Gran Bretaña: Armas para los represores

Miembros del Parlamento Europeo durante una votación. Foto: AP Miembros del Parlamento Europeo durante una votación. Foto: AP

LONDRES (apro).- Gran Bretaña, el segundo mayor exportador de armas en el mundo después de Estados Unidos, vendió en los últimos dos años armamentos, municiones y jets de guerra por un valor de al menos 5 mil millones de libras esterlinas (unos 6 mil 600 millones de dólares) a regímenes represivos y que violaron derechos humanos de sus ciudadanos, incluidos Venezuela.

El gobierno británico incrementó las ventas de armas y armamentos de guerra a países como Venezuela, Arabia Saudita, Azerbaiyán, Kazajistán y China, desde que los conservadores ganaron las elecciones generales en el Reino Unido hace 22 meses.

La parlamentaria laborista Helen Goodman, exministra de Justicia en la sombra, denunció que en los últimos meses Londres exportó armamentos por un valor de 80 mil libras (106 mil dólares) –en su mayoría componentes para submarinos de guerra– al gobierno venezolano de Nicolás Maduro.

“En vistas a la negativa por parte del gobierno de Maduro para cooperar con la investigación vigente de la ONU por abusos de derechos humanos a la población, el gobierno británico debería suspender de inmediato toda venta de armas (a Venezuela) hasta que esas preocupaciones sean aclaradas”, indicó la legisladora opositora.

Las denuncias fueron hechas cuando el gobierno británico inició en Londres la mayor feria internacional de armamentos en el centro de convenciones de ExCel, en el este de la capital, evento al que fueron invitados representantes gubernamentales de Egipto, Qatar, Kenia, Bahrein y Arabia Saudita, entre otras naciones.

Por su parte, activistas que hacen campaña contra la venta de armas llamaron a las autoridades de Gran Bretaña a poner fin a la exportación de armamentos a los Emiratos Arabes Unidos (EAU), debido a flagrantes violaciones de derechos humanos cometidas en ese país.

Los activistas acusan al gobierno británico de haber negociado multimillonarios acuerdos comerciales para venderle a esa nación del Golfo tecnología de vigilancia que las autoridades de EAU utilizan supuestamente para espiar a sus ciudadanos, además de armas que son utilizadas para cometer crímenes de guerra en Yemen.

Los sauditas han sido importantes compradores de armas británicas desde hace décadas, pero el incremento de venta de armamentos a otros países marca un cambio significativo de políticas por parte del gobierno, que ahora está enfocado en apoyar al sector comercial de Defensa, el cual emplea a más de 55 mil personas en el país.

Tras el referéndum por el Brexit en junio de 2016, la Organización de Defensa y Seguridad –el organismo del gobierno británico que promueve la producción de armas y venta de las mismas a compradores en el extranjero–, fue transferida del Ministerio de Comercio e Inversión al Departamento de Comercio Internacional.

Poco después de ese cambio, el jefe de esa cartera, el ultraconservador Liam Fox, prometió que promocionará las exportaciones de los sectores militares y de seguridad para ampliar las ganancias comerciales en el país.

Sin embargo, organismos humanitarios y grupos que hacen campaña contra el comercio de armas temen que, una vez que Gran Bretaña abandone la Unión Europea (UE) el 29 de marzo de 2019, aumente incluso más las ventas de armamentos a países con unos récords muy pobres de derechos humanos, al no tener que cumplir con las regulaciones de la UE.

Al respecto, el grupo humanitario Campaña contra la venta de armas reveló que, de los 49 países del mundo con récord muy bajos de derechos humanos y libertad de expresión, 36 compraron armas y municiones producidas en Gran Bretaña bajo el actual gobierno conservador. La mayoría de ellos fueron países de Medio Oriente y Asia.

Por ejemplo, Arabia Saudita gastó cerca de 5 mil millones de dólares en equipos militares producidos en Gran Bretaña –en su mayoría bombas y aviones de guerra–, de los cuales unos 220 millones de dólares fueron pagados en los últimos 22 meses desde que los conservadores ganaron las elecciones.

Además, se informó que las ventas de armas británicas a otros países treparon a mil 580 millones de dólares, comparado con 900 millones previo a los comicios de 2015.

Entre los principales compradores está Argelia, que acordó adquirir helicópteros de guerra en septiembre de 2015 por un valor de 257 millones de dólares; Qatar, que compró aviones armados por 160 millones, y China, que está sujeto a un embargo de armas.

A pesar de ese embargo, el Reino Unido acordó exportar a China componentes para radares militares por un valor de 22 millones de dólares.

Otro nuevo cliente del gobierno británico es Azerbaiyán –donde siguen habiendo denuncias generalizadas de tortura y otros malos tratos y de detenciones arbitrarias de personas críticas a esa administración–, país que gastó unos 660 mil dólares en equipos láser señaladores de objetivos de ataque.

“El Reino Unido ha armado de forma consistente a muchos de los regímenes más brutales y autoritarios del mundo, y varios de ellos han sido invitados a Londres para comprar incluso más armas”, declaró Andrew Smith, portavoz de la campaña contra la venta de armas.

“Estas ventas de armas no son moralmente neutras. Son por el contrario una señal clara por parte del gobierno británico –tanto política como militar–, de apoyo a los regímenes a los que vende armamentos. El gobierno ha jugado un papel central, y priorizó las exportaciones de armas a déspotas y dictadores por sobre los derechos humanos”, agregó.

Tanto el Parlamento Europeo como el Comité parlamentario británico de Desarrollo Internacional pidieron al gobierno que encabeza Theresa May detener la venta de armas a países como Arabia Saudita, acusado de utilizar armamentos para reprimir a la población.

La coalición liderada por los sauditas bombardeó múltiples hospitales internacionales a cargo de Médicos Sin Fronteras en Yemen, como también escuelas, viviendas y fábricas de alimentos en ese país. Organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional (AI) han informado que cuentan con evidencia de ataques sauditas a civiles, en muchos casos con armas o aviones adquiridos del Reino Unido.

Lo cierto es que una investigación conjunta realizada por el periódico inglés The Independent y la Campaña contra la venta de armas concluyó en septiembre pasado que Gran Bretaña exportó entre 2010 y 2015 al menos 14 mil millones de dólares en armas a regímenes designados como “represores” por la entidad independiente Freedom House, incluidos China, Omán, Turkmenistán y la EAU.

Durante ese mismo período, Londres vendió armas por un valor de 10 mil millones de dólares a países con bajos récords de derechos humanos, incluidas naciones que cometieron atrocidades y violaciones graves contra su población.

Dicha investigación indicó que Gran Bretaña le vendió a Arabia Saudita bombas, misiles y aviones de guerra de alta sofisticación; a Israel, componentes de drones y utilizados para blancos de ataque, y a Bahrein ametralladoras y municiones.

El gobierno británico exportó además a Maldivas rifles de asalto y pistolas, y a Turkmenistán –donde según AI la situación de derechos humanos se ha deteriorado y donde las libertades de expresión, asociación y religión siguen muy restringidas– le vendió armas y municiones.

Según Smith, la dependencia financiera de exportadores británicos a regímenes represores “hará que Gran Bretaña intervenga cada vez menos a la hora de detener a violadores de derechos humanos”.

“Estas cifras terribles exponen la hipocresía de las políticas de exterior del Reino Unido. El gobierno dice por un lado que está trabajando para promover los derechos humanos y la democracia, mientras al mismo tiempo arma y apoya a algunos de los regímenes más represivos del mundo. El impacto por la venta de armas británicas fue enorme en Yemen, donde los aviones de guerra y bombas producidos en Gran Bretaña fueron centrales en la destrucción encabezada por Arabia Saudita”, afirmó.

“Estos regímenes no sólo compran armas, también compran apoyo político y legitimidad. ¿Cuán probable es ahora que el Reino Unido actúe para frenar violaciones de derechos humanos en esos países a los que les vende armas?”, agregó Smith.

De acuerdo con el experto y activista anti-guerra “no existen los controles de armas en zonas de guerra”, ya que, según él, nadie puede garantizar “cómo se utilizarán esas armas exportadas”.

“El hecho de que tantas armas hayan sido vendidas a Rusia y Libia nos recuerda que la vida útil de estas armas es muchas veces mayor que lo que duran los gobiernos a quienes se les venden esos armamentos”, concluyó.

Tras las acusaciones, el Ministerio de Exteriores se defendió de las críticas y dijo que el sistema de licencias para exportación de armas “está sujeto a reglas muy estrictas”.

Alan Duncan, secretario para el Foreign Office, afirmó el sábado 9 que el gobierno toma sus responsabilidades de exportación de armamentos “muy seriamente”, al tiempo de operar “uno de los sistemas más robustos de control de exportación de armas”.

“Nosotros examinamos rigurosamente cada solicitud (de venta de armamentos), lo hacemos caso por caso, con base en las reglamentaciones de la UE y a los criterios nacionales de licencia para exportación de armas”, concluyó Duncan.

En todo caso, esas regulaciones y controles europeos podrían no ser reemplazados una vez que Gran Bretaña abandone la UE, hecho que podría incrementar incluso más la venta de armamentos y componentes de armas a Rusia, China y Francia.

“El Reino Unido es uno de los exportadores de armas más exitosos del mundo, y está segundo en la liga mundial, convirtiéndose en el líder de Europa en exportación de productos de defensa. Esperamos continuar con esa tendencia”, destacó un comunicado del Departamento de Comercio Internacional británico a modo de respuesta.

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