Retrato del artista como joven Macaco

Basho brinca en el sonido del agua, Francisco Toledo (2017) Basho brinca en el sonido del agua, Francisco Toledo (2017)

OAXACA, Oax. (Proceso).- En 1957 llegué a la Ciudad de México y como joven “Macaco” quería leer, escuchar música, ver cine y exposiciones, estaba ávido de aprender, visitaba librerías, museos y galerías.

Ese mismo año aparece en la editorial de la Universidad Nacional de México la traducción de Octavio Paz de Oku no Hosomichi (Sendas de Oku) de Matsuo Bashõ, la primera edición que se hacía en una lengua de occidente.

Seguramente encontré ese libro o en la librería Zaplana o en la De Cristal que estaba en la Alameda; a pesar de no entenderle me gustó y escribí los haikús en las paredes de mi cuarto de azotea, a un costado de la cama quedó el haikú de la rana que Octavio Paz menciona en la introducción de la traducción de Sendas de Oku.

Le pedí al lingüista zapoteco Víctor Cata que tradujera el famoso haikú para comparar las distintas versiones de las onomatopeyas.

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Bashõ-O. Paz (1957)

Arte no intelectual, siempre concreto y anti-literario, el haikú es una pequeña cápsula cargada de poesía capaz de hacer saltar la realidad aparente. Un poema de Bashõ –que ha resistido, es cierto, a todas las traducciones y que doy aquí en una inepta versión– quizá ilumine lo que quiero decir:

Un viejo estanque:
salta una rana ¡zas!
chapaleteo.

Nos enfrentamos a una casi prosaica enunciación de hechos: el estanque, el salto de la rana, el chasquido del agua. Nada menos “poético”: palabras comunes y un hecho insignificante. Bashõ nos ha dado simples apuntes, como si nos mostrase con el dedo dos o tres realidades inconexas que, de algún modo, tienen un “sentido” que nos toca a nosotros descubrir. El lector debe recrear el poema. En la primera línea encontramos el elemento pasivo: el viejo estanque y su silencio. En la segunda, la sorpresa del salto de la rana que rompe la quietud. Del encuentro de estos dos elementos debe brotar la iluminación poética. Y esta iluminación consiste en volver al silencio del que partió el poema, sólo que ahora cargado de significación. A la manera del agua que se extiende en círculos concéntricos, nuestra conciencia debe extenderse en oleadas sucesivas de asociaciones. El pequeño haikú es un mundo de resonancias, ecos y correspondencias.
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Del libro Sendas de Oku de Matsuo Bashõ. Versión castellana de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya.

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Bashõ en francés 
Oku no hoso-michi

Desde el centésimo aniversario de su muerte, la naturaleza de “Dios” le fue concedida [a Bashõ], dos santuarios shintoistas le fueron dedicados, uno en Kyushu y el otro en la región de Nagano. La familia Nijô que representaba la tradición más conservadora de la poesía clásica le concedió el título de “Maestro Fundador del Estilo Ortodoxo” (Shofu soshi). De esta manera, Bashô se convirtió en el creador del haikai así como en su autoridad suprema. En 1806, la corte imperial inventó para él el título único de “Dios del Sonido que Salta” (Hion myôjin), en referencia a su terceto más célebre, aquél que todo Japonés puede recitar:

El viejo estanque
Una rana que salta
Ruido del agua
Furu-ike ya
Kawazu tobi-komu
Mizu no oto

Todos los poetas que le siguieron, hasta nuestros días, no han dejado de recomendarlo y de encontrar en él un ejemplo inmejorable, ya sea por referirse a la tradición o por el contrario para proponer una poesía abierta, liberada e individualista. Las severas críticas que el joven poeta Masaoka Shiki (1867-1902) presentó contra su obra y su concepción de la poesía no tuvieron otro efecto que el de volver todavía más fascinante su figura entre el público y entre los escribanos que lo hicieron un artista marginal, perseguido por la sociedad.
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Del libro Oku no hoso-michi. L´Étroit chemin du fond de Bashõ. Introducción, traducción, notas y comentarios por Alain Walter.

Traducción del francés al español por Neftali García Fernández del Campo

Chungum, Francisco Toledo (2017)
Chungum, Francisco Toledo (2017)

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Onomatopeyas de ruido del agua 

The old pond
A frog jumps in:
¡Plop!

El estanque viejo,
Una rana salta:
¡Plop!

Ti gue’la’ yooxho’
Richesa ti bidxi’ ñeegaa:
¡chungum!

(Traducido por Alan Watts)

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The old pond
A frog jumped in,
¡Kerplunk!

El viejo estanque
Una rana saltó adentro
¡Kerplunk!

Ti gue’la’ yooxho’
Ti bidxi’ ñeegaa guchesa
¡chungum!

(Traducido por Allen Ginsberg. Traducción al zapoteco por Víctor Cata).
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Tomado de https://beechwoodreview.com/2015/03/frog-pond-Bashõ/

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Bashõ en español  

El espejo de la fontana,
al zambullirse de la rana,
¡hace chas!

(Traducción de Ramón María del Valle-Inclán. Citado en Jaikus inmortales).

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El viejo estanque;
una rana salta:
chapoteo.

(Samuel Wolpin, El zen en la literatura y la pintura. Antología ilustrada del haiku y el relato. Editorial Kier; Buenos Aires, 1985).

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Un viejo estanque
salta una rana
plof

(Matsuo Bashõ, Haiku de las Cuatro Estaciones. Introducción y traducción de Francisco F. Villalba. Miraguano Ediciones; Madrid, 1986).

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Un viejo estanque
Se zambulle una rana:
ruido del agua.

(Jaikus inmortales. Introducción, traducción y prólogo de Antonio Cabezas García. Edición bilingüe. Hiperión; Madrid, 1983 (2º ed. 1989).

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En el espejo antiguo de estanque
se sumerge una rana.
Ruido de agua.

(Haijin. Antología del jaiku. Traducción de Ricardo de la Fuente y Yutaka Kawamoto. Introducción y notas de Ricardo de la Fuente. Hiperión, Madrid, 1992).

La sonrisa de la rana, Francisco Toledo (2017)
La sonrisa de la rana, Francisco Toledo (2017)

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En tiempo de Bashõ, el ochenta y tantos por ciento de los japoneses vivían en aldeas, hoy son menos del veinte por ciento. Pero la poesía de Bashõ es eterna. Tiene el poder de evocar un mundo con una cuantas palabras.

Una vez Butchõ, maestro de Zen de Bashõ, lo visitó en su chocilla en compañía de varios poetas, y le preguntó cuál era el camino de Buda. En ese momento se zambullo una rana y Bashõ improvisó como respuesta:

Se zambulle una rana,
ruido del agua

Butchõ comprendió que Bashõ había llegado al nirvana. Le dijeron que completase el poema y algunos de los presentes, infelices ellos, incluso le sugirieron el primer verso: Ocaso obscuro (Yoiyami ya), En soledad (Sabishisa ni), Unas mosquetas (Yamabuki ya). Pero el maestro dijo:

Un viejo estanque.
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Del libro Senda hacia tierras hondas (Senda de Oku. Versión española de Antonio Cabezas).

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Graciosa parodia 

Tõrei (1721-1792), quien le dio sus enseñanzas sobre la práctica Zen al poeta en forma de haiku:

Del poder de
saltar al agua
la rana puede flotar

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Otro trabajo al que Sengai añadió una nueva vuelta a una escena ya familiar es “Rana y árbol de plátano “.

La planta alude al nombre del poeta Bashó (literalmente, “árbol de plátano”), y la rama se refiere a su famoso haikú, al cual Sengai parodia graciosamente.

Furu ike ya
Nani yarapon to
Tobikonda

An old pond,
something has —PLOP!
just jumped in

Un viejo estanque
algo ¡Plop!
acaba de brincar

Otras versiones de este poema por Sengai son: “Un viejo estanque, Bashõ brinca en, el sonido del agua” y “Si hubiera un estanque, brincaría yo mismo y dejaría que Bashõ me escuchara”. Sengai se dio cuenta que la posición natural de la rana es parecida a la del zazen, incluso llegando a retratar en, uno de sus más famosos trabajos, a una rana sonriente con la leyenda “Si un humano puede llegar a ser un Buddha al practicar zazen…”

La sonrisa de la rana ciertamente sugiere la de un ser iluminado. ¿O se trata solamente de una sonrisa tonta? ¿Es suficiente sentarse en zazen para llegar al satori? La noción de la rana como un Buddha aparece en el arte japonés tan temprano como en el siglo XII.
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Tomado de Addiss, Stephen: The Art of Zen. Harry N. Abrams, Inc. Publishers, New York, 1989.

(Traducción por Daniel Brena).

La rana como Buda, Francisco Toledo (2017)
La rana como Buda, Francisco Toledo (2017)

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Meditar sentado

Zazen es la forma japonesa que significa «meditar sentado» (Za=sentarse, Zen=meditación).

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