El arpa: Las cuerdas de la eternidad

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Para nadie es desconocida la imagen del arpa como compañera de ángeles y querubines y como instrumento de sonoridades celestiales, sin embargo, pocos saben que para dominarla se requiere de un trabajo arduo en el que se imbrica, literalmente, la sangre con el sudor. Por ello nos acercamos a un distinguido arpista mexicano que desde hace décadas investiga la fascinante historia del demandante instrumento y que se dedica a divulgar el repertorio que va apareciendo en su camino. Es, asimismo, un compositor prolífico que puede envanecerse de estar contribuyendo, con firmeza y estoicismo, a acrecentar la literatura del arpa de concierto. Su nombre completo. José Enrique Guzmán. Su vocación: acatar con humildad los dictados de su conciencia artística.

SMCh: Voy a comenzar interrogándote sobre lo último que has hecho, es decir, sobre la grabación de un disco compacto que contiene obras tuyas…

JEG: Muchas gracias por interesarte en él. Se titula Dibujos sobre papel amate y es una recopilación de piezas que he escrito para arpa sola desde 1992 a la fecha. Algunas de las obras surgieron para tocarse como piezas reglamentarias de concursos y otras fueron encargos. La idea de reunirlas es que pudieran servir de referencia a los estudiantes que deban y quieran tocarlas y, de paso, para compartir el trabajo que realizo como intérprete y compositor a la vez.[1] El título, extraído de una de las piezas, me gustó para ilustrar la temática mexicana que caracteriza a la mayoría de mis obras.

Sé que logras conciliar intereses múltiples y que tienes la fuerza de voluntad para componer en medio de esos ajetreos laborales donde la mayoría sucumbe. Eso es algo raro en los mexicanos… ¿Cómo vives tus días?

Creo que todos los músicos enfrentamos el problema de hacer e interesarnos en muchas cosas simultáneas. Determinar qué es lo importante para nosotros es aquello que nos capacita para administrar el tiempo. Cuando estudiaba en el Conservatorio me atraía un ideal: ser un intérprete que diera conciertos por el mundo y ser un compositor que creara obras que trascendieran. Pero cuando creces y te enfrentas a la realidad del músico en nuestro país te das cuenta de que ese ideal se ha deformado y que ya no depende de enteramente de tí, sino que hay que buscar apoyos, que hay que aprender a relacionarse, a promoverse, a no desfallecer, a enfrentarse a incomprensiones, a sobrevivir en una sociedad que no se interesa por el arte y que valora poco lo que hacemos. Vivo tratando de conservar el ideal, aunque haya sufrido alteraciones; es lo que me mantiene para seguir haciendo lo que creo importante.

¿Hay algo que quieras agregar para entender cómo se fraguó tu trayectoria hasta llegar a un equilibrio existencial?

El arpa me ha permitido tener un trabajo como miembro de una orquesta y como catedrático en una Universidad. Con esa estabilidad puedo desarrollar otros proyectos personales. Siempre he querido compartir el bellísimo y extenso repertorio de mi instrumento y también me interesa rescatar el repertorio mexicano para arpa que es desconocido y valiosísimo. El arpa es un instrumento poco comprendido por los compositores y entiendo por qué: sus 7 pedales, su lenguaje propio, sus posibilidades técnicas ‒o imposibilidades‒, la hacen poco accesible. Creo que nos toca a los arpistas acercar nuestro instrumento y nuestro mundo a los compositores y al público.

Vayamos ahora a la aparición del arpa en México, ¿Qué sabes al respecto?

Es muy interesante la historia del arpa en nuestro país; obviamente llegó con los españoles pero muy pronto tomó identidad mexicana. El arpa jarocha y su uso en la música folclórica y su extensión a diferentes comunidades dan testimonio de eso. El arpa de concierto se materializa en México más adelante, cuando irrumpe la influencia de la música europea del siglo XIX. En el Porfiriato inicia formalmente el desarrollo de la música mexicana para arpa de concierto. El nacionalismo, la fundación del Conservatorio y de la Orquesta Sinfónica Nacional, permiten la llegada a México de arpistas importantes que formarían escuela y motivarían a los compositores a escribir las primeras obras mexicanas para arpa. Hay todavía mucho repertorio que no ha podido rescatarse y que está por ahí archivado, sobre todo, de esa época.

Cuéntanos cómo es que funciona su mecanismo y cómo se desarrolló…

Es un instrumento diatónico, es decir, las cuerdas están ordenadas en una escala que incluye sólo 7 notas, no las 12 de la escala cromática. Siempre lo explico diciendo que sólo tenemos las teclas blancas del piano. En un principio, el arpa diatónica cubría las necesidades de la música, funcionando como instrumento acompañante. Conforme la música se volvió más compleja, el arpa tuvo que evolucionar para satisfacer esos requerimientos. Primero se introdujo el uso de unos ganchos que permitían elevar un semitono y de esa forma hacer los sostenidos. Pero para accionar esos ganchos se necesitaba usar una de las manos y eso entorpecía la ejecución. De ahí surgió la idea de usar mejor los pies. El arpa de pedales nace así, pero todavía tenía deficiencias: sólo podía elevar las cuerdas y no aflojarlas, es decir, se podía elevar a sostenido pero no bajar a bemol. El siguiente paso fue la invención de un sistema de pedales doble. Este sistema de doble acción es el que prevalece hoy en la construcción de arpas. Le permite al arpa tocar en todas las tonalidades. Si se compara con un piano, el arpa puede parecer más torpe en cuanto a la capacidad de modular rápidamente de tono, pero a su vez es idónea para realizar otros efectos que al piano le cuestan, como glissandos, armónicos, sonidos enharmónicos, etcétera.

Alguna vez me relataste el duelo entre fabricantes para ver cuál de sus modelos se imponía en el mercado. Haznos el recuento pues es una historia digna de compartirse….

Sebastián Erard, fabricante de pianos, presentó en 1810 su modelo de arpa de pedales de doble acción y fue un éxito. Sin embargo, hubo compositores que no estaban a gusto con esta nueva arpa por sus limitaciones ‒siempre con respecto al piano‒, además de que el movimiento de pedales hacía ruido. Entonces, en 1900, la casa Pleyel presentó su propio modelo, que llamó arpa cromática. No tenía pedales, pero en cambio utilizaba dos hileras de cuerdas paralelas que incluían los semitonos, pero que requería mayor destreza para tocarla. Para ganar adeptos para su invención, la casa Pleyel les encargó a varios compositores crear obras específicas para su arpa cromática. Así fue como surgieron las Danzas Sacra y Profana de Debussy.[2] Para no rezagarse, la casa Erard le encargó a Ravel que escribiera una obra que mostrara la superioridad de sus arpas. Nació así la Introducción y Allegro. Al final, ganó Erard porque los pedales tienen más recursos. En el Conservatorio de Paris se cerró la cátedra de arpa cromática. Las Danzas de Debussy se siguen interpretando pero ahora con pedales.

En un pasaje de Noticias del Imperio, Fernando del Paso describe una escena en donde Carlota toca el arpa para deleitar a Maximiliano. ¿Podría ser cierto que la emperatriz era arpista o es, nada más, una sugestiva imagen literaria?

Con toda seguridad tocaba. El arpa era un instrumento muy valorado en las cortes europeas y las emperatrices tenían que saber de música. En cuanto al arpa, se sabe que la tocaron María Antonieta y Josefina. Estoy investigando en ello y he encontrado datos fascinantes, por ejemplo: que Carlota era muy tímida y que no le gustaba tocar en público, aunque efectivamente lo hizo durante su estancia en el Castillo de Chapultepec. Lo interesante sería encontrar sus partituras y saber si le encargó a algún compositor mexicano que le escribiera algo. Es muy probable, ya que ella favorecía a los artistas.

Existe un prejuicio en el que los arpistas han de ser mujeres y que, los que no, por fuerza tienen el género desviado. ¿Qué opinas?

Bueno, es como tú dices una cuestión de prejuicio. Aunque la tradición relacione al arpa con la mujer grácil y delicada, lo cierto es que la tensión de las cuerdas, sobre todo en el registro grave, exige una fuerza enorme, tanta, que muy a menudo sangran los dedos. Podríamos decir, apelando al prejuicio, que las arpistas tienen que tener una fuerza netamente viril. Y como respiramos a diario los efluvios ubicuos del prejuicio, mejor intentar exorcizarlos diciendo que el arpa se sitúa en un limbo mítico donde el tiempo y el género no existen. Quienes la tocamos dejamos de tener un solo sexo, dejándonos envolver por las corrientes de la eternidad…

[1] Se recomienda la audición de dos de las obras contenidas. Audio 1: José Enrique Guzmán – Mariposas monarca. Audio 2: José Enríque Guzmán – Ángelus. (J. E. Guzmán, arpa. CD Dibujos sobre papel amate. Gobierno de Nuevo León, 2018)

[2] Se recomienda su escucha. Audio 3: Claude Debussy – Danse profane. (Skayla Kanga, arpa. Academy of Saint Martin in the Fields ensemble. CHANDOS, 1988)

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