Las transmutaciones de Gabriel de la Mora

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A diferencia de tantos pseudoartistas conceptuales que sustentan su propuesta en la doble moral de una crítica política o social –como Minerva Cuevas de México o el ahora famoso por la censura que tuvo su obra en reciente edición 2018 de la feria madrileña Arco, Santiago Sierra–, el mexicano Gabriel de la Mora (1968) ha destacado por el sobrio equilibrio que ha logrado entre conceptualismo, formalismo y la resignificación de la materia.

Sobresaliente por su capacidad de transformar despojos orgánicos y residuos inorgánicos en sugerentes objetos o imágenes bidimensionales, que al condensar tiempo, espacio y materia demuestran que la vida es una unidad en transformación que puede sintetizarse en la creación artística, De la Mora presenta en la Galería Proyectos Monclova de la Ciudad de México un conjunto de obras que transmutan testimonios de vida humana y animal en creaciones artísticas.

Diseñada curatorialmente con base en el complejo concepto de entropía, la exposición Entropías, Gabriel de la Mora define al artista como un agente de transformación, al evidenciar que la energía concentrada en la materia “no se crea ni se destruye, sólo se transforma”.

Integrada por cinco series creadas entre 2010 y 2017, en la muestra sobresalen los sugerentes monocromos en blanco o negro, realizados con miles de fragmentos de cascarones de huevos de gallina y el ave no voladora de origen australiano emú, respectivamente. Iniciada en 2013, la serie CaCO3 –fórmula del carbonato de calcio, principal componente de las cáscaras de huevo– involucra religiosidad, memoria artística y creación contemporánea.

Configurados con miles de trozos de cascarones –el título de cada obra corresponde al número exacto de fragmentos que la componen–, los monocromos develan un espíritu escatológico y religioso que refiere al inicio, destrucción y transformación de la vida. Considerado por las culturas tradicionales e inclusive durante el Renacimiento italiano, como un símbolo del origen de la vida, el huevo, en la creación de De la Mora, se convierte en una metáfora de la destrucción disfrazada de belleza que caracteriza a la sociedad contemporánea.

Oscilante siempre entre la degradación de algo existente y su transmutación en una nueva entidad –entropía–, la obra de Gabriel de la Mora convierte plafones deteriorados provenientes de casas porfirianas en composiciones abstractas de visualidad pictórica, y huellas de tubos neón sobre tela en dinámicos rasgos dibujísticos.

Profundo, elegante y poético al confrontar la permanencia de la materia a pesar de su destrucción, Gabriel de la Mora explora también la singularidad de la repetición. Inspirado en las ideas del filósofo francés Gilles Deleuze (1925-1995), el artista presenta una instalación a pared con letras pulidas en obsidiana que aparentan ser neones, cuando en realidad su textura visual proviene de culturas ancestrales.

Oscilante siempre entre la destrucción y la creación, la muestra, de pulcra belleza visual y conceptual, evidencia que el arte y sus materiales reviven en el contexto artístico de la transformación.

Este texto se publicó el 4 de marzo de 2018 en la edición 2157 de la revista Proceso.

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