La Iglesia Católica refrenda su apoyo a familiares de desaparecidos

Un cura acompaña a familiares de desaparecidos en Navolato, Sinaloa. Foto: Germán Canseco Un cura acompaña a familiares de desaparecidos en Navolato, Sinaloa. Foto: Germán Canseco

CIUDAD DE MÉXICO (apro).— La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se compromete a seguir apoyando a los familiares de los desaparecidos, principalmente a través de sus centros de derechos humanos y casas para migrantes que tiene operando en todo el país.

En el Estudio del Observatorio Nacional de la CEM, sobre los desaparecidos en México, dado a conocer hoy viernes, el máximo organismo de la jerarquía católica señala que continuará “la cooperación de muchos sacerdotes y laicos” hacia los “familiares que han sido víctimas de desapariciones forzadas”.

Y agrega:

“Las organizaciones de desaparecidos y las familias de víctimas de este atroz crimen, necesitan espacios de acogida, respeto y promoción de su voz. La Iglesia Católica en México es consciente de su papel frente a esta dura situación. Porque la Iglesia, históricamente, tiene mucha credibilidad en las comunidades, es a través de su autoridad moral y de su labor profética que la Iglesia asume las consecuencias de lo que implica respaldar a las familias de las víctimas”.

También señala que, en noviembre de 2014, durante la 98 asamblea plenaria de la CEM, los obispos mexicanos emitieron el mensaje ¡¡Basta ya!! en el cual se pronunciaron específicamente contra las desapariciones en México.

Y aparte de éste y otros pronunciamientos, el documento agrega que el episcopado ofrece su apoyo “solidario y fraterno” a las víctimas, como las de Ayotzinapa, Iguala, Tlatlaya y Jojutla, entre otras.

En este apoyo –prosigue—trabajan directamente sus centros de derechos humanos y sus casas de migrantes, que tienen estrecha relación con la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, perteneciente a la CEM.

Señala:

“Las capillas y parroquias siguen siendo espacios protagónicos para el encuentro de las organizaciones civiles de desaparecidos, en sus respectivos estados, ya que la población teme amenazas, pero confía en la Iglesia”.

Y pone un ejemplo de esta cooperación:

“La Primera Brigada Nacional de Desaparecidos realizada en Veracruz se logró gracias a la cooperación de obispos y sacerdotes que abrieron las puertas de sus diócesis y de sus parroquias para dar alojamiento, alimento y ayuda espiritual”.

Además, indica que los llamados “Centros de Escucha” abiertos por la Iglesia, son “unidades de atención a través de una pastoral humana y espiritual que abre el corazón y los oídos para aquellos que necesitan ser atendidos”.

Las casas católicas para migrantes –refiere– no solo dan cobijo a esta población vulnerable, sino además proporcionan “pistas para descubrir el caminar de los migrantes desaparecidos”.

El documento de la CEM maneja algunas cifras sobre el problema: como los 57 mil 861 casos de desaparecidos en 20 años que registró la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH); o las 855 fosas clandestinas, con mil 548 cuerpos, que las autoridades han encontrado en los últimos 10 años.

Agrega la CEM:

“Estos datos no son concluyentes, pues hace falta tomar en consideración a las muchas personas que por temor ante amenazas y desagravios, deciden enmudecer y evitan hacer una denuncia”.

Por último, el documento –firmado por el secretario general del episcopado, Alfonso Miranda Guardiola– reitera que los obispos, sacerdotes y laicos católicos seguirán apoyando a las víctimas y “buscando la construcción de la paz”.

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