“La forma del agua”: El amor por los monstruos

La forma del agua, de Guillermo del Toro. La forma del agua, de Guillermo del Toro.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La nueva cinta de Guillermo Del Toro, La forma del agua (The Shape of Water, EU), es un hermoso cuento de hadas con una pizca de cine de terror de los cincuenta, digamos que es como si La bella y la bestia se fusionara con El monstruo de la laguna negra.

El resultado es un poema visual que narra la historia de amor entre dos seres incomprendidos, un monstruo acuático (Doug Jone) y una mujer muda (Sally Hawkins), en un mundo frío y hostil que parece castigar a aquellos que no son parte de la norma.

Nuestra protagonista, Elisa Esposito, trabaja para el departamento de mantenimiento de un centro de investigación del gobierno en la ciudad de Nueva York. Tiene dos buenos amigos: su compañera de trabajo, una mujer afroamericana llamada Zelda Fuller (Octavia Spencer), que siempre le cuida las espaldas, y un ilustrador talentoso que es gay, llamado Giles (Richard Jenkins), quien ha sido despedido de una compañía de publicidad, ya que los clientes prefieren usar fotografías que ilustraciones en sus anuncios.

Es en este contexto que Elisa conocerá a una extraña criatura marina que es llevada al laboratorio por un agente bastante agresivo, Richard Strickland (Michael Shannon), con propósitos de investigación.

Pronto la curiosidad de Elisa sacudirá los destinos de los involucrados.

Con gran maestría, Del Toro nos lleva de la mano por esta historia, junto con el compositor Alexandre Desplat, como si formáramos parte de una danza que transcurre en una “tierra de ensueño”, aunque la acción transcurra de un frío laboratorio, pasando por el camión que Elisa toma todas las mañanas, a la casa de la protagonista: un pequeño departamento que se encuentra arriba de un cine al que ya casi nadie va. Con una estupenda dirección de arte, Del Toro consigue transportarnos al pasado y nos hace creer partícipes de estos escenarios.

Con actuaciones soberbias, el cineasta jalisciense consigue conmovernos hasta la médula, y nos enseña que los monstruos son necesarios, pues al enfrentarlos nos permiten la posibilidad de transformarnos.

Comentarios

Load More