El Papa, una nueva presión para el ya debilitado Maduro

El Papa Francisco en el Vaticano. Foto: AP / Alessandra Tarantino El Papa Francisco en el Vaticano. Foto: AP / Alessandra Tarantino

BOGOTÁ (apro).- La reunión que sostuvo el papa Francisco el jueves en el Vaticano con el alto mando de la Conferencia Episcopal Venezolana es parte de una serie de gestiones internacionales para propiciar un nuevo diálogo entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Mientras las calles de Venezuela son escenario de una escalada represiva que ha dejado 67 muertos en 73 días de protestas y Maduro apuesta por una Asamblea Constituyente, de la que estará excluida la oposición, no faltan líderes regionales que se mueven con discreción para acercar a los principales actores de ese conflicto.

La tarea, desde luego, hoy parece imposible. En primer lugar, porque la oposición no puede dialogar con un régimen que optó por reprimir a costa de muchas vidas la protesta social.

Y en segundo lugar, porque la convocatoria del presidente a una Constituyente fue como una patada a la mesa de negociaciones que habían instalado en octubre pasado el gobierno y la MUD con la facilitación del Vaticano y de los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero (España), Leonel Fernández (República Dominicana) y Martín Torrijos (Panamá).

Pero la presión de las movilizaciones de calle, de la comunidad internacional –que ha repudiado los asesinatos y los excesos de la fuerza pública— y de los chavistas que piensan que se están cruzando varias líneas rojas, están debilitando de tal manera a Maduro que es muy probable que el mandatario acabe por abrir de nuevo la puerta del diálogo. Ya sea para buscar una salida a la profunda crisis política, económica y social que agobia al país o como recurso para ganar tiempo, tal como la ha hecho en el pasado.

Precisamente, y a pesar de que los expresidentes Rodríguez Zapatero, Fernández y Torrijos consideraron una total desconsideración de Maduro convocar a una Constituyente en momentos en que había un diálogo con la MUD, los exmandatarios no cerraron la puerta a mantener su facilitación y han tenido contactos con funcionarios del gobierno venezolano y representantes de la oposición.

De hecho, Rodríguez Zapatero se encuentra por estos días en Venezuela haciendo esas gestiones con mucha discreción.

Él, Fernández y Torrijos han pedido al Vaticano, que participó junto con los expresidentes como facilitador en la mesa de negociaciones entre el gobierno y la MUD, que siga cumpliendo esa tarea en una eventual reactivación del diálogo.

El mensaje papal

Con esos antecedentes, el Papa Francisco aprovechó su reunión de 50 minutos con seis obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), el pasado jueves, para enviar varios mensajes que sin duda constituyen nuevos elementos de presión para Maduro en momentos en que el presidente se empeña en una Constituyente “comunal” –que sería elegida el 30 de julio de entre miles de candidatos postulados por el mismo régimen—, mientras los cuerpos de seguridad enfrentan con violencia la protesta social.

De entrada, Francisco “reafirmó que en la voz de los obispos venezolanos también resonaba la suya”, señaló la Conferencia Episcopal de Venezuela en un comunicado. Lo significativo de esta afirmación es que los altos jerarcas de la Iglesia católica del país han mantenido una postura muy crítica frente a Maduro, a quien acusan de ejecutar “una represión brutal y asesina” mientras hay gente que muere por falta de comida y medicamentos.

El Papa, además, les dijo a los obispos que el Vaticano sólo hará parte de una nueva iniciativa de diálogo si el gobierno de Maduro cumple con los cuatro puntos que estaban planteados en la mesa de negociaciones con la oposición.

Estos puntos son: que permita ingresar al país donaciones de alimentos y medicinas, que presente un cronograma de elecciones, que respete la autonomía de la opositora Asamblea Nacional y que libere a los detenidos políticos, que suman alrededor de 290.

Todo esto pasa, desde luego, porque Maduro desista de la Asamblea Constituyente, que la oposición califica como un “fraude” para perpetuar al presidente en el poder y que la Conferencia Episcopal considera un paso “peligroso e innecesario que no es la solución para los graves males que aquejan a los venezolanos”.

Otra condición para abrir las puertas al diálogo es que el presidente desista de la represión para contener la protesta social.

La violencia empleada por la Guardia Nacional Bolivariana contra los manifestantes no sólo ha provocado el rechazo de reconocidos chavistas como la fiscal general, Luisa Ortega, sino del mismo ministro de Defensa, general Vladimir Padrino.

Las divisiones dentro del régimen son otro factor que juega en contra de Maduro y que podrían orillarlo a dar marcha atrás a la Constituyente y optar por una negociación política.

El dirigente opositor Henrique Capriles aseguró en una entrevista con Proceso que los venezolanos son los que deben “restituir la democracia” y resolver el conflicto que viven, “pero la presión de los países es sumamente importante en esta lucha”.

También, por supuesto, el Papa puede jugar un papel clave. Hay que recordar que Francisco y la diplomacia vaticana fueron decisivos en las discretas negociaciones entre Cuba y Estados Unidos para poner fin a los 54 años de bloqueo económico y aislamiento diplomático que Washington impuso a la isla.

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