De manos (IV)

OAXACA, Oax. (Proceso).- Las primeras sombras que se movieron en mi infancia fueron de las manos de mi madre. Doña Flor nos entretenía en las largas noches de huracanes, en el sur de Veracruz, jugando con sus manos haciéndolas ladrar como perros, brincar como conejos o volar como gaviotas.

Me gustaba ver la magia de las manos que se transforman en distintos animales, eran sombras que se movían como si fuera un cine.

En esta colaboración sobre las manos también se incluye un texto del Popol Vuh; esto recordando a don Andrés Henestrosa, quien en una ocasión en una plática decía que la palabra nisa xhinni (saliva) y nisa xiiñi´ (hijo) en zapoteco suenan casi igual.

Su significado se puede entender como si el hijo fuera procreado por medio de la saliva, como le sucede a Dama Sangre en el Popol Vuh, donde se hace alusión a la saliva que engendra.

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Hijos saliva 

La doncella Dama Sangre y el árbol de Uno Hunahpú

Ésta, por lo tanto, es la historia de una doncella, hija del señor llamado Reúne Sangre.

Una doncella, hija de un señor, había escuchado el relato sobre los frutos del árbol. Reúne Sangre era el nombre de su padre, mientras que el nombre de la doncella era la Dama Sangre.

Cuando escuchó la historia de la fruta del árbol, contada por su padre, quedó sorprendida con el cuento:

–¿No puedo llegar a conocerlo, viendo el árbol de que se habla? He sabido que la fruta es realmente deliciosa –dijo ella.

Entró entonces sola bajo el árbol que se había plantado en la Cancha de Pelota Aplastadora:

–¡Ah! ¿Qué es la fruta de este árbol? ¿No es deliciosa la fruta que ofrece este árbol? No moriría. No me perdería. ¿Se sabría si tomara una fruta? –preguntó la doncella.

Entonces habló el cráneo allí en medio del árbol.

–¿Qué es lo que deseas de esto? Es sólo una calavera, algo redondo colocado entre las ramas de los árboles –dijo la cabeza de Hunahpú cuando le habló a la doncella–. No lo deseas –le dijo.

–En verdad, sí, lo deseo –dijo la doncella.

–Muy bien, entonces extiende la mano derecha hacia acá, para que la pueda ver yo –dijo la calavera.

–Muy bien –dijo la doncella.

Extendió la mano derecha hacia arriba, en dirección al rostro de la calavera. Entonces la calavera lanzó un poco de su saliva, dirigida hacia la mano de la doncella. Al ver esto, la doncella examinó su mano de inmediato, pero la saliva de la calavera no estaba ahí.

–Mi saliva, mi baba, es sólo una señal que te he dado. Esta cabeza mía ya no funciona, porque es sólo una calavera que no sirve. La cabeza de un señor verdaderamente grande tiene carne buena sobre la cara. Pero cuando muere, la gente se asusta con sus huesos. De la misma manera, su hijo es como su saliva, su baba. Es su esencia. Si el hijo llega a ser señor, o sabio, o maestro del discurso, entonces no se ha perdido nada. Él prevalece y de nuevo llega a estar completo. La cara del señor no se extinguirá ni se arruinará. El guerrero, el sabio, el maestro del discurso permanecerán en forma de sus hijas y sus hijos.

–Que así sea, como te he dicho a ti. Sube, pues, allá a la faz de la tierra. No vas a morir, porque has entrado a un convenio. Así sea –le dijeron las calaveras de Uno Hunahpú y Siete Hunahpú.

Al hacer esto solamente realizaron los pensamientos y las palabras de Huracán, Rayo Menor y Rayo Repentino.

Así que la doncella volvió a su casa de nuevo, habiendo recibido muchas instrucciones. Acto seguido, sus hijos fueron creados dentro de su matriz, por medio de la saliva. Así fue la creación de Hunahpú y Xbalanqué.

Cuando la doncella llegó a su casa y pasaron seis lunas, su padre, llamado Reúne Sangre, se fijó en ella.

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Del libro Popol Vuh.

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Esta noche sólo se usa el dedo

El rapto

Así se le llama a una de las formas tradicionales que tienen los zapotecos de Juchitán para contraer matrimonio. El novio se “rapta” a la novia en la noche. Es llevada a la casa de él. Cuando llegan, la madre de él le hace dos preguntas a ella:

–¿Estás aquí con toda tu voluntad? ¿Sabes que esto significa matrimonio?

Si ella responde que sí, se queda a solas con el novio. Él la desvirga con el dedo medio, a este dedo se le llama en zapoteco ti’xhi’ y tiene que ver con el grosor de las cosas largas. Cuando el acto ya se consumó acuestan a la novia en la cama. Luego avisan a sus parientes y queman cohetes para que todo el pueblo sepa que hubo un rapto. A esta ceremonia los zapotecos la conocen como bixoñenecabe gunza (“raptaron a la mujer”); biuu gunaa (“entró la mujer”); o también como gureza guidi “rompieron el pellejo”), es decir, hubo ruptura de himen.

La boda de mi tío

Ndanga ndanga ndanga sonó el aldabón de la puerta de mi abuela. Cuando abrió, ante ella estaba parado mi tío el solterón con una muchachita:

–Traigo a la que será mi esposa, dijo, déjame pasar.

Él entró con su novia y todos salimos, la casa era de una sola sala. En lo que estaban adentro, una de las hermanas de mi abuela dijo entre preocupada y pícara:

–¿Felipa, sabrá ese hombre qué dedo usar y dónde lo va a meter? Dile, no sea que vaya a destripar el ombligo de esa pobre muchacha.

Mi abuela la miró furibunda y le dijo:

–Es solterón, no tonto.

A los dos minutos, la misma tía tocó la puerta:

–Chixhe, lu gueeladi’, bicuinisi riquiiñe’ (“apúrate, esta noche sólo se usa el dedo”).

Cuando amaneció, la casa estaba dividida con una sábana blanca, del otro lado yacía la muchacha, cubierta con un lienzo blanco y ceñida la cabeza con una mascada; su cuerpo todo era de tulipán rojo. Sobre el altar una jícara contenía un pañuelo albo manchado con gotas de sangre. A las tres de la tarde arribaron las parientas de la novia, entre ellas venía un anciano que le dijo a mi tío:

Esto lo sabrá la flor, lo sabrá el pueblo: que lo sepan todos cuando a esta sandía le saques la semilla.

Para que la sandía salga más roja,

tendrás que remover su pulpa con el dedo.

Después de dos horas de que llegaron las parientas de la novia, la abuela dio la orden de que se les despidiera. En ese momento, se les dio cervezas selladas y al tiempo; además de un bollo, y la banda de música tocó el son del huachinango rojo, que dice:

Behua xiña’, cane’su’ rini,

purti gudó -xhaatu’ biduaa chita.

Ma’ gudxe’ lii: “Ora cuindini”.

¡Nin la biduaa ne nin la dxita!

(Huachinango rojo estás orinando sangre

porque comiste mucho plátano macho.

Ya te dije “que cuando se pare”,

No pruebes ni el plátano ni los huevos.)

Eso es lo que recuerdo de la boda de mi tío en 1982.

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Texto inédito de Víctor Cata.

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El libro de los nudos

Un Nudo de los Amantes amarrado en el seno de cuatro hebras cortas simboliza las cuatro manos estrechadas de dos amantes acomodadas de la manera que llamamos “silla de manos”. Este nudo me lo enseñó la señora Osborn W. Bright.

Los siguientes cinco números son del tipo comúnmente denominado “Cortando los dedos”. Estos trucos son comunes en las personas más primitivas y están registrados en reportes etnológicos de prácticamente cualquier rincón del mundo.

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Del libro The Ashley book of knots, por Clifford W. Ashley.

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El libro de los enigmas 

–Hijo, ¿a quien viste en el camino? ¿Viste acaso a unos viejos que tenían a unos muchachos con ellos?

–Padre, esos viejos que vi en el camino estaban junto a mí y no podían dejarme; éstos son: el dedo gordo del pie y los demás dedos.

–Hijo, ¿viste a unas viejas que llevaban en brazos a sus hijastros y a otros muchachos?

–Padre, aquí están junto a mí mientras como; no puedo dejarlos. El pulgar de la mano y los otros dedos.

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De El libro de Chilam Balam de Chumayel.

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