1985-2017: La desobediencia social

Voluntarios en San Gregorio, Xochimilco. Foto: Miguel Dimayuga Voluntarios en San Gregorio, Xochimilco. Foto: Miguel Dimayuga

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Este, quizá, sea uno de los mejores momentos para destacar la importancia de la memoria colectiva, aprender de los errores y recordar lo que generó un evento como el sismo de 1985 y lo que puede emerger del pasado sismo del 19 de septiembre.

Hace exactamente 32 años el sismo ocasionó daños severos en dos mil 850 construcciones y 15 mil viviendas. La incapacidad del gobierno de Miguel de la Madrid dio lugar a la formación de organizaciones de damnificados que posteriormente pasaron a ser el voto de castigo al PRI en la elección de 1988, la formación del PRD un año más tarde y, posteriormente, los que impulsaron el movimiento zapatista en 1994.

De los escombros de las casas y edificios derruidos en 1985 surgieron voces que no dejaron de escucharse por años. No se trataba de una generación de jóvenes sino de todo un movimiento social que logró consolidarse al margen de los partidos políticos y de las organizaciones oficiales que intentaron cooptarlas.

El sismo del pasado 19 volvió a cimbrar y resquebrajar las estructuras podridas de autoridades locales y federales, mostró la avaricia de constructoras e inmobiliarias que ven primero las ganancias antes que la seguridad ciudadana, exhibió la naturaleza impúdica de las televisoras y se expresó nuevamente la rebelión social con nuevos rostros pero con ánimos encendidos no sólo por los daños y pérdidas de vida, sino por una larga serie de afrentas y escándalos de corrupción, indolencia e impunidad en los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera.

Hay que recordar que después del 85 las autoridades hicieron muchas promesas, como demoler los edificios con daños estructurales, vigilar que las nuevas edificaciones cumplieran requisitos estrictos de seguridad, generar reglamentos de construcción apegados a las necesidades de cada zona, realizar un atlas de riesgos, construir vivienda popular segura y digna.

Pero nada o pocas de estas promesas se cumplieron. La memoria oficial es flaca y en lugar de construir vivienda popular y segura se dejó en manos de constructoras e inmobiliarias avariciosas del desarrollo urbanístico, los reglamentos de desarrollo urbano se pusieron a disposición de los inversionistas, las autoridades se corrompieron y el atlas de riesgo jamás se concretó.

Ante la burla gubernamental, no es de extrañar que surja la ira social que poco a poco se está desbordando ya no sólo en la Ciudad de México sino en otras entidades dañadas como Morelos, Puebla y el Estado de México donde aventaron agua al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, enfrentaron al gobernador morelense Graco Ramírez y confrontaron al presidente Enrique Peña Neto, a quien le gritaron que agarrara una pala y se pusiera a trabajar.

Este enojo social quizá lo veamos en nuevas organizaciones sociales que crecerán al margen de los partidos políticos y también en la elección del 2018 como un voto de castigo en contra del PRI y de otros partidos que gobiernan bajo sus propios intereses económicos.

El mensaje es claro de ahí el interés de todos los partidos de aparentar ser bondadosos y dar el dinero que les dan para sus actividades electorales que en realidad no son suyos sino del pueblo porque son recursos públicos.

Por cierto….  Dicen que un pueblo sin memoria está condenado a repetir sus errores. Bueno pues el dicho aplica con mayor sentido a los gobiernos, pero con un sentido de mayor gravedad porque olvidan de manera intencionada para tapar sus errores que tarde o temprano habrán de salir con toda su dimensión, sobre todo cuando ocurren tragedias.

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José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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