descrito simultáneamente como “niño mimado”, “narciso embriagado por su propia imagen”, “hombre providencial que espera Francia”, “tele-evangelista del neoliberalismo”, “meteoro genial”, “puro producto del sistema elitista francés”, “agente de las finanzas internacionales”, “detonante de la explosión del sistema político francés y motor de su reconstrucción”… La lista dista de ser exhaustiva.

Él mismo cultiva la ambigüedad y la indefinición. Al principio de su fulgurante carrera política se presentaba esporádicamente como socialista; ahora tiende a afirmar que nunca perteneció al PS.

“No soy de izquierda ni de derecha. Soy de izquierda y de derecha”, repite al tiempo que rechaza con fuerza la etiqueta de centrista y descalifica las nociones mismas de derecha y de izquierda, que considera “obsoletas”. Habla de “conservadores” y “progresistas”.

Su meta es unir a las “fuerzas progresistas” presentes en los rangos de Los Republicanos y del Partido Socialista para acelerar la recomposición de la vida política francesa y “su mejor adecuación a los desafíos del siglo XXI: globalización, revolución tecnológica, cambios climáticos…”. No le entusiasma, sin embargo, ser comparado con Tony Blair o Gerhard Schröder, artesanos y defensores de la llamada “tercera vía”.

La profesora de francés

Emmanuel Macron nació en la ciudad de Amiens, norte de Francia, el 21 de enero de 1977 en una familia de clase media de izquierda. Su padre sigue ejerciendo su profesión de neurólogo y su madre, médica, se jubiló.

El líder de En Marche! construyó con sumo cuidado “el relato” de su infancia y de su adolescencia. Se muestra discreto sobre sus padres –hoy divorciados– y es inagotable cuando habla de su pasión por su abuela materna Germaine Nogués, cultísima directora de escuela con la que convivió más que con sus padres, demasiado entretenidos con su profesión.

Según Macron, Nanette, así llamaba a esa abuela casi mítica, le inculcó el amor por la literatura, la música y el arte, al tiempo que supervisó sus estudios con una mezcla de benevolencia y rigor extremo. Tan exigente era la abuela y tan deseoso de impresionarla era el nieto que Macron acabó siendo el alumno más destacado de su escuela primaria y del selecto colegio jesuita La Providence, donde cursó la secundaria. Condiscípulos y maestros entrevistados por sus biógrafos son unánimes: el joven Macron era brillantísimo. Muchos profesores aseguran que fue el alumno más impresionante que conocieron en toda su carrera.

La admiración general que despertaba el adolescente fue un tanto opacada por el conato de escándalo que provocó su relación amorosa con Brigitte Trogneux Auzière, profesora de teatro y de francés de La Providence.

Macron tenía 15 años y su maestra 39. Brigitte Trogneux era madre de tres hijos, su marido era banquero y su familia, descendiente de una verdadera dinastía de comerciantes adinerados, pertenecía –y sigue perteneciendo– a la llamada bonne société de Amiens. La situación se tornó tan compleja y molesta para todos los protagonistas que Macron dejó Amiens para seguir sus estudios en París.

La relación perduró 15 años, al principio bastante clandestina, luego más abierta, en medio de incesantes presiones de ambas familias y bajo la mirada crítica de la sociedad que acepta sin problema –e inclusive con cierta admiración– que un hombre mayor tenga una pareja mucho más joven que él, pero se muestra bastante intolerante y a menudo cruel cuando se invierten los papeles.

Finalmente el 20 de octubre de 2007 Emmanuel Macron y Brigitte Trogneux se casaron en el elegante balneario norteño de Le Touquet, donde la pareja tiene una casa de campo. Las dos familias estuvieron presentes.

Hoy el líder de En Marcha!, que aspira a convertirse en el presidente más joven de la V República , se enorgullece de “su tribu” de siete nietos adoptivos.

Más allá de esa love story novelesca que fascina a la prensa femenina y los tabloides, la relación de Macron y de su esposa es muy reveladora del anticonformismo asumido y reivindicado por el líder de En Marcha! y de su empeño por lograr los objetivos que se promete alcanzar.

Lo mismo asegura que convirtió en lema personal un pensamiento de Antoine de Saint Exupéry: “En la vida no hay solución sino fuerzas en marcha. Es preciso crearlas y las soluciones vienen”.

Los primeros años en París del joven provinciano fueron difíciles, no tanto a nivel material como para su ego. En Amiens era un alumno superdotado, en la Ciudad Luz fue tan sólo un chico del montón. Intentó ingresar en la afamada Escuela Normal Superior. No lo logró. En 2001 se lanzó en estudios filosóficos al tiempo que se inscribió en el Instituto de Estudios Políticos. Tres años más tarde ingresó en la prestigiada Escuela Nacional de Administración (ENA), incubadora de la élite francesa en la que volvió a lucirse.

La Comisión Attali

En 2004, recién graduado, empezó su carrera en alta administración, escogiendo la afamada Inspección General de Finanzas, dirigida por Jean-Pierre Jouyet, íntimo de François Hollande, que quedó deslumbrado por “su capacidad de trabajo, sus cualidades intelectuales, su entusiasmo y su alegría de vivir”.

Jouyet se convirtió en uno de sus mentores, al igual que Jacques Attali, eminencia gris de François Mitterrand, que sigue ejerciendo una influencia considerable en los arcanos de la política francesa. En ese mismo año de 2004 Macron ingresó al Partido Socialista, del que fue miembro durante sólo tres años.

En 2007 Attali lo nombró relator de la Comisión para la Liberalización del Crecimiento en Francia, que dirigía. Ese trabajo apasionó a Macron. Le permitió sentar las bases de su proyecto socio-liberal y agudizó sus ansias de acabar con “las barreras ideológicas que separan a los progresistas de derecha y de izquierda”.

Creada por Nicolas Sarkozy, dicha Comisión contaba con 42 integrantes de convicciones y horizontes distintos e inclusive antagónicos: expertos de toda índole, académicos, empresarios, economistas, políticos y sindicalistas que trabajaron juntos durante ocho meses en la elaboración de un denso informe y de una lista de 316 medidas “indispensables” para reformar a fondo el país y revitalizar su economía.

Según Eric le Boucher, economista, fundador del diario electrónico Slate y miembro de la Comisión, “todos los partidos políticos rechazaron ese plan por meros automatismos ideológicos. La derecha lo consideró demasiado audaz, la izquierda radical lo condenó por ser ultra liberal y logró imponer ese análisis a la dirección del Partido Socialista, mientras que la corriente socialdemócrata del PS lo aprobó pero no se atrevió a defenderlo”.

Esa experiencia fue capital para Macron y muchas de las medidas que la Comisión Attali recomendaba aparecen hoy en su propio programa político.

Estos meses de trabajo al lado de Attali permitieron también a Macron diversificar su ya amplia red de contactos y explorar nuevos ámbitos profesionales. François Henrot, pudiente empresario que lo apoya desde hace una década, le abrió las puertas del banco de negocios Rothschild & Cie, donde hizo una carrera meteórica, logrando ganar 2 millones 800 mil euros en sólo cuatro años, de 2009 a 2013.

Pero volverse multimillonario no lo apasionó en absoluto. En 2011 Jean-Pierre Jouyet lo introdujo en el círculo de consejeros de Hollande, que se aprestaba a enfrentar a Sarkozy en las elecciones presidenciales de 2012.

Ganó Hollande y todo se aceleró. Macron asumió en mayo de 2012 el importante cargo de secretario general adjunto del Elíseo. Tenía apenas 35 años. Carismático, atípico, independiente, sonriente, ambicioso y con obvias diferencias con el PS, empezó a llamar la atención de los medios de comunicación masiva.

Guerra interna

Todos los observadores políticos coinciden en que fue bajo su influencia que Hollande tomó algunas de sus decisiones liberales más cuestionadas por la corriente de izquierda del PS y los sindicatos.

En agosto de 2014, Jean-Pierre Jouyet y Jacques Attali –ambos afirman ahora que Macron es su “criatura”– convencieron a Hollande de confiarle el Ministerio de Economía, Industria y Sector Digital, al que acababa de renunciar Arnaud Montebourg, integrante de la corriente de izquierda del PS.

Ese nombramiento lo convirtió en el ministro de Economía más joven de Francia desde 1962 y en uno de los colaboradores más cercanos e influyentes de Hollande. Fue Macron quien llevó al presidente francés a adoptar una clara línea socio-liberal, lo cual agudizó las tensiones en el seno del PS y en el propio gobierno encabezado por Manuel Valls.

Ese viraje liberal no fue la única causa de esa violenta guerra interna; la atizaron también el deseo de Hollande de obtener un segundo mandato presidencial y la ambición de Montebourg y Valls, entre otros, de llegar al Elíseo.

Macron, que ya tenía en mente su propio proyecto político, agudizó la crisis con declaraciones intempestivas que le permitieron reafirmar públicamente su distancia con un gobierno cada vez más desacreditado. Crecieron las presiones para exigir que Hollande lo relevara de sus funciones. En vano. Hollande seguía bajo “su encanto”, afirman enemigos de ambos.

En abril de 2016 Macron se dio el lujo de anunciar públicamente la creación de su propio movimiento En Marche!, sin avisar previamente a Hollande. Más provocador aún: organizó el primer mitin de su formación política –que resultó bastante exitoso– el 12 de julio, en vísperas del tradicional discurso presidencial del día de la fiesta nacional, robándose “el show”.

Fue la gota que derramó el vaso. El 30 de agosto renunció a su cargo. Hollande confió a dos periodistas de Le Monde: “Emmanuel Macron me traicionó metódicamente”.

El 16 de noviembre de 2016 el líder de En Marcha! anunció su candidatura a las elecciones presidenciales, provocando burlas, hilaridad y escepticismo en todo el espectro político francés.

Pero Macron confiaba en su buena fortuna.

El primer golpe de suerte se dio con las elecciones primarias de Los Republicanos, que designaron como candidato presidencial a François Fillon. Una semana después surgieron acusaciones sumamente graves de corrupción en su contra. La justicia inició una investigación por su presunta complicidad y ocultamiento de malversación de fondos públicos, entre otros delitos. Ello provocó un cataclismo en la derecha. El partido de Los Republicanos, ya de por sí dividido, se desgarró y su campaña presidencial fue totalmente contaminada por el escándalo.

El segundo golpe de suerte para Macron: la elección de Benoît Hamon en las primarias del Partido Socialista. Valiente pero poco preparado para llevar esa campaña, Hamon fue literalmente boicoteado por los reformistas de su propio partido encabezados por Valls y Hollande, mientras que el programa mucho más radical de Jean-Luc Mélenchon le restó simpatía entre los electores de izquierda.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales fue tan sólo una batalla. Faltan tres más: la segunda vuelta del próximo 7 de mayo y las dos vueltas de las elecciones legislativas de los próximos 11 y 18 de junio.

Será en estas tres oportunidades que se jugará la recomposición política real de Francia, hoy dividida en cinco fuerzas antagónicas. Tres tienen el viento a su favor: En marcha!, de Macron, el Frente Nacional de Le Pen y La Francia Insumisa, de Mélenchon; dos están al borde del colapso: el Partido Socialista y Los Republicanos.

Subraya Françoise Fressoz, editorialista de Le Monde en la edición del pasado 26 de abril: “Sólo se sabrá el 18 de junio si el vencedor de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, sea quien sea, dispondrá de una dinámica suficiente como para dar golpes de gracia a los dos grandes partidos políticos históricos de Francia o si tendrá que aprender a hacer concesiones y aceptar compromisos”.

Así se sabrá si Macron ha sido tan sólo un meteoro.

Este reportaje se publicó en la edición 2113 de la revista Proceso del 30 de abril de 2017.

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