Angela Merkel: complejos escenarios postelectorales

La canciller alemana Angela Merkel. Foto: AP La canciller alemana Angela Merkel. Foto: AP

Berlín (apro).- El resultado de la elección del pasado 24 de septiembre en Alemania representó un terremoto político que marca un antes y un después en la historia de la República Federal. El panorama es tan complejo e inédito que, a pesar de haber obtenido la mayor cantidad de votos, Angela Merkel y su partido, la Unión, podrían fracasar en el intento de formar una coalición estable que gobierne al país. Ello implicaría un escenario nunca antes visto en Alemania: una nueva elección.

No sólo eso. El escenario se complica aún más con la estruendosa irrupción en el parlamento federal de Alternativa por Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), el partido de ultraderecha. Como la tercera fuerza más votada en el país, este partido cambiará, sin duda, el fondo y forma de la política alemana y obligará a los partidos, sobre todo al de la canciller Merkel, a una forzada reposición hacia la derecha. Triunfo con sabor a derrota Cuando a las 18 horas del pasado domingo 24 se anunciaron los primeros resultados oficiales, poca fue la sorpresa, pero grande el shock, pues lo que semanas antes habían pronosticado las encuestas se hacía realidad.

Los dos grandes partidos establecidos sufrieron una caída histórica: el Partido Socialdemócrata (SPD) obtuvo el peor resultado de su historia con 20.5% de los votos, mientras que la CDU y CSU, que conforman la conservadora Unión de la canciller Merkel, obtuvieron también los peores resultados desde 1949, cuando se fundó la República Federal, con 32.9% de los votos.

También resultó inédito en la historia reciente de este país que una fuerza política ubicada más a la derecha de la conservadora Unión lograra ingresar al Bundestag. Y no con poco. AfD obtuvo el 12.6% de los votos desplazando a la Izquierda y los Verdes, y superando también a los Liberales del FDP, quienes, a su vez, lograron regresar al Parlamento luego de haber perdido sus escaños en la elección pasada.

Paradójicamente, y pese haber perdido casi 9% de los votos respecto de la elección anterior, la Unión logró imponerse como el partido más votado y ahora tiene la responsabilidad de formar la coalición que gobernará Alemania en los próximos cuatro años.

De acuerdo con los resultados oficiales, matemáticamente sólo existen dos posibilidades de formar gobierno para la Unión de Merkel.

Por un lado, repitiendo cuatro años más de Gran Coalición con el SPD. Este escenario, sin embargo, no será la primera opción de la Unión porque los socialistas anunciaron tajantes, desde el mismo día de las elecciones, que el trabajo conjunto con Merkel y su partido llegaría al final sin deseos de prolongarlo.

Coalición Jamaica

La otra posibilidad es la denominada coalición Jamaica, que recibe tal nombre porque los colores de los partidos que la conformarían son los mismos de la bandera de la isla caribeña. En este caso la Unión tendría que gobernar acompañada por los Verdes y los Liberales para sumar el número de curules que se necesita para formar una mayoría.

Y aquí comienza la complejidad. La razón: aunque es la opción más viable, implica acercar posiciones irreconciliables.

“Todos sabemos que entre los Verdes y los Liberales existen muy pocas coincidencias. No sólo en temas de economía y política europea, sino también en cuestiones sociales y en la política hacia los refugiados. En el escenario de una posible coalición, los Verdes corren el riesgo de ser superados y eso haría que su ala más radical les pidiera abandonar la colación o ni siquiera conformarla”, explica en entrevista con Apro el politólogo y catedrático de la Universidad Libre de Berlín Gero Neugebauer.

“Hay que entender que hasta ahora no existe un antecedente de coalición Jamaica a nivel federal, sería la primera vez en la historia del país y por eso no se puede predecir si fracasará y por qué”, abunda.

Y sí.

Si Merkel y la Unión buscan gobernar bajo los colores de la bandera de Jamaica tendrán que enfrentar largas y profundas negociaciones.

De entrada, la CDU de la canciller tendrá primero que limar sus asperezas con su principal socio, la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), a quien la elección también le pasó un costo muy alto al perder más de 9% de sus votantes. Los conservadores bávaros están convencidos de que la política de puertas abiertas a refugiados impulsada por la canciller es la que alejó a cientos de miles de votantes de sus filas. Y ahora, ya lo advirtió el líder bávaro Horst Seehofer, defenderán sus posiciones a toda costa. “Hemos dejado un flanco abierto de nuestro lado derecho y es tiempo de cerrarlo”, subrayó tras conocer la estrepitosa caída de su partido.

Los analistas políticos en Berlín coinciden en que la CSU será, paradójicamente, el socio más difícil para Merkel, pues desea a toda costa recuperar a los votantes que emigraron a AfD. Y para ello la Unión, como coalición que es, deberá virar hacia la derecha.

Después viene la ardua negociación entre Verdes y Liberales. cuyos puntos de coincidencia son mínimos. Los primeros tienen dentro de su agenda defender a capa y espada el medio ambiente y la justicia social. Para los segundos, el tema económico será de vital importancia, y aunque defienden el concepto europeo, piden cambios sustanciales que impliquen más control interno de las finanzas y menos gasto comunitario. Además, en materia de seguridad se alinean a la línea dura de Bavaria que pide la deportación de inmigrantes a países “seguros” como Afganistán e incluso algunas regiones de Siria.

La negociación para Merkel será larga y agotadora y se corre el riesgo de que incluso fracase en el intento. De ser así, tendría que apelar a los socialistas, quienes en caso de cumplir con su negativa forzarían a un escenario extremo y también inédito: una nueva elección.

“Si no se lograra la coalición Jamaica ni la Gran Coalición tendría que haber nueva elección, pero entonces la discusión no se centraría ni en la nación, Europa o la justicia, sino en quién tuvo la culpa de no haber logrado formar gobierno. Y me parece que el SPD tendría que mantener su postura de no participar en un gobierno de nuevo porque está en juego el partido mismo y la posibilidad de un nuevo inicio”, sentencia Neugebauer.

Y es que, además de argumentar el deseo de refundarse y redefinirse, los socialistas señalan que su responsabilidad esta vez se encuentra del lado de la oposición. De no asumir ellos el principal rol opositor frente al gobierno, lo harían los ultraderechistas de AfD, lo cual tampoco nadie desea en el país.

–¿Tendría que preocuparse Europa de que su país más estable y fuerte se vuelva políticamente vulnerable ante un escenario tan complejo? –se le pregunta a Neugebauer.

–Tal especulación puede pensarse, pero la democracia alemana es suficientemente estable, su economía tiene éxito y no existen conflictos nacionales entre Alemania y sus vecinos, con lo que no hay motivo de fuertes preocupaciones –asegura el politólogo alemán.

Lo que sí es cierto es que el cuarto mandato consecutivo de Merkel no será sencillo. El margen de maniobra de la canciller estará más acotado que nunca. De gobernar bajo una coalición Jamaica tendrá que mediar no sólo con sus socios bávaros, sino con dos actores políticos que no están dispuestos a ceder fácilmente. El semanario político Der Spiegel se atreve incluso a señalar que se estaría frente al inicio del fin de la era Merkel.

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