La de Morelia, una administración singular

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Alfonso Martínez, presidente municipal de Morelia, llegó al cargo por la vía independiente. Es el primero que lo hace en Michoacán. Esa circunstancia y su capacidad de gestión y de convocatoria representan una forma de gobernar que hace diferencia con las diversas expresiones de gobierno del país. De entrada, no tuvo que negociar posiciones con los grupos de algún partido que suelen llegar a las administraciones públicas con sus cuotas, sin importar si saben o no del tema al que están asignados.

A reserva de que el alcalde Alfonso Martínez logre confirmar éstos y otros aciertos a lo largo de su gestión y de que la visión objetiva no nos falle, su caso parece ser una muestra de que se puede gobernar con rendición de cuentas y de cara a la sociedad.

Todos los datos disponibles indican que Martínez no tiene gastos de representación ni carga al erario su celular o cualquier tipo de comida. Tampoco, por ende, ninguno de sus colaboradores cuenta con esas “prestaciones” tan nuestras en la vida pública. En el polo opuesto, el gobierno de Jalisco tiene una partida para gastos de representación que supera los 100 millones de pesos anualmente sólo en uno de los múltiples rubros del gasto corriente, algo que genera un gran descontento en la sociedad.

En materia de obra social, el alcalde de Morelia, al margen de la Secretaría de Salud federal y del estado, está por terminar una clínica de primer nivel con algunas de las especialidades más recurrentes del segundo nivel de atención médica. En enero próximo se espera su inauguración.

El presidente municipal de Morelia bajó el gasto corriente en 40% acumulado en los dos años que lleva su gestión. Por el contrario, a vía de ejemplo, el gobierno de San Luis Potosí tiene un altísimo gasto corriente que supera las transferencias a sus 58 ayuntamientos. Y ésta es la regla general en el país en todos los ámbitos de la administración pública.

Así también Alfonso Martínez, a pesar de haber bajado el gasto corriente, ha aumentado casi 100% en obra pública necesaria. Transparencia, honestidad y eficiencia explican este dato que ningún gobierno puede acreditar en el país entero. En el gobierno federal el recurso presupuestal destinado a obra pública ha ido bajando a razón de 10% anual.

El alcalde moreliano ha aumentado en casi 1000% el gasto en policías bien pagados (15 mil pesos mensuales que equivalen al de un jefe de departamento en Morelia) y ha logrado que el 100% tenga el examen de control de confianza aprobado. Más aún, el sistema policial de Morelia se ha convertido en el modelo de policía que debería replicarse en el país entero, a juicio del gobierno británico y de la Agencia Internacional del Desarrollo de Estados Unidos, que han podido constatar que sí es posible reducir drásticamente los delitos de alto impacto y las percepciones de los morelianos sobre la seguridad.

Los uniformados de Morelia son los mejores pagados de los municipios del país (https://www.huffingtonpost.com.mx/2017/04/07/mapa-los-policias-mexicanos-con-menor-y-mayor-salario_a_22029361/). En San Luis Potosí, peor aún, más de 30% de los policías ha reprobado el examen de control de confianza y siguen activos.

En un esfuerzo de negociación, el alcalde moreliano logró convencer al sindicato de los trabajadores del municipio para diferenciar incrementos anuales salariales: 8% a los que están en la base de la pirámide administrativa y 1% a quienes se ubican en la parte más alta. Eso, por sí sólo, nadie o casi nadie lo puede demostrar en los diversos gobiernos estatales y municipales del país.

Un dato interesante es que en Morelia Alfonso Martínez se ha empeñado en gobernar con el apoyo crítico de la sociedad civil organizada, que evalúa su administración. En el país, es importante decirlo, no hay ningún gobierno que, en todos y cada uno de los rubros de la administración pública, tenga evaluadores externos de la sociedad, honoríficos y sin conflictos de interés.

Ante el fenómeno de los llamados ninis, que es un problema social complejo en México, Alfonso Martínez tuvo la capacidad de convocatoria para sentar juntos a los principales rectores de las universidades privadas que hay en Morelia –desde el Tec de Monterrey hasta las tradicionales y reconocidas como instituciones de alto nivel académico: la Universidad Vasco de Quiroga y la Latina de América– y les solicitó abrir espacios sin cobro de colegiatura para esos jóvenes carentes de opciones de estudio y de trabajo, y se lo concedieron, algo poco menos que imposible para un gobernante tradicional. No sobra decir que el ayuntamiento no subsidia en forma directa ni indirecta a esas universidades.

Los anteriores indicadores indican que la actual administración de Morelia es una isla de gobierno transparente y socialmente eficaz en un mar de opacidad.

@evillanuevamx

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Este análisis se publicó el 10 de diciembre de 2017 en la edición 2145 de la revista Proceso.

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