Washington prende las alarmas: con la App de Strava se pueden mapear sus bases militares

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ha llegado la pausa que el soldado utiliza para ejercitarse. Toma un breve descanso, se pone los tenis, camina hacia la puerta del cuartel y saluda a sus compañeros, quienes le permiten la salida sin problema porque es lo que hacen todos los días muchos de ellos, todos. Como el militar prefiere no alejarse, ajusta su recorrido al perímetro exterior del recinto, lo cual además le permite comparar con exactitud sus datos –como velocidad, distancia y ritmo cardiaco– con los de las jornadas previas o los de otras personas. Después de varias vueltas, retorna, saluda, reingresa y se va a duchar.

Sin saberlo, el soldado acaba de poner en riesgo la seguridad de Estados Unidos al aportar un conjunto de datos que revelan en línea, en tiempo real, la ubicación de una base secreta cerca de Bagram, en Afganistán.

Desde expertos hasta aficionados, e incluso –se da como muy probable– secciones de inteligencia de varios países y organizaciones, están ahora utilizando las rutinas deportivas para detectar la presencia de unidades encubiertas en territorios hostiles, o de agentes solitarios que se han infiltrado entre comunidades enemigas: como quienes están dejando estas huellas con sus saludables prácticas son mayoritariamente occidentales, la presencia de una de estas señales en un sitio donde sólo debería haber población local en Medio Oriente, Asia Central o África, sugiere que entre ella también hay alguien ajeno a ese ambiente.

La alarma ha llegado hasta gobiernos de países que mantienen tropas en tierras lejanas, como Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia. En Washington, el Pentágono emitió un comunicado el pasado 29 de enero en el que anuncia que “el Departamento de Defensa se toma muy seriamente asuntos como éste y está revisando la situación para determinar” qué medidas adicionales debe tomar para “garantizar la seguridad de su personal en casa y en el extranjero”.

Mapeando bases militares

FitBit es una de las pulseras de deporte más populares. Veintidós millones de usuarios la portan en sus muñecas día y noche, especialmente cuando van a hacer ejercicio. El dispositivo envía los datos de la actividad física al teléfono móvil donde está instalada la App Strava, de la empresa Strava Labs. Así, uno puede verificar instantáneamente sus signos vitales y su progreso, e incluso compartir esta información con amigos y otras personas para comparar desempeños.

Pero esa información no se queda ahí. De manera automática es transmitida a los servidores de Strava Labs, donde es procesada y después difundida públicamente. En noviembre, la empresa anunció la actualización de su “Global Heatmap” o mapa global de calor (labs.strava.com/heatmap), en el que mil millones de actividades y 13 billones de puntos de datos permiten registrar con precisión millones de rutas de caminata, atletismo y ciclismo.

Sobre un fondo negro, los recorridos son presentados con tonalidades que van del rojo (poco caliente: no hay muchas personas que estén empleando la pulsera FitBit ahí, pero queda marcado) al naranja y el blanco (muy caliente: mucha gente la lleva en la muñeca).

El blanco predomina en las costa este y oeste y la cuenca del Mississippi, en Estados Unidos; lo mismo que en Europa Occidental, Japón y Tailandia, las costas australianas y del sur de Sudáfrica, la región Sao Paulo-Río de Brasil y un poco del altiplano central de México.

Lo demás son hilos rojos que se extienden sobre la oscuridad como un sistema nervioso: ahí es más fácil hacer un seguimiento muy detallado de rutas poco frecuentes o individuales.

La alerta la dio un tuitero australiano, estudiante de seguridad internacional, Nathan Rusher (@Nrg8000), el 27 de enero. Comentó en un post que el heatmap “se ve muy bonito, pero no es genial para las operaciones de seguridad. Las bases de Estados Unidos son claramente identificables y mapeables”.

Al día siguiente, un analista de datos, Ketan Joshi (@KetanJ0), tuiteó unas capturas de pantalla para mostrar “todas las actividades + las rutas ciclistas alrededor y dentro de la base militar de Pine Gap”, una instalación secreta de espionaje electrónico en el desierto australiano.

Ahí empezó la diversión: cientos de internautas exploraron minuciosamente el Global Heatmap (como se supone que también han estado haciendo, sin publicarlo en Facebook, analistas de inteligencia) para dar a conocer las actividades dentro de la prisión irlandesa de Porlaoise; que usuarios con FitBit han estado “tonteando” en el punto donde se hundió un barco cargado con mil 500 toneladas de explosivos en la Segunda Guerra Mundial, en la boca del río Támesis; o incluso que soldados de Norcorea y de Surcorea tienen rutas de ejercicio paralelas a cada lado de la Zona Desmilitarizada de la frontera común, de manera que probablemente se ven e incluso se podrían saludar, en lugar de dispararse.

Más complicado se pone cuando los curiosos buscan y encuentran presencias ocultas en sitios difíciles. Algunas de las instalaciones militares han sido registradas desde hace tiempo por los satélites y aparecen en Google Maps, pero es sumamente difícil encontrarlas en la inmensidad: al cruzar referencias con el Heatmap, los recorridos de sus soldados han revelado su posición.

@JakeGodin descubrió una base italiana secreta en el desierto de Yibutí, e incluso –utilizando la herramienta de Google Maps para ver imágenes de años anteriores– pudo “ver cuando sacaron las alfombras azules para ocasiones especiales”.

@TobiasSchneider se dio gusto exhibiendo la base francesa de Madama en Níger y posiciones de avanzada del ejército estadunidense en las localidades sirias de Humaymim y Tanf (“alguien olvidó apagar su FitBit”, comentó Schneider) y también cerca de la ciudad iraquí de Mosul (“tantas cosas divertidas por hacer”).

El usuario @LostWeapons marcó un punto en Adén, en medio de la guerra de Yemen, y anotó: “Puedes pasar literalmente menos de un minuto en el nuevo servicio de datos de Strava y encontrar sitios delicados. Aquí tienen una bonita posición patriota”.

Y @AlecMuffet tomó vuelo revelando “sitios negros de la CIA” en Yibutí, Somalia, Kenia, las Islas Malvinas e incluso la Antártida.

Individuos en riesgo

Aunque muchos se la están pasando muy bien, otros señalan que esto también representa un peligro a nivel individual. Por ejemplo, señala Nathan Rusher, porque permite identificar los recorridos cotidianos de los soldados y, por lo tanto, sorprenderlos o montarles una emboscada.

Pero esto se puede hacer en cualquier lugar, también fuera de zonas de conflicto. El tuitero @Paulmd199 logró cruzar las referencias del Heatmap con datos de los usuarios, como fotografías (Strava se presenta como una red social de deportistas) y algunos confidenciales como ritmos cardiacos: “Puedes rastrillar segmentos y obtener la lista de gente que recorrió tal ruta”.

Incluso, descubrió @BrianHaugli, es posible seguir el camino de un corredor hasta su casa. Strava permite que los usuarios desactiven la función de colocar su información en el Heatmap, y hasta establecer “zonas de privacidad”, pero tienen que descubrir cómo hacerlo: de entrada, todo se comparte y sube a la red.

En pocos días, el debate se ha ido trasladando de la preocupación por la seguridad de los países a la de las personas. En Forbes, Seth Porges publicó un artículo titulado “Strava sólo es el principio: incluso datos con apariencia inocente pueden ser convertidos en armas”. Pero no por el individuo que los genera, sino por quien los acopia y procesa.

Para descalificar este temor, algunos han señalado un caso criminal como ejemplo de que este nuevo flujo de información privada puede ser utilizado para el bien de la sociedad: en abril de 2017 se conoció que Richard Dabate fue hallado culpable de asesinar a su esposa en el estado de Connecticut, Estados Unidos, en 2015, gracias a que la FitBit permitió comprobar que los movimientos de la mujer desmentían completamente la versión que Dabate había dado.

Se hizo justicia. Pero así como funciona en un sentido, puede hacerlo en el contrario.

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