Candidatura de Anaya, “derrota cultural” del panismo: Carlos Castillo López

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El triunfo de Ricardo Anaya como candidato único en la elección interna del Partido Acción Nacional (PAN), el domingo 11, es “absolutamente cuestionable desde la ética” y representa una “derrota cultural” del panismo, afirma el escritor Carlos Castillo López, hijo de Carlos Castillo Peraza.

“El PAN tiene candidato oficial, oficialista, y ni su probable triunfo alcanzará para compensar la derrota cultural que propinó al panismo”, sentencia Castillo López en su artículo “La simulación democrática del PAN”, publicado en el medio digital themexicantimes.mx.

Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, del PAN, así como director de la revista “Bien Común”, Castillo López admite que la estrategia de Anaya para ser el único aspirante a la candidatura presidencial es legitimada por los estatutos, pero es antiética.

“Triunfo sin duda de una estrategia que se legitima por la norma, pero absolutamente cuestionable desde la ética: juez y parte, poseedor único del padrón de militantes, apoyado por la estructura partidista, sus recursos, su tiempo aire, sus dirigentes, la desigualdad de la competencia recuerda a ese PRI que celebraba la democracia en el papel pero desde la práctica atentaban contra todos sus principios y sus valores”.

Castillo López afirma que lo que ocurrió el domingo en el PAN es, en suma, el fracaso de un modo partidista de hacer política que transitó de la pluralidad a la uniformidad, que sacrificó el diálogo y el acuerdo para dar paso a una imposición, que se ahorró el debate y el contraste de ideas para encerrarse en una sola, única e incuestionable razón.

Lo “rasuraron”

Aunque Castillo López reconoce que el triunfo de Anaya podrá resultar, al final, un camino eficaz si logra el único objetivo que se vislumbra de esta perversión de los valores panistas, ganar la Presidencia de la República, los principios del PAN se fueron al bote de la basura.

“Y aún con ese logro, aquella máxima de que el fin no puede justificar los medios, de que torcer estos ensucia incluso el más noble de los objetivos, tan repetida en los cursos de formación de Acción Nacional, queda en el cesto de la basura donde están hoy, también, otros principios enunciados, repetidos y practicados por tantos durante 78 años”.

No faltaron quienes ese domingo, añade, buscaron justificaciones históricas y escenarios funestos para relativizar el que un solo candidato apareciera en la boleta: que si Vicente Fox llegó en las mismas condiciones, que si el calderonismo también controló, que si un bien mayor –frenar el populismo– exige el sacrificio, entre otras.

“Ninguna válida porque, en principio, son interpretaciones parciales de la historia, que presentan ésta en fragmentos a conveniencia, muy en sintonía con la posverdad que construye argumentos a modo, omite contextos y simplifica lo que es complejo en frases atractivas”, subraya.

Y rebate: “Pero si ya fue posible echar por la borda valores y principios democráticos, si ya se pudo prescindir de aquellas prácticas que dieron al PAN nombre y prestigio, no es de extrañar que se trate de manipular también su historia con fines individuales o grupales”.

En su artículo, Castillo López argumenta contra las justificaciones de los adictos a Anaya sobre su proceder, aun en el riesgo que representa Andrés Manuel López Obrador.

“Y la última, señalar que en nombre de detener a López Obrador es necesario el ‘sacrificio’ implica entonces dar cabida a un razonamiento perverso: en tanto se encuentre un motivo ‘superior’ se tendrán razones para deshacerse de lo que estorba: primero una práctica, luego una historia, y en el futuro, por qué no, una persona. A cambio, un salvador que ofrece ser el que detenga a otro salvador”.

Añade el filósofo sobre la elección interna: “El PAN ganó un candidato el pasado domingo, pero perdió mucho porque ya no es una opción distinta ni distinguible, justificó el ser incluido en la misma bolsa donde la gente pone a los partidos cuando dice “todos los políticos son iguales”, y perdió la posibilidad de la congruencia: ¿cómo creerle a quien pregona democracia y justicia cuando él mismo atropelló esa democracia interna y esa equidad en la contienda?”.

Acerca del autor

Reportero de Proceso desde 1994, Premio Nacional de Periodismo en periodismo de investigación y autor de tres libros.

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