Hacia el abismo nuclear

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El malestar ante la situación que predomina en el contexto mundial es un sentimiento generalizado de los últimos tiempos. Preocupa el debilitamiento de los organismos internacionales de carácter político, como la ONU, la incertidumbre sobre las líneas que seguirá la política internacional tan errática del presidente Trump, la permanencia de conflictos de alta peligrosidad como la situación en el Medio Oriente o en Afganistán. A todo lo anterior se suma el temor a un enfrentamiento que conlleve la utilización de armas nucleares. El origen de esto último es el empeño del régimen de Corea del Norte en seguir adelante con su programa nuclear hasta tener la capacidad de colocar una bomba de esa índole en territorio estadunidense (los expertos consideran que está cerca). La reacción verbal del presidente Trump ha sido de extrema agresividad, pues se ha referido a represalias de fuego y furia como nunca se han visto.

En fechas recientes, los temores por la amenaza nuclear se han incrementado. Los problemas han salido de la órbita de Corea del Norte para pasar a un ámbito más general en el que está presente una visión alarmante de las relaciones entre las grandes potencias, principalmente Rusia y Estados Unidos. Semejante visión está contenida en la Revisión de la postura nuclear de los Estados Unidos, un informe dado a conocer por el Departamento de Defensa de ese país el reciente 2 de febrero.

El documento representa un cambio importante en la tendencia a reducir el número de ojivas nucleares de Estados Unidos y Rusia pactado durante la administración de Obama. El diagnóstico sobre las amenazas a la seguridad nacional estadunidense en la actualidad, el lugar que se otorga a la disuasión nuclear para enfrentarlas y los proyectos para modernizar y fortalecer la capacidad bélica nuclear de ese país permiten afirmar que nos encontramos ante una época de armamentismo nuclear preocupante, comparable a épocas que creíamos olvidadas.

Hay dos aspectos significativos en la nueva doctrina de Trump. El primero es la ampliación del uso de la disuasión nuclear. En su forma tradicional, se refería a disuadir el ataque nuclear del adversario (entonces la URSS) dada la posibilidad de recibir una represalia devastadora. Ambas partes se embarcaron entonces en la carrera de armamentos nucleares que dio el tono a la política internacional durante la Guerra Fría.

En la actualidad, el fortalecimiento del arsenal nuclear estadunidense no persigue solamente disuadir un ataque de la misma índole. Se fortalece para disuadir cualquier amenaza. “Dadas las amenazas diversas y la profunda incertidumbre del ambiente presente y futuro, las fuerzas nucleares de los Estados Unidos desempeñan papeles diversos y contribuyen a disuadir ataques nucleares y no nucleares”.

El punto de vista anterior se mantiene a lo largo del documento y deja a la entera discrecionalidad de la Casa Blanca decidir cuáles son las amenazas que ameritan usar armas nucleares. Baste señalar que entre tales amenazas se podrían encontrar ataques cibernéticos, cuyo propósito y amplitud puede ser muy variado: desde interferir en todo el sistema de seguridad del Pentágono hasta dislocar por unos momentos el funcionamiento de teléfonos inteligentes.

El segundo punto significativo es el grado en que, según los redactores del informe, las amenazas más graves a la seguridad nacional de Estados Unido provienen de Rusia y su política nuclear. Esto fue bien captado en el artículo publicado por The New York Times el pasado 4 de febrero: “Para enfrentar a Rusia, Estados Unidos señala que las armas nucleares están de regreso a gran escala”.

El citado informe contiene una fuerte llamada de atención sobre los avances que Putin ha llevado a cabo en materia de armamento nuclear nuevo. Por ejemplo, un torpedo nuclear autónomo que, aunque no viola los términos del tratado conocido como New Start, está diseñado para cruzar el Pacífico sin ser detectado y descargar nubes mortales de radioactividad que dejarían inhabitables amplias secciones de la Costa Oeste de los Estados Unidos.

Ante ese peligro, se urge a desconocer supuestos según los cuales la capacidad de producir armas nucleares ya no era necesaria. “Ahora es claro que Estados Unidos debe llevar a cabo suficiente investigación, diseñar y desarrollar capacidad para apoyar el mantenimiento y renovación de sus fuerzas nucleares”.

Partiendo de ese diagnóstico, se propone un programa costoso calculado en 1.2 trillones de dólares a lo largo de 30 años. La mayor parte de esa suma iría a una nueva generación de bombarderos y submarinos nucleares, así como a la reconstrucción de misiles nucleares sobre el terreno. El proyecto también busca acelerar una nueva generación de misiles, portadores de armas nucleares pequeñas que pueden lanzar una bomba sin ser detectados por radares y defensa aérea del enemigo. La línea divisoria entre armamento nuclear y convencional queda un poco difusa en estos casos. La opción de utilizarlas puede ser más flexible y por lo tanto hay mayor posibilidad de que ocurra.

En resumen, las armas nucleares están de regreso a gran escala en los planes de defensa de Estados Unidos y con ello toda la irracionalidad que acompaña gastos millonarios que no reditúan a favor de un mundo más estable y seguro. Por lo contrario, la carrera armamentista nuclear entre Estados Unidos, Rusia y China se acelerará; el riesgo de usar la bomba nuclear, por una decisión desafortunada o por accidente, es mucho mayor; y los efectos humanitario y de destrucción del medio ambiente pueden ser irreversibles.

El campo de maniobra para detener el peligro nuclear por parte de países medianos es reducido. El Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares aprobado en la Asamblea General de la ONU el año pasado, cuyos promotores recibieron el premio Nobel de la Paz, es al mismo tiempo una prueba del empeño mundial por mantener vivo el llamado para el desarme nuclear y signo de la indiferencia de las potencias nucleares hacia dicho llamado.

Para Putin y Trump, el peligro de avanzar hacia el abismo reviviendo una carrera armamentista nuclear parece irrelevante.

Este análisis se publicó el 18 de febrero de 2018 en la edición 2155 de la revista Proceso.

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