¿Matar a los niños soldados?

Ussam, un niño soldado sunita en las calles de Libano. Foto: AP / Bilal Hussein Ussam, un niño soldado sunita en las calles de Libano. Foto: AP / Bilal Hussein

PARÍS (apro).- ¿Cómo enfrentar en combate un niño soldado armado con una metralleta AK-47?

¿Matarlo? ¿No matarlo?

“Es un dilema difícilmente sostenible para un militar”, contesta Romeo Dallaire, teniente general retirado canadiense.

“Nada nos prepara para recurrir a la fuerza contra un niño -precisa-. Es contrario a nuestros valores, nuestras costumbres y nuestra educación. Es tan repulsivo que genera tremendas heridas psicológicas. El sólo hecho de toparse con niños soldados, ya de por sí es traumático…”.

Dallaire habla con conocimiento de causa: encabezó la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda en 1994 durante el genocidio que costó la vida a un millón de personas. Sus intentos por alertar a la comunidad internacional sobre las atrocidades que presenciaba -y en las que participaron hordas de niños verdugos, muchos drogados- enfrentaron la indiferencia general.

El oficial regresó muy golpeado a Canadá y al cabo de unos años tuvo que interrumpir su carrera militar debido a graves trastornos de estrés postraumático, más conocidos como TEPT. Se demoró bastante tiempo antes de superarlos y, después de lograrlo, dedicó su vida a niños soldados rescatados y a militares afectados por TEPT.

En agosto del año pasado, Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, anunció que su país participaría con 600 hombres en la misión de paz de la ONU en Mali.

Consciente de que los grupos yihadistas de ese país de África Occidental reclutan masivamente a menores de edad, el alto mando militar canadiense pidió asesoría a Romeo Dallaire. Y fue gracias a la dolorosa experiencia del teniente general que nació la Nota de Doctrina Inter-armas NDI-2017-1, un documento de 40 páginas que explica a los futuros Cascos Azules canadienses la compleja problemática de los niños soldados y les da directivas para encararla.

Las Fuerzas Armadas canadienses no son las primeras en reflexionar sobre el tema, pero son las únicas en brindar a sus tropas un manual de instrucciones detalladas sobre la manera de enfrentar combatientes, cuya edad oscila entre ocho y 16 años.

La ONU, la OTAN y las Fuerzas Armadas británicas se muestran sumamente interesadas por su iniciativa.

Destaca Dallaire:

“Existen investigaciones y programas para salvar a niños soldados y reintegrarlos a la sociedad, pero no hay casi nada sobre la manera de afrontarlos en combate. Es capital minimizar la eficiencia de estos niños soldados y lograr que su reclutamiento resulte menos atractivo para los grupos armados”.

El teniente general insiste particularmente sobre la necesidad de someter a los militares a un “entrenamiento psicológico y emocional intensivo y específico” que los capacite para tratar con ese tipo de enemigos tan “fuera de las normas”.

“En agosto del 2000, once soldados británicos fueron capturados por rebeldes en Sierra Leona porque se habían dejado desestabilizar por la presencia de niños armados”, recuerda Dallaire, quien señala también la muerte de 16 Cascos Azules sudafricanos en la República Democrática del Congo “que no supieron reaccionar ante sus pequeños asaltantes armados”.

Recalca: “Los líderes rebeldes aprovechan esa inhibición y usan cada vez más a los niños como ‘armas tácticas’. Saben, por ejemplo, que Japón y Alemania rehúsan que sus tropas enfrenten a menores de edad. Es terrible decirlo, pero echarse para atrás frente a chicos armados lleva a quienes los instrumentalizan a multiplicar los reclutamientos forzados”.

El guion

¿Qué hacer entonces?

En situación de combate, Dallaire recomienda que, de ser posible, se dispare exclusivamente contra los rebeldes adultos para fragilizar a los muchachos, incitarlos a rendirse y detenerlos sin herirlos.

Los niños presos, especifica el teniente general, no pueden ser encarcelados en prisiones o campos militares con adultos. Por el contrario, deben ser entregados cuanto antes a instituciones civiles y confiados a ONG e instancias especializadas de las Naciones Unidas que facilitarán su rehabilitación.

Este “guion” es el más optimista y el oficial retirado sabe que la realidad suele ser mucho más cruenta.

“Los soldados no siempre podrán evitar enfrentar militarmente a chicos armados –reconoce–. Muchos son absolutamente incontrolables porque actúan bajo efecto de drogas o sufrieron un despiadado lavado de cerebro. Son chicos que perdieron todo contacto con la civilización, la normalidad, la realidad. En ciertas circunstancias resultará inevitable usar fuerza letal en su contra”.

En otras palabras: matarlos.

El texto completo de la Nota de Doctrina Inter-armas NDI-2017-1, no se dio a conocer públicamente. Dallaire y los voceros de las Fuerzas Armadas canadienses se limitaron a comentar su contenido en grandes líneas.

No explicaron en qué consiste el “entrenamiento emocional y psicológico específico” que permitirá a los soldados canadienses superar “la repulsión” que genera la obligación de disparar contra un chico.

Tampoco se enfocaron en las consecuencias que puede tener el hecho de entrenar adultos a no cohibirse ante la perspectiva de matar a un niño de ocho años…

Dallaire no se ciega, pero insiste sobre la gravedad de la situación. Según la UNICEF, existirían actualmente entre 250 mil y 300 mil niños soldados en el mundo. Numerosos expertos, sin embargo, consideran que esa cifra subestima la amplitud del problema.

Hoy en día las Fuerzas Armadas de siete países siguen reclutando a niños. Hacen lo mismo 50 milicias terroristas que combaten en 15 países de África, Medio y Cercano Oriente y Asia Central. La situación se torna particularmente trágica en Níger, Mali, Chad y Sudán, países en que los yihadistas de Boka Haram perpetran raptos masivos de adolescentes. También causan estragos entre los jóvenes de Somalia los yihadistas de Al-Shabaab. Sin hablar del Estado Islámico en Siria e Irak.

La ONU estima que 60% de los menores de edad secuestrados y adiestrados por los grupos armados son hombres y 40%, mujeres. Los niños soldados se desempeñan como combatientes, espías, mensajeros y exploradores; y las niñas como esclavas sexuales. Son cada vez más frecuentes los casos de niñas de ocho a 10 años usadas como bombas humanas.

Fundada en 2007 por Dallaire, la organización Child Soldier Iniciative multiplica esfuerzos para que la opinión pública canadiense tome conciencia del problema y también de la eventualidad de “golpes letales” infligidos a menores de edad por soldados oriundos de Halifax, Toronto, Otawa o Montreal…

“Informar a los canadienses sobre esa realidad es capital”, asegura el general retirado. “Los enfrentamientos con niños tienen que ser llevados con todas las precauciones posibles y debemos comunicar con sumo cuidado sobre ellos porque puede tener un impacto sumamente negativo a nivel nacional e internacional”.

¡Terrible dilema el de Dallaire y Child Soldier Iniciative!

En realidad, el general y su ONG persiguen tres metas difícilmente compatibles: salvar a niños soldados, acostumbrar a los militares canadienses a matar a unos cuantos y lograr que la opinión pública tolere algo por esencia intolerable.

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