Roberto Rébora: “Media Star III”

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Aunque a simple vista la imagen de vocabularios geométricos se percibe muy diferente de la figuración que lo caracterizó hasta 2013, en esencia la actual propuesta de Roberto Rébora se sustenta en la misma búsqueda y resolución pictórica de sus expresivas y dinámicas narrativas.

Dibujante y caricaturista en los inicios de su trayectoria –durante un tiempo trabajó con el emblemático Rogelio Naranjo–, Roberto Rébora (Guadalajara, 1963) siempre se ha dedicado a la búsqueda y representación del ser humano contemporáneo. Audaz en la selección temática (La niña precoz, 1993), Rébora construyó un lenguaje en el que la línea definía la escena, mientras la fusión de materia y color detonaba la emotividad.

Emparentado en la poética de la imagen a expresionistas alemanes, como Otto Dix, el artista se independizó rápidamente a través de la sutileza que lograba entre la textura del temple, la luminosidad de sus composiciones y la sutileza de sus colores (Multitudes, 2002, 2005). Oscilante siempre entre figuraciones grotescas, atmósferas fantásticas y líneas que se expandían de los personajes, generando extraños torbellinos perceptibles pero no visibles, Rébora representó la cotidianidad del ser humano con escenas tan comunes como un socavón urbano rodeado de rostros asombrados y metáforas del mal.

Sin abandonar totalmente sus reconocidas narrativas, en 2013, después de entrar en un cuarto lleno de gente y darse cuenta de que la luz de los teléfonos celulares sustituía las presencias humanas, el artista inició una serie en la que las redes son el protagonista principal. Intangibles visualmente y, sin embargo, presentes como una invasión en la vida diaria, las redes se han convertido en un espacio infinito en el que Rébora trata de encontrar a la persona.

Trabajadas a partir de ordenadas y gestuales líneas horizontales, rectas y curvas que a través de superposiciones y transparencias generan una profundidad interminable, las redes se imponen con la fasci­nación de sus colores, como el único universo real. Saturadas en su angosto volumen y translúcidas en sus encimados espacios, las líneas, sin llegar a ser reticulares, cubren algunas presencias humanas que, convertidas en rastros de luz, se perciben con dificultad en la profundidad. En estas obras lo que encuentra el artista es sólo un débil reflejo de humanidad.

Conocido por su interés en promover lenguajes que reinventen el medio pictórico, Julien Cuisset presenta en su galería Le Laboratoire, en la Ciudad de México, una selección de los tres períodos que constituyen Media Star. Realizados entre 2014 y 2017, los temples, con sus texturas secas y opacamente luminosas, se incorporan en la reflexión del galerista sobre los valores contemporáneos.

Convencido de que actualmente la realidad se reduce a un flujo interminable de datos, Cuisset encuentra en Media Star una sugerente representación del dataísmo que plantea el historiador Yuval Noah Harari en su libro Homo Deus: Breve historia del mañana. Una interpretación del hoy, en la que el procesamiento de datos es el gran controlador.

Este texto se publicó el 19 de noviembre de 2017 en la edición 2142 de la revista Proceso.

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