La esclavitud que no es memoria sino presente

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A 408 años de la fundación de Yanga, Veracruz, el poblado que lleva el nombre de Gaspar Yanga –quien se presume fue un príncipe africano traído a la Nueva España en calidad de esclavo–, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la UNESCO proclamaron el lugar, junto con el Fuerte de San Juan de Ulúa, como Sitios de Memoria de la Esclavitud de las Poblaciones Africanas y Afrodescendientes.

La declaración se dio en el marco del proyecto internacional “La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio”, así como dentro de las acciones del Decenio Internacional de Poblaciones Afrodescendientes 2015-2024, establecido por la Organizaciones de las Naciones Unidas (ONU), con el propósito de “visibilizar a estas poblaciones, valorar su legado y luchar contra el racismo y la discriminación”, de acuerdo con un comunicado del INAH.

En el acto oficial, realizado el jueves 7 en el Puerto de Veracruz, el antropólogo Diego Prieto, director del instituto, declaró:

“El día de hoy África es Veracruz, es México, es todo el mundo porque el Homo sapiens viene de la África negra, especie capaz de producir expresiones sublimes de amor, fraternidad y entrega; de inteligencia creadora, pero también capaz de producir enorme destrucción, crímenes y afectaciones a su propia especie como es la esclavización del hombre por el hombre. Eso es lo que ahora recordamos con esta ceremonia, como algo que no debe volver a suceder.”

Pero tristemente sucede. Hoy, todos los días y ante la faz del mundo y de aquellos países que se consideran “desarrollados”, pero cierran los ojos a la tragedia que de ninguna manera es memoria sino presente.

Así lo consigna la revista Proceso en su número 2144, del 3 de diciembre pasado, en el reportaje “Migrantes esclavos. Europa se escandaliza, pero se desentiende”, firmado por Irene Savio. Las imágenes son dramáticas, muestran a un grupo de africanos hacinados tras las rejas en un mercado de esclavos en Libia. Se ven también cuadros de un video difundido por el canal South China Morning Post, que documenta cómo se ofrece las personas al mejor postor. El relato es aún más terrible:

“‘Hombres fuertes grandes, para el trabajo agrícola’, dice el traficante –apoyando la mano sobre el cuerpo de un joven negro– en un video grabado en algún lugar de Libia.

“‘400 (dinares), 700, ¿700? 800’, se oye decir al anónimo negrero, oculto en la oscuridad de la noche, mientras los subastados aguardan en silencio, levantando a ratos los ojos hacia sus compañeros”.

Ya el pionero de la investigación de la presencia africana en México, Gonzalo Aguirre Beltrán (1908-1996), documentó en sus obras, entre ellas El negro esclavo en Nueva España, que África ha sido, desde tiempos remotos, fuente de mano de obra esclava, aunque el tráfico inicia y alcanza niveles de “trágica magnitud”, con los mahometanos primero, y los cristianos después, “que hacen del África subsahariana el venero inagotable de ébano humano”.

El pueblo veracruzano, nombrado “Memoria de la esclavitud”, lleva el nombre de Gaspar Yanga o Nyanga. En el acto en el puerto, en el cual se develó una escultura del personaje, la investigadora María Elisa Velázquez, experta en el estudio de la negritud en México, relató que hay “mucha especulación” acerca de si fue un príncipe:

“Lo cierto es que fue un hombre africano posiblemente de la región de Senegambia, que luchó por la libertad y fundó en 1631 San Lorenzo Cerradero o de los Negros, primer nombre asignado a esta población”.

Según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), Yanga pudo ser miembro de la familia real de Gabón. Que “se convirtió en cabecilla de una banda de esclavos rebeldes cerca de Veracruz, en 1570 aproximadamente”.

Relata cómo Yanga logró fundar la población que hasta hoy lleva su nombre, pese a la dura batalla que los españoles libraron contra él, hasta que cedieron ante sus términos y fue aceptado para gobernar el pueblo:

“Cinco décadas después de la independencia mexicana. Yanga fue nombrado héroe de México gracias a la diligente labor de Vicente Riva Palacio, nieto del presidente mexicano afrodescendiente, Vicente Guerrero.” (https://www.conapred.org.mx/index.php?contenido=pagina&id=439&id_opcion=40&op=61).

La esclavitud en México no ha pasado a la historia. Las noticias cotidianas no dejan de sorprender cuando relatan el hallazgo de galerones o sitios en los que se mantenía a personas o grupos de gente privados de su libertad y confinados a trabajos o a la explotación sexual.

De otra parte, se ha documentado en las páginas de Proceso, y en este espacio, la batalla que han tenido que librar los afrodescendientes mexicanos por su reconocimiento. En la propia ceremonia del INAH en el puerto, Raquel Peña Virgen, representante de la comunidad de Mata Clara, solicitó que los afrodescendientes sean reconocidos como tales de manera formal en la Constitución del estado de Veracruz.

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