Revista Proceso

Ellas sí pueden vivir del futbol... pero en España

Cuatro mexicanas juegan en el futbol femenil profesional de España y una de ellas, Charlyn Corral, es la goleadora de la Liga. En entrevista con Proceso, la delantera recuerda su pleito con Leonardo Cuéllar, quien fuera su entrenador en el Tri, y la operación que la alejó cuatro meses de las canchas
domingo, 28 de enero de 2018 · 09:01

Cuatro mexicanas juegan en el futbol femenil profesional de España y una de ellas, Charlyn Corral, es la goleadora de la Liga. En entrevista con Proceso, la delantera recuerda su pleito con Leonardo Cuéllar, quien fuera su entrenador en el Tri, y la operación que la alejó cuatro meses de las canchas, desafíos que superó antes de dejar huella en el balompié europeo. Estrella del Levante UD, Corral también habla del futuro de su carrera y de la incipiente Liga mexicana que paga bajos salarios a las jugadoras. “Recomiendo que no descuiden sus estudios”, dice.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La goleadora de la Liga Femenil de España se llama Charlyn Corral. Es mexicana. Ha marcado 14 goles en 16 partidos disputados en la primera vuelta de la campaña 2017-18. Aspira a ganar su primer Pichichi, a ser su propia versión de Hugo Sánchez. Los aficionados la eligieron para el 11 ideal. Su gol, en la jornada 1 ante el Madrid CFF, fue elegido como el mejor del año.

En agosto de 2015, llegó al club Levante UD, tenía 24 años, cinco mundiales a cuestas –tres Sub-20 y dos con la Selección mayor–, ocho partidos como profesional con el modesto Merilappi United de la Liga de Finlandia y una trayectoria como futbolista desde la infancia, cuando su padre no la dejaba irse a dormir si no dominaba 200 veces el balón. A España, Charlyn Corral arribó siendo nadie.

Una desconocida a la que, si acaso, el director técnico Andrés Tudela había ubicado en una plataforma de datos: goles anotados, asistencias, balones tocados. Ayudó que la coordinación del Levante femenino está en las manos de una mujer, la exjugadora Rosa Castillo, pero ni así hubo margen para la negociación.

“Las condiciones las impusieron ellos en el entendido de que Charlyn tenía que demostrar su capacidad. No pudimos negociar nada en lo económico”, recuerda Guillermo Zamarripa, representante de la jugadora. “Es muy complicado llegar al futbol europeo. Los españoles son muy duros para negociar. Les cuesta admitir que una mexicana puede ser mejor que muchas españolas. Ella tomó el riesgo y se puso a picar piedra”, dice.

En su primera temporada, Corral anotó 22 goles, quedó en segundo lugar en la lucha por el Pichichi. El segundo año marcó 20. Se metió en el Top 4 de las goleadoras. En dos temporadas y media ha marcado 56 tantos, se ganó el respeto de la grada y el reconocimiento de quienes dirigen la Liga Femenina Iberdrola, que en sus redes sociales la magnifican: “De pie ante la máxima goleadora”, “aplausos, sus goles son clave en la Liga Española”, “un gol para la posteridad”.

Las temporadas de Charlyn han sido extraordinarias. “Su segundo contrato lo negociamos con las cartas en nuestro favor y ha tenido una mejoría económica cada año. En la última negociación, Charlyn ya se iba del Levante porque había recibido una buena oferta de un equipo francés. No quiero decir que el Levante tiró la casa por la ventana, pero hizo un esfuerzo enorme para que su estrella no se fuera. Ella tiene un impacto muy importante en la plantilla y el resto de los equipos de la Liga diseñan su estrategia de juego pensando en cómo nulificar a Charlyn”, explica el representante.

Como una gitana

El primer sueldo de Charlyn Corral con el Levante le alcanzaba sólo para comer y cubrir servicios básicos. El club le ofreció compartir un departamento pequeño con otras jugadoras foráneas, pero lo rechazó. Su opción fue rentar una habitación en la casa de la suegra de un amigo mexicano que tenía tres gatos. Sus padres le regalaron una motoneta como medio de transporte y terminaban por pagarle algunas cuentas. Tener la ropa llena de pelos y el temor a los felinos la empujó a marcharse.

En un periodo de dos años se mudó cinco veces. Si no eran unos vecinos escandalosos que no la dejaban dormir, se le inundaba el departamento o se quedaba sin agua. No podía pagar un lugar tranquilo donde descansar. En el terreno de juego la historia se repetía. Los gritos de las compañeras en los entrenamientos la desesperaban. Una extranjera, especialmente, se encargaba de fastidiarla hasta que la puso en su lugar.

Tímida al fin, discreta y siempre sonriente, sentía que las compañeras le pasaban por encima. No le salían los goles. En su primera temporada el Levante perdió sus primeros cuatro partidos. El entrenador le buscaba posición. A veces era defensa; otras, iba al medio del campo. Charlyn, extraviada, se preguntaba si de verdad era buena futbolista, si valía la pena haber fichado en España. Un gol en cuatro partidos es nada. Ella sola se llenaba de confianza.

Tarde o temprano, los resultados llegarán. Le repicaba en la cabeza las palabras que su padre le dijo a Tudela cuando fue a dejarla a Valencia: “No te arrepentirás. Charlyn no te va a defraudar”. Entonces, Tudela la encaró. Fue crudo. No usó diminutivos. “Metí las manos al fuego por ti”, le dijo. “Espero mucho de ti, quiero que te eches el equipo a los hombros”. Corral recordó cuando el entrenador la llamó por teléfono en plenos Juegos Panamericanos 2015.

Ella se había enfermado de varicela y estaba enclaustrada sin poder jugar. Había tenido un año fatal como seleccionada nacional. Pleitos con el entrenador Leonardo Cuéllar. En el Mundial de Canadá, en 2015, los resultados no acompañaron al equipo. En lo individual, Corral marcó un gol, le anularon otro, asistió en el tanto de una compañera. Nada que presumir. En eso, la llamada: ir a España y fichar por el Levante. “Fue un momento muy tenso de mi carrera. Si hubiera jugado los Panamericanos, no hubiera venido a España de tan saturada de futbol que estaba. Había decidido descansar un semestre. Gracias a que me enfermé tuve tiempo para pensar. Me llamó Andrés, me habló del proyecto y acepté. Cuando en aquella ocasión se sentó a hablar conmigo me recordó que gracias a él me ficharon. ‘Te vi, confié en ti. Ahora quiero que me respondas’, me dijo.

“Antes de esa charla yo no sentía que el equipo era mi responsabilidad, después todo cambió. Pensé: ‘Me ficharon como extranjera y tengo que demostrar más que las españolas. Si no hemos ganado y ha faltado gol tomo la responsabilidad de anotar’. En el quinto partido hice mi primer hat trick (tres goles). Ahí empecé a ser yo. No ha sido fácil. Me gané el respeto por mis resultados, ahora soy un referente. Me da orgullo que la Liga ponga mi bandera, porque llegué como una desconocida y me he consolidado.” Otras mexicanas Charlyn Corral es una de las cuatro mexicanas que juegan en la Liga Iberdrola.

En el Levante la acompaña la zaguera Greta Espinoza. La arquera Pamela Tajonar está en el Sevilla y Kenti Robles, también defensa, pertenece al Atlético de Madrid. Todas fueron colocadas por la empresa de representación de Guillermo Zamarripa. A la mediocampista Cristina Ferral le abrió las puertas en el Olympique de Marsella de la Liga francesa. La Liga Femenil española es una de las primeras del mundo. Fue fundada en 1988. Actualmente está integrada por 16 equipos que juegan, además, la Copa de la Reina y cuyo equipo campeón de Liga obtiene el derecho a participar en la Champions League femenil. Uno de los clubes más ganadores, pero también con más derrotas en finales (5), es el Levante, con cuatro títulos, sólo detrás del Athletic, que tiene uno más.

El Levante es uno de los clubes pioneros en el futbol femenil. Es un equipo que siempre está en las primeras posiciones de la tabla. En 2017 destacó como el primer club que puso a disposición de las jugadoras el estadio Ciudad de Valencia, con capacidad para 26 mil aficionados, para disputar el derbi. Las mujeres juegan normalmente en la Ciudad Deportiva o estadio Buñol, donde sólo hay 600 asientos. Charlyn Corral explica que, aunque el Levante es un club que no tiene ingresos como los del Barcelona, su directiva es generosa con los salarios de las jugadoras.

Los blaugranas y el Atlético de Madrid son los equipos que más pagan. Un buen salario oscila entre los seis mil y los 10 mil euros mensuales (138 mil a 230 mil pesos), aunque hay jugadoras que ganan mucho más. Por 200 euros anuales (4 mil 600 pesos), las jugadoras pueden afiliarse a la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), que defiende los derechos laborales, económicos y sociales de todos los hombres y mujeres de las distintas divisiones que juegan en España.

“Vine sin nada. Lo que ganaba era para comer y punto. He ahorrado un poco. Sabemos que en el futbol femenil no se puede ser rica, pero tengo una buena vida y puedo viajar si quiero. Ahora, ya me compré un coche. Son cosas materiales que valoro porque me han costado. Parecen insignificantes, pero valen mucho.”

“Me he sentido poderosa”

Corral aprecia la posibilidad de seguir jugando. A sus 26 años considera que le quedan unos cuatro más como futbolista activa. Le gustaría fichar por un club francés o alemán para probar otro tipo de ligas y participar en la Champions League, en la que el Olympique de Lyon y el Wolfsburgo han sido los más ganadores en los últimos años.

El futbol en su vida ha sido un medio para estudiar. En México obtuvo una beca en el Tecnológico de Monterrey y después Zamarripa le consiguió un lugar en la Universidad de Louisville, donde estudió administración deportiva. Su plan consistía simplemente en graduarse. Fue una alumna empeñosa. Con el equipo de su escuela marcaba goles, en las aulas buscaba siempre obtener un 10.

“Antes de graduarme pensaba en terminar de estudiar y retirarme del futbol. Ahora me da risa que pensara así. Por años combiné escuela y futbol. Mi cuerpo tenía mucho cansancio. Sentí que mi proceso como deportista se había adelantado por estar en alto rendimiento desde los 11 años y en la Selección Nacional desde los 13. Fue tanto lo que me exigieron que me dolían las piernas. Una doctora me dijo que tenía que descansar, no tocar un balón, no correr. Siempre tenía algo con la Selección y no podía parar”.

En Louisville, Charlyn Corral fue diagnosticada con el síndrome compartimental, una enfermedad neuromuscular que aumenta la presión en el espacio que existe entre los músculos de las pantorrillas, lo que le causaba dolor intenso, hormigueo y entumecimiento. La futbolista acusó estos síntomas desde los 14. Cuenta que por años jugó con dolor. Los entrenamientos en la arena le dejaban las piernas molidas.

El simple ejercicio de correr le causaba molestias desde las plantas de los pies. El diagnóstico fue hecho con base en unas pruebas de sangre. En una banda sin fin corrió hasta su máximo esfuerzo. Después, de cada pierna, los médicos le tomaron 18 pruebas con unas jeringas enormes que le metieron hasta el hueso.

Corral mide apenas 1.53 metros. Sus piernas son cortas, pero muy musculosas. El ejercicio hipertrofia sus músculos de tal manera que le causaba una presión muy dolorosa. Jugaba con las piernas casi engarrotadas porque la sangre no fluía de forma correcta. Los médicos no se explican cómo pudo jugar así. En enero de 2013 entró al quirófano, donde le quitaron parte de los músculos gemelos de las dos piernas.

Estuvo cuatro meses sin tocar un balón. Dos semanas en silla de ruedas y el resto con muletas hasta que volvió a caminar. Cuando regresó a una cancha no sentía que tocaba el balón. Pensó que no volvería a jugar. “Muchas veces sufrí al jugar. La solución era parar y descansar, pero en cuanto volvía a entrenar me crecía el músculo y volvía el dolor. La operación fue mi segundo aire.

Fue un punto de inflexión en mi carrera. A esa edad (21 años) me sentía triste. Estaba muy cansada, aunque era muy joven. Fui a la Universiada Mundial en 2013 y fui campeona de goleo y ganamos plata. ¡Qué diferencia, jugar estando bien físicamente! Recuperé el amor al futbol. “Gracias a la operación me convertí en jugadora profesional. Me ayudó mi mentalidad. Antes era niña tímida, pero el futbol me ayudó a sacar el carácter que no pensé que tenía. Con el futbol siempre me he sentido poderosa, que soy otra persona. Me transforma. Me siento invencible.

“Mi papá me ayudó a forjar mis cualidades porque me exigió mucho y siempre me habló de ser una jugadora extraordinaria, no una ordinaria. Pero sí tengo también el don de aprender muy rápido.”

Piden tomar riesgos

Guillermo Zamarripa considera que al futbol femenil mundial le falta crecer y desarrollarse, sobre todo al mexicano en su incipiente Liga Femenil, donde los salarios son, dice, ridículos. Lo mismo ocurre en las selecciones nacionales, donde una jugadora recibe unos mil pesos diarios durante una concentración para un torneo. No existen las primas por calificar a un Mundial, marcar goles o ganar partidos.

“Como empresario, entiendo la postura que circula en México: que se les pague lo que generen y, como el futbol femenil no genera, pues que se les dé poco. El futbol varonil llegó a donde está porque alguien invirtió, sólo así podrá desarrollarse el futbol femenil. Las empresas prefieren patrocinar a un jugador desconocido que a una mujer. Eso es lamentable. Seleccionadas como Kenti Robles, Charlyn, Cristina Ferral, Greta Espinoza no tienen patrocinadores de zapatos, que es algo básico.”

La Liga Femenil no debe ser una especie de favor que la Federación Mexicana de Futbol le haga a las mujeres, sino un espacio en el que las jugadoras puedan ser profesionales y vivir de este deporte por completo. Es a lo que aspira Charlyn. Corral dice que se ve de regreso en México, que le gustaría trascender, no sólo como la mejor futbolista mexicana, sino como la mujer que encausó la lucha por abrir espacios y dignificar las condiciones.

“La diferencia no debería ser tan drástica. En el París Saint-Germain o en el Olympique de Lyon el equipo varonil siempre será el más importante, pero, entonces, ¿por qué ellos sí tienen dinero para las mujeres? Porque les interesa que crezca y toman riesgos para incrementar el nivel.

“Ellos no dicen te doy poco porque no generas nada. A muchas jovencitas les salió esta oportunidad de la Liga mexicana y muchas jugarían sólo por amor, sin que les paguen, pero si queremos que sea profesional, los clubes deben empezar a incrementar los sueldos.” –¿No hacerlo provocará eventualmente que abandonen el futbol para tener un trabajo de verdad? –se le pregunta a Corral. –Yo recomiendo que no descuiden sus estudios. Yo hubiera querido tener esa oportunidad, y sin que me dieran una papa hubiera jugado porque quería una liga en México. Ahora, ya más grande, pienso diferente, porque ya conocí otro mundo.

“A las niñas les llena y lo que ven bien de la Liga es que pueden jugar y las vean para la Selección Nacional. Me pongo en sus zapatos, eso es motivante. Pero conforme pasen los años dirán: ‘Ya no me está dejando’. Decidirán entre juego o trabajo, estudio o juego, mantengo una familia o juego. Espero que en unos años también puedan vivir del futbol. “Tengo una carrera que me respalda. Si yo hubiera tenido la oportunidad de la Liga y hubiera visto que pagan poco, hubiera preferido los estudios. La Liga ilusiona, hay muchas expectativas, pero al final no deja de ser muy corta la vida de un deportista y, si el futbol no te va a dar para vivir siempre, al menos que sea para ahorrar y tener algo que recompense el esfuerzo.”

Este reportaje se publicó el 21 de enero de 2018 en la edición 2152 de la revista Proceso.

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