Xcaayu´ (otros cinco)

La mano de Buda, Francisco Toledo (2017) La mano de Buda, Francisco Toledo (2017)

Los cinco me persiguen, en mis lecturas he encontrado muchos cincos. En 1963 conocí a Loan-Tran, una amiga vietnamita, y gracias a ella me acerqué a la cultura china, me dio a leer el Si-yeou-ki, este libro maravilloso que no hace mucho tiempo se tradujo al español, y reencontré esta historia que tanto me había gustado del mono peregrino; a esto agrego otros textos sobre el cinco que aparecen en distintos libros y en la tradición oaxaqueña.

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El mono peregrino 

“El Buda estalló en carcajadas: Después de todo, no eres más que un espíritu simiesco. ¿Cómo puedes engañarte al grado de suponer que podrías apoderarte del trono del Emperador de Jade? ¿Acaso no sabes que le ha tomado 1,750 kalpas para perfeccionarse y que cada kalpa equivale a 129,000 años? ¿Te das cuenta del tiempo que se requiere para adquirir una sabiduría comparable a la suya? ¿Cómo tú, un animal, que no tiene en esta encarnación más que una semi-apariencia humana, puede proferir semejante arrogancia? Estás yendo demasiado lejos y todo esto va a terminar mal. ¡Vete de inmediato y déjate de tonterías! De lo contrario me voy a molestar severamente contigo y no te quedará mucho de esa longevidad a la que das tanta importancia.

“El Soberano sin duda ha comenzado pronto, dijo nuestro Chango, pero no hay razón para que conserve el trono indefinidamente. ¿Acaso no dice el proverbio: Este año, es el turno del Emperador de Jade y el próximo año, es el mío? Dígale que desaparezca y que me haga espacio. Es todo lo que le pido. Si se niega, yo continuaré y no conocerá un momento de paz.

“Y de qué poder mágico dispones tú, respondió el Buda, para creer que podrás apoderarte del reino bendito de los Cielos?

“Aparte de mis setenta y dos transformaciones, puedo dar volteretas a través de las nubes, a razón de ciento ocho mil leguas por salto. ¿No estoy acaso en condición de ocupar el Trono del Cielo?

“¿Quieres hacer una apuesta? dijo el Buda. Si eres tan fuerte como dices, intenta saltar fuera de la palma de mi mano. Si lo logras le diré al Emperador de Jade que venga a vivir conmigo al Paraíso del Oeste y tendrás su trono sin necesidad de otras formalidades. Pero si fallas, regresarás a la tierra y tu penitencia durará durante varios kalpas antes de que puedas regresar a molestarme con tus fanfarronadas.

“Este Buda, pensó nuestro Chango, es un perfecto imbécil. Yo soy capaz de dar un salto de ciento ocho mil leguas y su mano apenas mide ocho pulgadas de largo. ¿Cómo podría no lograr saltar fuera de su palma?

“Así que está absolutamente seguro de poder hacer eso por mí?”, preguntó de nueva vez al Buda.

“Evidentemente, estoy seguro”, respondió el Buda. Extendió la mano derecha, la cual tenía más o menos la dimensión de una flor de loto. El Chango aseguró su porra detrás de su oreja, y saltó con todas sus fuerzas.

“Perfecto, se dijo a sí mismo, ya estoy fuera de la palma.

“Su velocidad era tal que apenas podíamos seguirlo. Pero el Buda que lo observaba con el ojo de la Sabiduría vio que se trataba solamente de una pirueta.

“El Chango, habiendo llegado al final del camino, divisó cinco pilares rosas que apuntaban al espacio.

“Este debe ser el fin del mundo, pensó. Sólo me queda regresar al Buda, reclamar mi deuda y el trono será mío. Pero, dulcemente, se dijo a sí mismo, valdría mejor en caso de reclamo que deje una marca de mi pasaje por aquí.

“Entonces se arrancó un cabello, sopló sobre él un soplo mágico, diciendo cámbiate. Y el cabello se convirtió en un pincel cargado de tinta espesa. Entonces, en la base del pilar central, inscribió: El Gran Sabio Igual-del-Cielo pasó por aquí. Entonces, como señal de desprecio, satisfizo una necesidad natural al pie del primer pilar. De un salto peligroso, fue de regreso a su punto de partida. De pie sobre la palma de la mano del Buda, declaró:

“Y bien, he hecho la ida y la vuelta, puede ir a decirle al Emperador de Jade que me entregue el Palacio.

“Cómo, macaco apestoso, ¡si no te has movido de la palma de mi mano!

“Error, dijo el Chango, fui hasta el fin del mundo donde vi cinco pilares color carne, que se erigían en el aire. Y sobre uno de ellos he inscrito algo. ¿Quiere acompañarme para que se lo muestre?

“Es inútil, contestó el Buda, solamente observa.

“El Chango bajó la mirada furioso con sus ojos de acero y vio que a la base del dedo medio de la mano del Buda, estaban inscritas las palabras: El Gran Sabio Igual-del-Cielo pasó por aquí, y de la unión del pulgar y del índice, subía un olor a orines de chango. Le tomó algún tiempo recuperarse de su asombro. Al final dijo:

“Es imposible, imposible. He escrito esto sobre un pilar que se elevaba al cielo, ¿como vino a dar sobre el dedo del Buda? Me está engañando con sus trucos de magia. Regresemos allá para ver.

«¡Ay! querido Chango, que se levantaba del suelo… en el momento en el que iba a saltar, el Buda se dio cuenta y lo empujó fuera de la Puerta del Oeste. Y al hacer esto, convirtió sus cinco dedos en los cinco elementos: el metal, la madera, el agua, el fuego y la tierra; y todo se convirtió en una montaña con cinco picos que desde entonces es llamada Wou-hing-chan (la montaña de los cinco elementos), el peso de la cual mantiene al simio firmemente.”
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Del libro Le singe pélerin ou le pélerinage d’Occident (Si-yeou-ki). Traducción por Neftali García Fernández del Campo.

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Cinco maíces en el paso

Aquí estamos acostumbrados a sembrar cinco maíces en el paso, en el surco, las creencias dicen que son para: la hormiga, el ratón, el pájaro, para el que viene a robárselo y el campesino.

A nosotros nos han contado eso los antepasados que nos han heredado y enseñado a trabajar las tierras, hemos seguido su ejemplo y las tradiciones que tienen en el campo.
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Informante Gregorio García Cruz, campesino de San Agustín Etla, Oaxaca.

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4 Quincunces sobre piel, Francisco Toledo (2017)
4 Quincunces sobre piel, Francisco Toledo (2017)

El mal del conejo

El mal del conejo, neacoy, también es mortal, es el tétano, le da a los recién nacidos, de cinco días de nacidos. El quinto día es el día del conejo. Le llaman así porque las criaturas se encogen con el dolor, como conejos. El dolor, cualquier dolor, también se llama neacoy. Dicen que es porque alguien les echó ojo, al niño o a la mamá. Cuando ya pasó la semana del conejo, el niño se lleva a bautizar en la iglesia, pero si se pone mal de neacoy, el fiscal lo viene a bautizar en la casa.
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Del libro El fin de los Montiocs. Tradición oral de los huaves de San Mateo del Mar, Oaxaca, de Elisa Ramírez Castañeda.

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“Nenontemí”
Días demasiados 

Bien sabemos todos como el año tiene trescientos y sesenta y cinco días estos indios contaban los trescientos y sesenta y a los cinco días que había llamaban los días demasiados y sin necesidad y así no les daban nombres como á los demás ni figuras y así los dejaban en blanco y como a días aciagos les llamaban nenontemí que quiere decir días sin necesidad ni provecho. Estos cinco días ayunaban y hacían grandes penitencias de austinencias de pan y agua no comían mas de una vez al día y esa comida era de tortillas secas azotabanse sangrábanse apartábanse de sus mugeres tenían por de mala suerte á los que en estos días nacian hacían en este mes su bisiesto de la mesma manera que nosotros le hacemos y si notamos la figura de la pintura veremos que encima de un cerillo está pintada la letra dominical que á ellos les era principio de mes y aunque este dia acababa en el signo de rosa tenían estotra juntamente con ella para mudar la rosa en la cabeza de siempre que era como mudar la á en g en nuestro bisiesto.

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Del libro Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme II, de Fray Diego Durán.

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5 pórticos

Segunda fiesta en Jerusalén

(Primera oposición a la revelación)

Curación de un enfermo en la piscina de Betesda.

Después de esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: “¿Quieres curarte?”. Le respondió el enfermo: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo”. Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.
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* De La Biblia.

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La piscina de Betesda, Francisco Toledo (2017)
La piscina de Betesda, Francisco Toledo (2017)

Las proezas de Zipacná y los cuatrocientos jóvenes 

Estas son ahora las proezas de Zipacná, el primogénito de Siete Guacamayo.

–Yo soy el creador de las montañas –dijo Zipacná.

Zipacná estaba bañándose a orillas del río cuando pasaron cuatrocientos jóvenes arrastrando un tronco que usarían como viga de soporte para su choza. Estos cuatrocientos jóvenes iban caminando pues habían cortado un gran árbol que les serviría de dintel.

Por lo tanto Zipacná se acercó a los cuatrocientos jóvenes y les preguntó:

–¿Qué hacéis, jóvenes?

–Es sólo este árbol: no lo podemos llevar en hombros.

–Yo lo llevaré sobre mis hombros. ¿Hasta dónde lo lleváis? ¿A qué propósito sirve en vuestros corazones?

–Va a ser el dintel de nuestra choza.

–Muy bien –dijo entonces.

Así que lo llevó sobre sus hombros hasta la entrada de la choza de los cuatrocientos jóvenes.

–Quédate con nosotros, muchacho. ¿Tienes madre o padre?

–No tengo a nadie –contestó.

–Te rogamos, pues, que nos ayudes, porque mañana tendremos que levantar otro tronco como viga de soporte para nuestra choza.

–De acuerdo –volvió a decir. Entonces los cuatrocientos jóvenes hicieron sus planes:

–Este muchacho… ¿qué haremos con él? Lo mataremos. Lo que hace no es bueno, eso de levantar el árbol sin ayuda. Por lo tanto, cavaremos un gran hoyo, y lo abandonaremos allí dentro.

Le diremos: “Anda, saca la tierra del fondo del hoyo”. Y cuando esté agachado ahí abajo en el hoyo, le tiraremos el gran árbol encima, y así morirá allí en el hoyo –dijeron los cuatrocientos jóvenes.

Así que cavaron un gran hoyo que llegó a ser muy profundo.

Después mandaron buscar a Zipacná:

–Confiamos en ti para que vayas a cavar en la tierra, porque no lo podemos hacer nosotros –le dijeron.

–Muy bien –contestó.

Así que bajó al hoyo.

Llámanos cuando hayas terminado de cavar la tierra, porque debes llegar hasta muy profundo –le dijeron.

–De acuerdo –contestó.

Entonces comenzó a cavar en el hoyo. Pero este hoyo iba a ser su propiasalvación. Supo que lo iban a matar: por lo tanto, cavó otro hoyo a un lado. Fue dentro de este segundo hoyo que se salvó.

–¿Hasta dónde has llegado? –le preguntaron los cuatrocientos jóvenes.

–Estoy cavando rápidamente. Cuando os lo indique, la excavación habrá terminado con éxito –anuncio Zipacná desde el hoyo.

Pero no cavó su propia tumba allí, al fondo del hoyo: más bien cavó el medio de su propia salvación. Por lo tanto, cuando Zipacná les avisó ya se había resguardado dentro del hoyo:

–Venid a sacar la tierra, la tierra que he cavado del hoyo. En realidad muy profundo he cavado. ¿No podéis escucharme llamándoos? Vuestras voces son sólo ecos, como si estuvieran a gran distancia cuando las oigo –dijo Zipacná desde su hoyo.

Ya estaba protegido cuando llamó desde adentro del hoyo. Los jóvenes entonces arrastraron el gran árbol y lo tiraron al hoyo.

–Ya no existe. No habla. Cuando grite, sabremos que está muerto –se dijeron entre sí en voz baja.

Porque habían escondido su propósito al tirar el árbol hacia dentro.

Entonces cuando habló les gritó en voz alta. Gritó una palabra más cuando dejaron caer el árbol.

–¡Ajá, lo logramos! ¡Estuvo realmente bien! Lo hemos hecho. Murió. ¿Qué tipo de agüero habría sido si hubiese persistido en realizar sus proezas, su trabajo? Podría haber llegado a ser el primero entre nosotros, los cuatrocientos jóvenes –dijeron.

Y se regocijaron:

–Durante tres días sólo tomaremos bebida dulce. Y cuando hayan pasado los tres días, ¡brindaremos por nuestro hogar, por nuestra choza, nosotros, los cuatrocientos jóvenes! –dijeron.

–Mañana y pasado mañana veremos si no salen hormigas de la tierra cuando comience a apestar y a descomponerse. Entonces se confortarán nuestros corazones, cuando tomemos nuestra bebida dulce –dijeron.

Pero Zipacná escuchó desde allá en el hoyo cuando dijeron esto. Y al segundo día se juntaron las hormigas. Caminaron por allí. Pululaban bajo el árbol. Llevaban en sus dientes el cabello y las uñas de Zipacná por todas partes.

Cuando los jóvenes vieron esto, se dijeron entre sí:

–El demonio está acabado. Miren las hormigas. Se han juntado. Se han reunido aquí, y por todas partes llevan su cabello en los dientes. Seguro que podemos verlas cargando sus uñas. Lo hemos hecho por fin –se dijeron unos a otros.

Pero Zipacná seguía vivo. Sólo había cortado el pelo de su propia cabeza y roído sus uñas para dárselas a las hormigas. Así los cuatrocientos jóvenes pensaban que había muerto.

Al tercer día, comenzaron a tomar de su bebida dulce. Se embriagaron todos los jóvenes. Todos los cuatrocientos jóvenes estaban borrachos entonces, y no sintieron nada cuando Zipacná derrumbó la choza sobre sus cabezas. Es así que todos murieron, cada uno de ellos murió aplastado. Ni uno ni dos de los cuatrocientos jóvenes se salvó.

Tal fue la muerte de estos cuatrocientos jóvenes a manos de Zipacná, hijo de Siete Guacamayo. Se dice que llegaron a ser la constelación conocida como los Pléyades, pero ésta tal vez sea sólo una fábula.
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Nota: El sistema numérico de los mayas es vigesimal, basado en el número 20. O´much´ significa, literalmente, cinco series de 80, o sea 400.
Del libro Popol Vuh. Notas e introducción de Allen J. Christenson.

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Los cuatrocientos jóvenes, Francisco Toledo (2017)
Los cuatrocientos jóvenes, Francisco Toledo (2017)

El centro del quincunce una mazorca

La siguiente descripción de una ceremonia tradicional de la siembra fue relatada por Nicolás Chávez Sojuel, un maya tz´utujil de Santiago Atitlán

Después de preparar la tierra, pero antes de sembrar, colocan cuatro velas en las esquinas de la milpa, las cuales representan las cuatro direcciones de la tierra: al este, para que la luz brille sobre las semillas; al oeste para que el maíz no se queme con el sol; al norte para que se proteja la semilla de maíz; y al sur para que la cosecha sea abundante (…) Al centro se coloca, entonces, una mazorca especial que se llama yo´x (“gemelos”), que se separa en el extremo para formar pequeñas mazorcas extras. Éstas han sido previamente bendecidas por un chamán de la Cofradía de San Juan, que tiene el ruk´ux way (“corazón de alimento”) dentro de una caja de madera. Muchas mazorcas yo´x cuelgan del techo allí porque es allí donde nace el maíz. Estas mazorcas se queman, y sus cenizas se entierran para que puedan volver a la vida y producir más maíz (Christenson, 2001:117).
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Del libro Popol Vuh. Notas e introducción de Allen J. Christenson.

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