Francisco en Chile: Entre la apatía y la hostilidad

El Papa Francisco rumbo a Chile. Foto: AP / Gregorio Borgia El Papa Francisco rumbo a Chile. Foto: AP / Gregorio Borgia

VALPARAÍSO (apro).- La visita del papa Francisco a Chile se da en un clima de apatía, con una Iglesia Católica en crisis y desprestigiada, y con una opinión pública que ha sido predispuesta en su contra por los grandes medios de comunicación, y por sectores conservadores de la sociedad que desconfían de él por considerarlo izquierdista y anticapitalista.

El gobierno, el Parlamento y la propia Comisión Organizadora de su viaje a Chile han contribuido al descrédito de ésta al promover temas impopulares y carentes de contenido como los principales antes de su arribo.

El octubre pasado el gobierno dio a conocer que el costo de la gira del representante del Vaticano alcanzará los 11 mil millones de pesos –unos 18 millones de dólares- de los cuales cuatro mil millones serán destinados a la organización de actividades apostólicas, los querían sufragados por la Iglesia; y siete mil millones a medidas de seguridad, los que deberían ser aportados por el Estado chileno. Los grandes medios han dado amplia cobertura a este aspecto lo que ha redundado en un amplio rechazo de la población.

Empeoró la situación el hecho que el Congreso Nacional aprobara en noviembre pasado rebajas impositivas a las empresas que contribuyeran a financiar la estadía en Chile de Francisco.

La crítica al jefe de la Iglesia Católica se expande entre amplios sectores de laicos y no creyentes, que no perdonan la pasividad con que el Santo Padre de la Iglesia Católica ha enfrentado los abusos sexuales de destacados miembros de esta institución en Chile.

En efecto, lo que más ha perjudicado el viaje apostólico del alto prelado a Chile es el nombramiento como obispo de Osorno –en enero de 2015- y mantener en su cargo a Juan Barros, otrora principal asistente del sacerdote Fernando Karadima, considerado el mayor pederasta de la iglesia Católica chilena.

El arribo del Papa, además, ha sido precedido por numerosos ataques contra iglesias. El viernes 12 cinco iglesias de la capital chilena sufrieron ataques incendiarios, en acciones que fueron acompañadas de pintas y mensajes en los que se rechazaba la presencia en Chile del Papa y el alto costo que esta tendrá.

Este domingo 14 el templo San Agustín de Melipilla –a 60 kilómetros de Santiago- sufrió también un atentado incendiario. En sus muros se imprimió con spray la frase: “La única iglesia que ilumina es la que arde (…) No al Papa”.

Cabe considerar que la llegada a Chile de Francisco se da en un contexto de un notable declive del catolicismo en Chile: Quienes declaran pertenecer a este credo han descendido del 75% al 45% en los últimos 20 años. Esto, según el estudio “El Papa Francisco y la Religión en Chile y América Latina Latinobarómetro 1995-2017”, dado a conocer el viernes 12 de enero.

Según esta encuesta la confianza en la Iglesia Católica ha descendido del 80% en 1995 al 36% en la actualidad.

La periodista y corresponsal del diario argentino La Nación en Roma, Elisabetta Piqué -considerada la vaticanista que mejor conoce al papa Francisco- expresó en entrevista con CNN Chile –emitida el lunes 15- que la visita del Papa se dará en un clima “hostil” y de “indiferencia”, aunque matizó expresando que “el Papa tiene una capacidad para conquistar al público con su humildad y su trato”.

Pese a lo anterior, es importante señalar que los más importantes referentes de los sectores más progresistas de la Iglesia Católica chilena, liderados por el sacerdote Mariano Puga –entre otros- se han movilizado para dar una bienvenida a Francisco e incluso han conseguido que se pinte un gran mural en la Villa Francia, la más combativa y politizada de las poblaciones de Santiago.

Con todo, se espera que cientos de miles de fieles –muchos de ellos argentinos que cruzarán la cordillera de Los Andes- participarán de las homilías del Papa, habiendo importante expectativa respecto del contenido de las mismas.

El líder de los cardenales arribará a las 20:00 horas de este lunes 15 a Santiago, y será recibido por la presidenta Michelle Bachelet. A la mañana siguiente se verá las caras otra vez con la mandataria chilena en la recepción que a primera hora tendrá en el palacio La Moneda –sede de gobierno- donde también acudirán las principales autoridades políticas del país y del cuerpo diplomático.

Poco después presidirá una misa al aire libre en el Parque O’Higgins en la que se espera sea la actividad de mayor convocatoria de su visita al país. En dicha jornada también visitará el Santuario Padre Alberto Hurtado, la Catedral Metropolitana –donde se reunirá con el clero chileno- y el Centro Penitenciario Femenino en donde se reunirá con mujeres privadas de libertad.

El martes 16 se trasladará a la sureña ciudad de Temuco en la que por la tarde realizará una misa en el aeropuerto Maquehue, en la que se espera aborde la crítica situación de marginación y represión que afecta al pueblo mapuche, al que ha dado importantes muestras de solidaridad en los meses previos a su viaje a Chile.

Su eventual pronunciamiento respecto del conflicto chileno mapuche es uno de los aspectos que más tensión generan entre los sectores conservadores del país que, en los hechos, han promovido una guerra de baja intensidad contra este pueblo, cuya resistencia a las empresas forestales, energéticas y mineras, se ha constituido en una de las principales piedras de tope para la expansión del modelo económico neoliberal y extractivista en Chile.

El miércoles 17, ya de regreso a Santiago, Francisco tiene planificado realizar una eucaristía centrada en los jóvenes, que se realizará en el Templo Votivo de la comuna de Maipú.

El jueves 18 viajará a la nortina ciudad de Iquique, urbe en la que además de realizar una misa en el sector de playa Lobito, tiene considerado recibir a familiares de víctimas de la represión política de la dictadura militar (1973-1990).

Al atardecer de este día tomará un avión con destino a Lima para iniciar una gira por Perú, destino final de este viaje apostólico por estos dos países de Sudamérica.

Grandes diferencias

El clima previo al arribo del Papa Francisco, es notablemente distinto al que caracterizó la visita de su predecesor Juan Pablo II (entre el 1 y el 6 de abril de 1987), primera de un jefe supremo de la Iglesia a Chile.

Es que previo a este viaje, todos los sectores de opinión unánimemente saludaron con entusiasmo su venida.

De acuerdo con lo que señaló el connotado teólogo jesuita Álvaro Ramis en el artículo “Una visita incómoda” –publicado por el diario El Clarín el pasado 14 de enero- ese acontecimiento se desarrolló “con una dictadura militar aislada internacionalmente, y en pleno proceso de negociación entre bastidores del pacto transicional”, apuntando que aquella gira papal “vino a bendecir el llamado ‘acuerdo nacional’ firmado en 1986 entre el sector más moderado de la oposición y los grupos más tradicionales de la derecha”.

Ramis –que también es doctor en filosofía y tiene amplia tribuna en medios eclesiales y de izquierda- acota que para Pinochet “la visita de un Papa polaco y anticomunista le permitía reforzar su imagen de campeón de los valores cristianos y occidentales”.

Por lo mismo, subraya que el régimen militar lanzó en aquella circunstancia el eslogan “Mensajero de la paz” con un doble objetivo: “destacar como logro el acuerdo de paz entre Chile y Argentina (que en 1978 estuvieron cerca de una guerra por disputas limítrofes), bajo la mediación pontificia”. Ramis afirma que dicho mensaje tuvo una segunda razón, bastante más interesada: “hacer del Papa un factor de pacificación nacional, es decir, como un motivo para aplacar las protestas que desde 1983 habían puesto a la dictadura contra las cuerdas”.

De esta manera la visita papal se convertía en un instrumento para deslegitimar la movilización popular, objetivo que en cierta forma fue cumplido lo que se expresa en que aquel año disminuyeron notablemente las protestas sociales y las fuerzas opositoras encuadraron su accionar en el diseño institucional impuesto por la dictadura militar y consagrado en la Constitución Política de 1980.

El teólogo Ramis recordó que para la oposición a la dictadura y también para la jerarquía de la Iglesia chilena, el eslogan fue otro: “Mensajero de la vida”, que apuntaba a resaltar la defensa de los derechos humanos ejercida por la Iglesia Católica en los periodos más duro de la dictadura militar, proceder que fue liderado por el Cardenal Raúl Silva Henríquez.

“En el balance final –señala Ramis- cada actor político sacó alguna cosa del evento papal: la dictadura logró la famosa foto de Pinochet con el Papa en el balcón de La Moneda (2 de abril de 1987), conseguida con engaños y ciertas complicidades de la Nunciatura y parte de la delegación vaticana”.

Destaca que la oposición “moderada” y la jerarquía eclesial consiguieron “avalar el rol mediador del Episcopado en la construcción de la trama de los acuerdos de la transición”.

El clima que enfrentará Jorge Mario Bertoglio –nombre de origen del Papa Francisco- es diametralmente opuesto al de su predecesor polaco.

Karadima y Barros

En entrevista con Apro el sociólogo, periodista e historiador de la cristiandad Felipe Portales expresó que “lo más importante y lamentable” de esta visita papal es que “se haga en el marco de una designación y mantención escandalosa como obispo de Juan Barros”, que ha sido fuertemente resistida por gran parte de los católicos de Osorno, ciudad ubicada a 900 kilómetros al sur de Santiago.

“Es sabido que Barros fue nada menos que la mano derecha del nefasto sacerdote Fernando Karadima, quien desarrolló la virtual secta de El Bosque (parroquia de un acomodado barrio de Santiago), plagada de abusos sexuales, sicológicos y financieros; y que tanto daño le ha hecho a la Iglesia chilena”.

Portales –quien está próximo a publicar una historia de la Iglesia Católica—argumenta que “en el riguroso y nunca desmentido libro “Los secretos del imperio de Karadima” (de los periodistas Mónica González, Juan Andrés Guzmán y Gustavo Villarrubia) se detalla la participación de Barros en el ocultamiento de los abusos sexuales de Karadima; en la realización de vejaciones públicas por parte de Barros a víctimas de la secta; y en la confección de sórdidas maniobras en contra de un seminarista (Juan Carlos Cruz) para destrozarle su vocación sacerdotal”.

El investigador expresa que “desgraciadamente, lo anterior se ha visto agravado por la increíble actitud papal de mantener aquel funesto nombramiento diocesano”, pese al rechazo que este ha provocado entre fieles y también en obispos chilenos. “Peor aún -continúa Portales-, en una ocasión Francisco estigmatizó a la grey osornina -que ha protestado insistentemente exigiendo la salida de Barros- calificándola de “tonta” y que había sido ¡engañada por ‘zurdos’! para efectuar aquello. Y nunca ha retirado y dado explicaciones por tan ofensivas y gratuitas declaraciones”. Portales aduce que “todo esto ha generado y sigue generando un escándalo diocesano inédito en la historia de los últimos siglos de la Iglesia Católica”.

Señala también que “como si lo anterior fuese poco, el Papa ¡ha rechazado recibir en su visita a víctimas de abusos sexuales chilenos!, confirmando su negativa actitud en un tema que tanto aflige a la Iglesia a nivel mundial y particularmente en nuestro país, en que se han contabilizado 75 sacerdotes, obispos o religiosos acusados o condenados por delitos de connotación sexual”.

Entre quienes defienden en forma ferviente al papa Francisco previo a su arribo a Chile destaca -entre otros- el ingeniero comercial y académico de la Universidad de Chile Reinaldo Sapag.

Este manifestó en su columna “El Papa y los hipócritas” –difundida en el medio de los católicos progresistas chilenos Reflexión y Liberación, que “la sorpresiva llegada del Papa Francisco, con su postura reformista de intentar lograr una iglesia pobre al servicio de los pobres” ha generado el rechazo de “los hipócritas” que no estarían dispuestos a aceptar su humildad, su austeridad “y el despojo para servir con amor al pobre, al que sufre”.

Sapag manifestó que “al Papa se le exige, por parte de la sociedad chilena, acciones e instancias que desenmascaren definitivamente a los hipócritas” de la Iglesia chilena.

Sostuvo que estos “son todos aquellos que mienten descaradamente, que defienden a los impuros y esconden sus fechorías bajo el alero de la Iglesia para lograr impunidad, (son quienes) satisfacen sus perversiones sexuales con los predilectos de Jesús: los indefensos niños. Son aquellos cardenales, obispos o superiores que guardan silencio, que deciden protegerlos o encubrirlos (…) ellos son los que han debilitado y desprestigiado a la Iglesia en Chile. Son los escribas y fariseos de la era actual”.

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