Cadáveres permanecen meses, e incluso años, en el Semefo de Morelos

CUERNAVACA, Mor. (apro).- Además de frenar la exhumación de cuerpos localizados en fosas clandestinas de Jojutla, el gobierno estatal no se ha preocupado por identificar los cadáveres que se encuentran desde hace meses, e incluso años, en los refrigeradores o en los pisos del Servicio Médico Forense (Semefo).

Un botón de muestra es el caso de Enrique Garfias González, mejor conocido como Enrico, cuya familia recibió los restos más de un año después de haber sido llevados al Semefo.

Enrico tenía 88 años, era promotor de danzón en esta capital. Desde hacía años el singular personaje, quien vestía como catrín, con los zapatos bicolores de los pachucos, promovía todas las tardes el baile del danzón en el zócalo o la plaza de armas de esta ciudad. Decenas de personas, sobre todo de la tercera edad, acudían con él para aprender y reinventar el sensual baile.

La tarde del 10 de octubre de 2016 Enrico desapareció. Nadie volvió a verlo y el danzón se apagó. Sus familiares y amigos interpusieron una denuncia y luego comenzaron una campaña con volantes y posters para hacer pública su desaparición. Dado que era muy conocido, la gente multiplicó los volantes. La Fiscalía tardó dos meses en emitir la ficha de localización.

A mediados de diciembre de 2016, pobladores de la colonia Antonio Barona localizaron un cráneo y otros restos humanos sobre la calle Revolución, en las cercanías de la autopista México-Acapulco, a la altura de la gasolinera. Tras realizarse el levantamiento se dijo que se trataba de una “extremidad cefálica de mujer”, que fue resguardada como “desconocida”.

Ante la falta de acciones de la Fiscalía, la familia contrató a un investigador privado para que rehiciera la ruta que habría seguido Enrico el día de su desaparición. Aquel 10 de octubre el bailador de danzón tomó el transporte colectivo Ruta 6 en la avenida Morelos, aproximadamente a las 6 de la tarde, para dirigirse a su domicilio ubicado en la avenida Subida a Chalma, pero nunca llegó.

Luego de las indagatorias se concluyó que los restos hallados en la Barona eran de Enrico. Casi un año después de su desaparición y después de mucha insistencia por parte de la familia, en noviembre pasado la Fiscalía realizó un análisis más detallado del cráneo y los demás restos, y en diciembre tomó muestras de ADN. El resultado fue positivo.

Tras una larga espera e interminables trámites, el pasado lunes 22 la Fiscalía entregó los restos a la familia, que pidió los servicios de una funeraria local para cremarlos.

Lo mismo ocurrió con los restos de dos mujeres jóvenes que fueron reportadas como desaparecidas. Sus cuerpos pasaron más de un año en los refrigeradores del Semefo, mientras que el cadáver de un expolicía tuvo que esperar más de cuatro años en el forense.

En tanto, los trabajos para continuar la exhumación de los cuerpos inhumados clandestinamente por la Fiscalía en las fosas de Jojutla –donde se esperaba encontrar 35 restos y en dos semanas salieron más de cien– continúan parados.

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